El cercamiento de los comunes

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Henry Gómez
@HenryGomezRed

Este articulo es todo menos un ejercicio desde lo políticamente correcto. Leyendo a la feminista marxista Silvia Federici he encontrado algunas claves para entender el momento actual de lo que sucede en Colombia. Y no es políticamente correcto el articulo precisamente por que las claves de lectura de la autora son subversivas, criticas y transformadoras. Veamos.

En su libro, Caliban y la Bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2004), Federici señala como el momento estructurante, permanente y cíclico del capitalismo es ese rio de lodo y sangre, es la muerte y el despojo, es la acumulación por desposesión. Esto ha implicado para Colombia las constantes de guerra, de desalojo de los comunes, que para la filosofa significa no solo el despojo material de tierras, sino simbólico y cultural de pueblos, de comunidades con relaciones de producción y de vidas profundamente ricas y por fuera del mercado. Las comunidades indígenas, étnicas, negras y originarias pierden sus saberes y su riqueza productiva y reproductiva de la vida. Pero los cuerpos de las mujeres de las clases subalternas, vivieron en carne propia este genocidio de si mismas y de sus saberes que les permitían independencia respecto de sus cuerpos, sus vidas y la fábrica.

La lógica del capital no como sujeto, sino como modelo económico impulsado por sujetos concretos: la burguesía, tiene por lógica liberar al ser humano, para que se introduzca a la lógica del mercado, bien sea como proletario, como informal, o como empleada del trabajo domestico no pago.  La mujer queda despojada incluso de su cuerpo y no tiene otra cosa que vender que el trabajo doméstico o su cuerpo mismo, el hombre obrero no tiene nada, ningún saber propio y solo puede vender su fuerza de trabajo.

Pero la historia no es pasiva, ni lineal, la mujer ha resistido desde su cuerpo y su clase, los comunes han resistido y dado pelea. La Comuna de París, los obreros bananeros, las ligas de mujeres campesinas e indígenas, la insurgencia campesina, reflejan la resistencia por formas económicas alternativas al capitalismo que enriquecen la subjetividad política y que siempre, como Calibán y la bruja aparecen por los siglos de los siglos como muestra de que la humanidad tiene una dignidad y una memoria colectiva.

Hemos dado todo este rodeo para aterrizar de nuevo al momento actual. El Acuerdo de Paz implicó el reconocimiento por parte del Estado, de que existía una comunidad política organizada, de carácter armado que se oponía al régimen político, por dos razones que representan la exposición de Federici. En primer lugar, porque fueron excluidos políticamente por ser comunistas y por tener formas organizativas alternativas al capitalismo; y en segundo lugar, por haber sido víctimas de la acumulación originaria, lo que ha generado un robo de ocho millones de hectáreas, y la vía de los cultivos de uso ilícito como formas de subsistencia en las regiones apartadas del poder soberano. Lo que ha desatado un conflicto no resuelto.

Como pasos necesarios para poner fin a este conflicto se necesitan dos cosas como mínimo: la posibilidad de poder hacer política sin armas, y de la participación política de los comunes, que involucra garantías para la oposición en general, y por otro lado una reforma rural integral. Por supuesto viene temas que son extensivos como la reincorporación, la sustitución de cultivos, entre otros.

Era de esperarse el incumplimiento sistemático por parte del Estado, el asesinato de excombatientes, hombres y mujeres del común, calibanes y brujas. Lo que no era previsible era el más cínico cálculo político de los sectores alternativos. Se sirven de la paz para hacer campaña, pero saben que aislar al partido firmante es de alguna forma condenar a mas excombatientes a muertes seguras.

En el pacto histórico nacional, en sus ruedas de prensa, en sus comunicados, en sus propagandas, es anulado el logo del partido comunes. No invitan una bancada de nueve parlamentarios, no convocan a la Marcha Patriótica que puso miles de campesinos y campesinas, que simbolizan lo común, a participar de dicho pacto. Alegan que eso le resta votos, que la imagen de la insurgencia esta por el suelo, cuando precisamente por eso se hace urgente la vinculación de este sector del país a la vida política legal. Agudizan el cercamiento que ya es extremo por parte del modelo. Pues el pecado de la insurgencia, además de los posibles crímenes de guerra que se pudieron cometer, fue hacerle frente con sus cuerpos y dignidad a la perpetua acumulación originaria.

Para el análisis queda la personería jurídica de la Colombia Humana. Si el vanguardismo y la petulancia tienen mas peso que la unidad, es posible que se rompa el Pacto Histórico por la lista cerrada al congreso. Pues MAIS y UP, quedarían excluidos también por su fuerza electoral. Incluso puede ser el caso del Polo Democrático Alternativo.  Pero como también se trata de un ejercicio autocritico los comunes al igual que la fuerza ciudadana deben demostrar en las calles y en las urnas que representan un sector de la mayoría social. Si comunes logra una votación superior a los 100 mil votos, pese al cercamiento político y mediático, estaría vigente y se posicionaría como una fuerza clasista que debe estar en la lucha, hombro a hombro con los sectores democráticos.

En las calles ha sido la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y el Partido Comunes quienes más esfuerzos han hecho para construir poder popular. La aporía entre los comunes y quienes luchan, frente a quienes representan estas luchas, es una batalla que dar en la Colombia de hoy.