Ecuador: Apuntes para una mirada crítica

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La prensa ecuatoriana registró así el triunfo de Lasso

Redacción internacional

Para el progresismo latinoamericano, la derrota del candidato de izquierda en Ecuador es un duro revés que no solo tiene que ver con la mecánica electoral que define quién toma o quién pierde el poder político, sino que abre una serie de interrogantes sobre la capacidad de los movimientos populares de generar una propuesta programática que tenga una aceptación prolongada dentro de las grandes mayorías.

Para la derecha continental, el triunfo de Lasso implica un éxito que llega a tener una mayor significación porque ocurre a contracorriente del avance de los sectores progresistas que han logrado triunfos en las elecciones presidenciales en México, Argentina y Bolivia, además de las protestas sociales de 2019 en Ecuador, Colombia y Chile, lugares emblemáticos para la derecha. Todo ello, sumado al fracaso moral de Bolsonaro en Brasil y la derrota de los republicanos en EE.UU.

El controvertido proceso electoral, que le dio el triunfo al conservador y neoliberal Guillermo Lasso, abrió varias fisuras políticas, particularmente dentro de la izquierda ecuatoriana y regional.

Determinar quién es el enemigo

Uno de los aspectos que se deben considerar es el de las relaciones entre la izquierda y el movimiento indígena. Desde hace unos diez años, en Ecuador, sectores importantes del indigenismo comenzaron a hacerse ilusiones en relación a las promesas que les ofrecían uno y otro grupo de derecha, hasta llegar a este momento, en que algunas franjas de ese movimiento votaron por el candidato de la ultraderecha.

No quiere decir esto, sin embargo, que el movimiento indígena en su conjunto, como piensan algunos sectores de la Unidad por la Esperanza, Unes, de Arauz, o el de la Revolución Ciudadana, de Rafael Correa, sean su enemigo, frente al cual hay que dirigir las baterías de la contienda política.

Una percepción semejante prima entre algunos sectores del movimiento indígena, que en la segunda vuelta plantearon que era mejor un candidato neoliberal       que una dictadura, o simplemente optaron por el voto en blanco, resintiendo considerablemente el caudal electoral del candidato de izquierda.32

Ordenar la casa

Para los sectores progresistas es importante que comprendan que ha finalizado un ciclo en el que deberán afrontar el reto de enfrentarse a un gobierno de las elites proimperialistas, que va a ser depredador e injusto con su propio pueblo. Y a partir de ahí, entender que la narrativa progresista y de la izquierda debe reformularse.

Rafael Correa en una de sus primeras reacciones ante los resultados electorales, reconoció que los cálculos políticos eran que el triunfo de Arauz era incontenible. La realidad mostró otra cosa. Hay que examinar el trabajo político por la base, la vinculación con las organizaciones sociales del movimiento Revolución Ciudadana, que heredó todo el conjunto de conquistas sociales de los gobiernos de Correa. No es posible que semejante capital político se vaya a despilfarrar.

Examinar con mirada autocritica la política frente a las comunidades campesinas e indígenas, frente al movimiento feminista, a los sectores estudiantiles, y sobre todo la política extractivista, que causó reacciones entre los ecologistas que no se pueden menospreciar.

Trago amargo

¿Por qué es importante además asimilar las lecciones de Ecuador? Porque en el continente hay similitudes en el comportamiento de las organizaciones progresistas y de izquierda que es necesario corregir.

En Brasil, en las últimas elecciones, el Partido de los Trabajadores durante la campaña electoral hizo un discurso que no sedujo a las mayorías a las que se quería convocar. En varias localidades los candidatos del PT, o no cuajaron o se perdieron cargos de representación popular que eran estratégicos para enfrentar la política neoliberal de Bolsonaro.

En Venezuela, el gobernante PSUV debió saborear el trago amargo de una fuerte abstención electoral, que hace pensar que los candidatos del socialismo venezolano no son todos los que el pueblo quiere que lo representen si existiera un mecanismo de consulta popular previo más directo, evitando mecanismos burocráticos y expresiones de corrupción.

Perú y Bolivia

En las últimas elecciones provinciales en Bolivia, el gobernante Movimiento al Socialismo, MAS, perdió cuatro gobernaciones, y en cambio se abrieron paso expresiones de disidencia de origen indigenista que, bien son cooptadas por la derecha golpista o bien son portadoras de un pensamiento diferente al de la política oficial, sin que tampoco en este caso se les pueda catalogar como enemigos de clase. En Perú, la candidata de izquierda en la última contienda, no atrajo con la fuerza necesaria para un triunfo en las recientes elecciones generales en ese país.

En fin, hay que superar vicios políticos como manifestaciones de corrupción, de burocratismo, de alejamiento de las organizaciones sociales que soportan el programa de la izquierda. De lo contrario, se corre peligro de perderse lo ya cosechado en materia de conquistas sociales y opciones de poder. Como en el caso de Ecuador, de Venezuela o Bolivia, lo sectores progresistas no parten de cero para iniciar este camino. Se pueden y deben aprovechar las experiencias positivas y consolidar un verdadero proyecto popular, con proyecciones regionales.