Educar, un acto político

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Inéride Álvarez
@InerideAS 

¿Hay acaso una distinción entre educación y política? Al parecer en Colombia es un sacrilegio tener aspiraciones políticas y peor, si eres profesor o profesora y si estas aspiraciones tienen que ver con la participación en organizaciones sociales, de derechos humanos o partidos políticos. ¿Por qué nos resulta tan difícil como ciudadanía reconocer que somos sujetos políticos y que, pensar y tener estas opiniones es lo mínimo que nos corresponde?

Podemos identificar varias respuestas, sin embargo, solamente haremos referencia a unas cuantas de manera sencilla. La primera es que, desde temprana edad, en el mejor de los casos, se enseña que la política es cuestión de adultos, que la política es igual a politiquería o que nada tiene ver con nosotros. La segunda, que está muy relacionada con la primera, es pensar y creer que quien enseña, lo hace desde la “neutralidad”.

Vamos por partes. Veamos algunos ejemplos: “Los niños y niñas no saben de política”, si usted piensa esto, le invito a que se dé una pasita por los textos de Francesco Tonucci o por sus caricaturas con el seudónimo “Frato”, como es conocido en este medio. Sus dibujos, textos e investigaciones nos demuestran que la función de la educación en nuestra sociedad “es por excelencia la transmisión e imposición de las ideas y la cultura dominante» y, cómo este sistema, ejerce violencia contra los niños y las niñas (violencia porque desconoce al sujeto social y político que aprende. Esto ya Paulo Freire nos lo ha señalado claramente).

En este orden de ideas, podemos revisar cómo están configuradas las aulas, el colegio y por qué no, nuestra práctica pedagógica. Por ejemplo, la organización del salón denota una intención: una mesa adelante o sobre una tarima y varios pupitres individuales en fila (en algunos casos, sillas fijas).

La forma como se desarrolla una lección demuestra al grupo de estudiantes lo poco que ellos saben y, lo mucho que sabe el maestro (a) y, finalmente (sin hablar de la evaluación), los libros de texto, que funcionan como una colección de respuestas, las cuales todas son correctas y, por lo general, presentan una sola comprensión de los hechos o solución de los problemas. ¿Así o más arbitrarias y hegemónicas las formas que hemos naturalizado de enseñanza y aprendizaje?

Si algo hemos aprendido este año es que educar es un acto político. Respetado y respetada colega, no tenga duda de esto, no se deje amilanar por discursos puristas y llamados a la neutralidad. Está bien tener opinión política, manifestar acuerdos y desacuerdos. Conversar sobre lo que sucede en el barrio, las familias, la ciudad y el país hace parte de la enseñanza ¿o cómo se enseña sin tener en cuenta el contexto, qué tipo de casos se usan para aprender historia, matemáticas, geografía, ciencias? ¿aprender y enseñar sucede en abstracto?

Lo que no está bien, es creer que su forma de enseñar, su discurso y práctica son neutrales. Negando con esto sus raíces, su formación y experiencia, en otras palabras, negando que usted es un sujeto histórico y político.

Si es útil, presente varias visiones del tema o diversas formas de resolver el problema. Reconozca ante el grupo con cuál se siente más identificado (a) y por qué. Así sabrán que usted tiene una opinión y que hay otras. Si enseñamos es porque creemos en un futuro distinto y mejor al que tenemos.