El hambre en los hogares colombianos

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Colombia es el país más desigual de América Latina, señalan acreditados centros de investigación social

Bogotá aumentó su pobreza en un 40 por ciento. También creció de manera significativa en Medellín, Cali y las ciudades de la costa atlántica, es decir, en los escenarios donde es más contundente la protesta social

Alberto Acevedo

Que se haya podido establecer que en el primer año de la pandemia del coronavirus el país cerró con 21 millones de compatriotas en condición de pobreza y siete millones y medio en condiciones de pobreza extrema, como lo certificó el DANE en su último informe, revelado el 29 de abril, -en plena efervescencia del paro nacional y a las puertas de un formidable Primero de Mayo-, no es más que la muestra del fracaso de la política social del actual gobierno uribista de Iván Duque.

El organismo encargado de las estadísticas oficiales culpa directamente del problema a la pandemia. De inmediato el gobierno central y los grandes medios de comunicación reproducen el argumento, sin el mayor esfuerzo por hacer una lectura crítica del fenómeno. ¡Claro está que el coronavirus ha sido el combustible acelerador de la hambruna! Pero no es la razón última. El país ha venido acumulando una crisis económica y social de enormes proporciones que castiga de manera cruel a los sectores populares.

Miremos las dimensiones del informe del DANE. En tiempos de confinamiento, 3.6 millones de personas más en Colombia se redujeron a situación de pobreza. Uno de cada tres nuevos pobres en Colombia los aporta Bogotá. Además, 2.7 millones de personas se encuentran en condiciones de pobreza extrema.

En los escenarios del paro

Sumadas las nuevas cifras a acumulados anteriores, tenemos que el país en un año pasó del 37.5 al 42.5 por ciento de población en condiciones de pobreza, lo que representa que 21 millones de colombianos padecen hambre y penurias, un alarmante salto de 6.8 puntos porcentuales, producto de una triple crisis, sanitaria, económica y social.

En cifras reales, Bogotá vio aumentar su pobreza en un 40 por ciento. Junto a la capital, la pobreza creció de manera significativa en Medellín, Cali y las ciudades de la costa atlántica, es decir, en los escenarios en que más dura y contundente ha sido la protesta social a lo largo del paro nacional y de las celebraciones del Primero de Mayo que, al momento de elaborar esta nota, continúan en desarrollo. Un aspecto de la protesta que, por cierto, debería ser analizado por el movimiento popular, en la perspectiva de la construcción del gran Pacto Histórico.

El informe del DANE precisa que las ciudades que más contribuyeron a elevar el índice de pobreza, fueron Bogotá, con el 31.3 por ciento; Cali y su área metropolitana con el 10.6 por ciento; Medellín con el 9.4 por ciento y Barranquilla, con el 8.6 por ciento. Como se trata de una medición en el peor momento de la pandemia, estas ciudades son precisamente las que soportan una mayor crisis sanitaria, sin camas UCI, sin oxígeno suficiente, sin sedantes y con grave escasez de vacunas.

Un país desigual

El cuadro de la gran tragedia de la pobreza que revela el informe de abril debe ser completado con otras cifras. Colombia es en estos momentos el país más desigual de la región, de acuerdo a un informe del Índice de Desarrollo Regional para América Latina, divulgado el 30 de octubre pasado, y que integran ocho universidades y centros de investigación, de los que hace parte el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo-Cider, de la Universidad de los Andes.

El estudio auscultó 182 territorios (departamentos), y concluyó que ningún otro país del continente tiene brechas tan grandes entre sus regiones como Colombia. Para llegar a esta conclusión se estudiaron 25 variables en dimensiones como educación, salud, bienestar y cohesión, actividad económica, instituciones, seguridad, medio ambiente y género.

Dice el informe: “Los peores resultados de Colombia se dieron en las dimensiones de bienestar socioeconómico y seguridad. En estas dos dimensiones, la mayoría de los departamentos se ubicaron en los niveles medio-bajo y bajo”. Departamentos como Vaupés y Guaviare se encuentran en situaciones similares a las de Paraguay y El Salvador, los más pobres de la muestra.

Cifras de la brecha social

El coeficiente Gini (un medidor universal de inequidad), es de 0.45, inferior al de Singapur. Y precisa el estudio: “la gran concentración del ingreso en los estratos altos de la población constituye el peor problema en Colombia. La desigualdad de ingresos y la consecuente concentración de la riqueza en unos pocos afecta negativamente la estabilidad macroeconómica y el crecimiento”.

Miremos más en detalle los polos extremos que marcan en forma dramática la inequidad social en Colombia. Cifras recogidas en la encuesta Pulso Social del DANE, reveladas el pasado mes de febrero, indican que dos millones 400 mil hogares ya no comen las tres comidas al día. Al comienzo de la pandemia, 1.6 millones de hogares que comían tres raciones al día, ya no lo hacen. Una gran franja de ellos come dos comidas, a veces una diaria, y unas 179.174 familias con frecuencia se acuestan en la noche sin haber ingerido ningún alimento.

Según la encuesta, los hogares que en 2020, al comienzo de la pandemia, comían tres comidas al día, eran 7.11 millones; en febrero de 2021 eran solo 5.4 millones. Cartagena, Barranquilla Sincelejo son las ciudades donde más se manifiesta esta situación.

Razones para la movilización

Estas cifras desgarradoras contrastan brutalmente con la concentración de la riqueza, que frente a una familia que se acuesta con hambre, son un insulto a la condición humana. Las utilidades del sector financiero el año pasado, mientras la gente moría esperando el turno de una UCI que nunca llegó, fueron de 24.2 billones de pesos (con corte a septiembre), según reporte de la Superintendencia Financiera de Colombia, divulgado el pasado mes de noviembre.

Detallando las cifras, los bancos reportaron 3.9 billones en utilidades; el sector fiduciario, utilidades récord de 5.6 billones; las entidades de crédito se embolsillaron 5.1 billones; el sector de pensiones y cesantías, 8.1 billones, vale decir, con el dinero de los trabajadores. La lista es más larga.

Un dato final. Como la conjunción entre pobreza y pandemia precipitó las formidables jornadas del paro nacional y del primero de mayo, que se expresaron en el rechazo a la reforma tributaria, el politólogo Andrés Dávila señala, a propósito, que en momentos de confinamiento mundial y de una cruzada global contra la pandemia, Colombia es el único país en el mundo que tramita una reforma tributaria. El pueblo está lleno de razones para continuar la acción y la movilización.