El legado emancipatorio latinoamericano

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Simón Bolívar, oleo de Ricardo Acevedo Bernal

La herencia y el legado político de Simón Bolívar son todavía campos en disputa. Mientras el pensamiento conservador lo reclama, las organizaciones revolucionarias reivindican el ideario emancipatorio y revolucionario, de liberación y unitario de los pueblos americanos. ¿Cuál fue la valoración de Marx sobre la figura de Bolívar?

Sergio Estevan García Cardona
@SergioEstevan1

En 1858, Karl Marx escribió, por encargo de Charles Dana y George Ripley, editores del New York Daily Tribune, un perfil biográfico de Simón Bolívar, el cual sería integrado a una enciclopedia de grandes personalidades que, a la postre, se llamaría New American Cyclopedia. El artículo de Marx se tituló Bolívar y Ponte, pero al final fue desechado por Dana, y engavetado por Marx hasta su muerte. El motivo del rechazo del periodista del Daily, con quien Marx venía colaborando desde 1848, era el balance del pensador alemán sobre la más grande figura latinoamericana del siglo XIX: un Bolívar equivocado, ególatra, fracasado y cobarde.

¿De dónde provenían esas impresiones de Marx sobre Bolívar, a todas luces desacertadas y desproporcionadas? Primero, de las fuentes que utilizó: relatos de oficiales europeos -de la Legión Británica y del Imperio Francés- que lucharon en la gesta independentista, quienes además de terminar en fuertes controversias con el Libertador, esperaban riquezas y ‘nobiliario militar’ para sí mismos como compensación al esfuerzo bélico. Gustavo Hippisley, Ducoudray Holstein y Guillermo Miller, los más notables entre ellos.

De ahí que las opiniones de Marx sobre Bolívar fueran tan lamentables. Su error fue, sin duda, recogerlas de forma acrítica. Y segundo, de su gruesa preocupación por el bonapartismo como expresión singular de la lucha de clases; él veía en Bolívar, más que un Napoleón, un Luis Bonaparte, o sea, una figura mediocre y grandilocuente.

Efectos del prejuicio de Marx

Pero si el texto no fue publicado inicialmente, ¿cómo se masificó? Para 1936, el marxista argentino Aníbal Ponce, discípulo de José Ingenieros y exiliado por la dictadura del general Justo, trabajaba en el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, donde lo descubrió.

El mismo año, sin reparos contextuales o análisis políticos rigurosos, Ponce lo publicó en el número 1 de la revista Dialéctica. Así, en la tradición inicial del marxismo latinoamericano, la figura de Bolívar era, según el criterio ‘puro’ de Marx, la de un hombre despreciable e insignificante, antidemocrático y déspota. Sin duda, esa malquerencia de Ponce se explica, primero, por el prejuicio argentino infundado de la disputa Bolívar – San Martín; y segundo, pero más importante, por los remanentes positivistas y cientificistas del marxismo de la II Internacional, tan apropiado por los revolucionarios argentinos -y latinoamericanos- de principios del siglo XX. En Colombia, fue el periódico El Tiempo el encargado de publicarlo, también en 1936.

Así es como, con base en la ‘pureza’ de la opinión de Marx, los soviéticos Rostovski, Miroshevski y Rubitzov, escribieron el libro Historia de los países coloniales y dependientes en 1941, en el que, lejos de una caracterización justa de la sociedad latinoamericana, o sea, de las condiciones particulares del capitalismo dependiente, atrasado y subordinado al imperialismo, se denostaron las luchas de liberación nacional, se impostó la vanguardia de una clase obrera proporcionalmente inexistente, etc. El artículo sobre la Nueva Granada fue escrito por Miroshevski, quien se basó directamente en el Bolívar y Ponte de Marx; eran los tiempos de la Escuela de Pokrovsky, una historiografía que después sería criticada por mecánica y rutinaria, y que finalizaría proscrita por el Comité Central del PCUS.

El Bolívar de la derecha

El efecto político inmediato de la reproducción y aprehensión acrítica del artículo de Marx fue la reapropiación de Bolívar por cuenta del proyecto conservador, y el rechazo de la figura del Libertador por el acervo revolucionario del marxismo, lo que le permitió a la derecha fundamentar la idea de un Bolívar fascista. ¿Fascista? Sí: tanto el texto de Marx como el de Miroshevski fueron publicados finalizando la década del treinta, en el apogeo del fascismo; en ese contexto, la derecha internacional recogió a Bolívar como símbolo del anticomunismo.

En Colombia, fue el Partido Conservador -en épocas de Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Gilberto Alzate Avendaño, públicamente adoradores del franquismo- quien convirtió al Libertador en una figura ‘de derecha’ y ‘moral católica’, mientras que, en la Italia de Mussolini, fue el nieto de Giuseppe Garibaldi, intelectual fascista, el que, no solamente recalcó las ‘similitudes’ entre Bolívar y Napoleón I, sino que lo dispuso como el ‘fascista del siglo XIX’.

Fue en los años cuarenta en que el ‘marxismo oficial’ dio señales, en América Latina, de transitar ya de manera definitiva a un marxismo creador, vivo, ‘sin calco ni copia’, desde la óptica de los pueblos sojuzgados y coloniales, proceso que venía gestándose desde la década del veinte (Mariátegui, Ponce, Mella, etc.). En ese contexto, el colombiano Gilberto Vieira, desde una perspectiva original, combatió frontalmente la interpretación soviética de Bolívar y cuestionó a Marx sus equivocaciones y prejuicios. Así, en 1942, en el marco del ‘browderismo’ y la ‘vulgata estalinista’, escribió Sobre la estela del Libertador, sin duda el primer y más importante análisis marxista sobre Simón Bolívar y su lugar histórico.

La corrección marxista

En éste, dirá Vieira que, para Marx, la preocupación política principal de la década de 1850 fue ese bonapartismo singular de la Francia de Luis Bonaparte, que importaba no solamente por cuanto significaba en tanto que aparente resolución de la lucha de clases por medio de una figura erguida encima de la misma, sino por su mediocridad como figura histórica. De ahí que trasladara esa impresión ‘bonapartista’ -y el desprecio que le generaba- de Luis Bonaparte a Simón Bolívar.

Y, por otro lado, que Marx, en medio de ese prejuicio visceral, dispuso de un método historiográfico que, al unir los atributos de la personalidad de un ‘gran hombre’ para mostrar su ‘carácter individual’, no ajustaba su lugar político e histórico en el marco de la estructura de clases en la colonia y la situación política que suponía la independencia, es decir, en el momento de ese ‘encuentro particular’ de los intereses de todas las clases sociales. Fue, en síntesis, un análisis no marxista del propio Marx.

Entonces, ¿qué Bolívar reivindicó Vieira? El de la ascensión gloriosa y no el de la decadencia melancólica: el Bolívar de la Carta de Jamaica -1815-: anticolonialista, antirracista, demócrata, crítico de la modernidad capitalista y del expansionismo del imperio norteamericano, pero principalmente, precursor del antiimperialismo y la unidad latinoamericana. Un Bolívar revolucionario que encuentra en la segunda y la definitiva independencia la única posibilidad de emancipación en América Latina, y de liberación social de los pueblos.

El gran mérito de Vieira, al criticar a Marx y a los rusos desde una perspectiva marxista, fue arrebatar la figura de Bolívar de su interpretación reaccionaria, retardataria y conservadora. Desde entonces, el Bolívar que reclamamos es el Libertador del ideario emancipatorio y revolucionario, el de la liberación y unidad de los pueblos americanos.