El cuidado

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Carolina Castro
@carolinacaxtro

Históricamente han sido las mujeres las principales proveedoras de bienestar, encargadas de la reproducción y el sostenimiento de las familias concentrándose en ellas la realización de las tareas del cuidado. En esa medida la distribución de estas ha sido desigual por la división social y sexual del trabajo.

El Estado y el sector privado hacen parte del diamante de bienestar, por ende, son actores responsables de su provisión. Sin embargo, no han sido garantes para proveer bienes y servicios del cuidado que mejoren la calidad de la ciudadanía, teniendo en cuenta que esta es la base fundamental para el desarrollo de una sociedad.

En el marco de la pandemia del covid-19 esta situación se recrudeció puesto que más de 2,5 millones de mujeres perdieron su empleo, lo que responde principalmente a dos factores. Lo primero es que las mujeres usualmente desempeñan actividades en los sectores más golpeados como el comercio, turismo y servicios, los cuales redujeron drásticamente su funcionamiento y tuvieron que recortar personal por la crisis. Y segundo esta reducción laboral de las mujeres se da al enfrentarse con la virtualidad de las clases de sus hijos y no tener quien les cuide, por ende, verse en la obligación de renunciar a sus puestos de trabajo.

No ha sido fácil articular la dinámica económica, política y social para avanzar en el reconocimiento, resignificación y reducción de las tareas del cuidado doméstico, que en Colombia no es remunerado, a pesar de la Ley 1413 de 2010 que define en su artículo 2 que la economía del cuidado hace referencia al trabajo no reconocido “que se realiza en el hogar, relacionado con mantenimiento de la vivienda, los cuidados a otras personas del hogar o la comunidad y el mantenimiento de la fuerza de trabajo remunerado”.

La última Encuesta Nacional del Uso del Tiempo, ENUT, (septiembre-diciembre 2020) define que para 2020 el 29,3% de las mujeres participaba en actividades de trabajo remunerado frente al 52,6% de los hombres evidenciando la brecha laboral persistente y acentuada por la pandemia, lo cual tiene consecuencias sobre la falta de autonomía económica, la feminización de la pobreza y el aumento de las violencias basadas en género.

Así mismo, dicha encuesta reveló que las mujeres diariamente dedican en promedio ocho horas a actividades de trabajo no remunerado mientras que los hombres tan solo tres horas, eso sin contar que muchas de estas mujeres desarrollan doble y hasta triple jornada laboral entre tareas del cuidado y trabajo asalariado.

Es por eso que las mujeres con esfuerzo han venido rompiendo esas barreras que la sociedad ha impuesto para limitarlas en el desarrollo de su proyecto de vida. Cada vez más participan en el mercado laboral, tienen mayor incidencia en el escenario público, en la participación política y en los distintos liderazgos de la sociedad.

Bogotá avanza en la implementación del Sistema Distrital de Cuidado como apuesta pública para que el Estado reconozca y asuma responsabilidad en este tema. Para que sea eficiente y efectivo, es necesario que el Distrito realice un estudio de caracterización de cuidadoras y personas que reciben cuidado y en complementariedad con la información secundaria garantice la prestación de servicios (oferta) en coherencia con la demanda (necesidad) y en esa medida cumpla con el objetivo de liberar tiempo de las mujeres en perspectiva de su autonomía económica y social.