El cine de Nuestramérica también existe

0
262
Fotograma de la película mexicana Ya no estoy aquí (2019)

Los premios Oscar de 2021 han sido reconocidos por la prensa como los de mayor diversidad de nominados en sus 93 años. Sin embargo, atendiendo a la historia de la industria cinematográfica en los Estados Unidos y sus políticas de exclusión, la afirmación es falsa

Andrés Enrique Alarcón

Cuando Norma Leandro fue nominada a la categoría de Mejor Actriz coadyuvante por Gaby, una historia verdadera (1987), en los premios Oscar en 1988 se comenzó a construir un camino que después cruzaron Fernanda Montenegro y Catalina Sandino Moreno, nominadas a la categoría de Mejor Actriz en 1999 por Estación Central (1998) y María, llena eres de Gracia (2004) en el 2005.

Años después, en el 2019, el camino fue recorrido por Yalitza Aparicio, la primera mujer indígena nominada a un Oscar por su desempeño en Roma (2018), película que recibió otras 10 nominaciones, figurando en las categorías de mayor reconocimiento por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood: Mejor Director, el mexicano Alfonso Cuarón, y Mejor Película.

La premiación de este año de 2021 ha sido reconocida por la gran prensa internacional como la de mayor diversidad de nominados en sus 93 años. Sin embargo, para quien conoce la historia de la cinematografía en los Estados Unidos y su relación con políticas de inclusión, todo esto puede sonar, cuando mínimo, exagerado.

Una industria de gente blanca

Hollywood nunca fue sinónimo de diversidad o representatividad cuando se trata de minorías o grupos vulnerables. Al inicio de sus producciones, casi todos los comprometidos con el trabajo cinematográfico, especialmente los protagonistas escogidos, eran blancos. Cuando no, sin ningún pudor hacían uso de recursos como el blackface y el yellowface, las dos técnicas que durante la década de los sesenta transformaba actores blancos en personajes negros o asiáticos abusando de maquillajes. En el sentido contrario, también surgieron los primeros casos del “whitewashing”, es decir, el blanqueamiento étnico de Hollywood.

Sin embargo, a lo largo de los años el mundo se fue transformando y las minorías conquistaron espacios y voz. En el año 2020 la Academia anunció la contratación de 819 profesionales del audiovisual de 69 nacionalidades diferentes, 36% de minorías étnicas en los Estados Unidos, es decir, latinoamericanos, afrodescendientes, japoneses, coreanos, etc. La retórica puede parecer a primera vista inclusiva, pero otros datos pueden contestar estos números.

Por ejemplo, un estudio realizado hace tres años por la Universidad del Sur de California, USC, analizó 48.757 personajes de 1.100 películas lanzadas entre 2007 y 2017. Llevando en consideración apenas las 100 películas de mayor suceso de taquilla en 2017, solamente 29.3% de sus personajes no eran claramente descendientes asociados a la población blanca o descendiente de europeos.

Además, la investigación demostró que apenas 3% de estos papeles representaban latinoamericanos. Hay que decir que fuera de las pantallas los números no son muy diferentes: la cantidad de directores y productores de América Latina presentes en estas películas de éxito no pasaron del 4%.

Balance premios Oscar 2021

Los Premios Oscar de este 2021 presentados el 25 de abril, día en que, digamos de paso, también conmemoramos la Revolución de los Claveles en Portugal que puso fin a la dictadura de Salazar, tuvieron una diversidad mayor de género y etnias entre los nominados. Mitad de las ocho películas candidatas a la categoría Mejor Película retrataban cuestiones como inmigración o prejuicio étnico. Dos mujeres estaban indicadas al premio de Mejor Dirección y Chlóe Zhao, la directora nacida en Pekín, fue la ganadora en la noche.

También este año tuvimos el expresivo e increíble número de “una” película latina presente en todas las categorías. El Agente Topo (2020), documental chileno rodado en un hogar de ancianos y dirigido por Maite Alberdi, compitió por la estatuilla de Mejor Largometraje Documental. El premio fue para Mi Maestro el Pulpo (2020), de Netflix. En la categoría Mejor Película Internacional, películas de África, Asia, Europa compitieron, y no hubo ninguna latina.

Durante las semifinales de las películas elegibles, nueve brasileñas se quedaron afuera. Cinco documentales y cuatro cortometrajes. Bacurau (2019), uno de los largometrajes brasileños de mayor reconocimiento en los últimos años, ganador del Premio del Jurado en Cannes (2020) fue menospreciado este año y el pasado. Ya no estoy aquí (2019), el drama dirigido por el mexicano Fernando Frías, que cuenta la historia del líder de un grupo musical cuya pasión es la cumbia colombiana y que huye de su país después de un altercado con una banda rival, a pesar de ser producción Netflix y tener buenas actuaciones y banda sonora, no logró espacio en ningún lugar de la premiación.

La Llorona (2019) también es una película de mérito, hecha en Guatemala y dirigida por Jayro Bustamante, retrata el genocidio de la población Maya en el país, con un terror de cuño social innovador, si lo comparamos a los géneros más producidos por realizadores latinos como dramas y comedias. Esta película llegó a ser nominado al Globo de Oro, el evento considerado “primo” y un termómetro para los Oscar, pero no logró figurar entre los nominados a la premiación más parcial y previsible del momento.

No existen coincidencias

Es cierto que podemos y debemos apuntar algunos logros: El Agente Topo puso la escena documental chilena en destaque. Los mexicanos Carlos Cortés, Michelle Couttolenc y Jaime Bashkt, ganadores del premio de Mejor Sonido por su trabajo en Sound of Metal (2019) merecen respeto y aplausos. Pero nuestra representatividad no puede estar solamente escondida detrás de las cámaras y escenarios. ¿Dónde están nuestras historias, nuestras luchas del día a día, conflictos y reflexiones? ¿Quién ha de registrar nuestros personajes de la vida real y los paisajes a que pertenecen?

Así como hizo con nosotros, la premiación ahora trae una aproximación fuerte con Corea del Sur. Ya son dos años con dos películas coreanas nominadas a la mayor categoría de la premiación. En nuestra visión, no es raro si llevamos en cuenta los conflictos entre Estados Unidos y algunos países del área. Corea del Sur con ayuda de capital estadounidense y europeo exporta grupos musicales, telenovelas, dibujos animados, películas y videojuegos en el mundo, aunque el propio Estados Unidos sienta internamente la concurrencia.

No existen coincidencias. La premiación juega en el contexto pasando la imagen de que estamos todos siendo considerados e incluidos. Algunas veces nos dejan fuera, como este año. Después, en otro momento, dependiendo de la atmósfera internacional y nacional, se acuerdan de que América Latina no puede quedarse suelta. Nos van a nominar a dos o tres premios, hasta que podamos dictar cómo hacer nuestro arte. Pero tenemos los abiertos, como el Agente Topo (quien no la vio se pierde de una película de extrema sensibilidad).

Piensan que ya no estamos aquí pero siempre estaremos, como La Llorona. Y si nos intentan sacar del juego, resistiremos, como resiste el pueblo colombiano por estos días, resistiremos como Bacurau.