Ecofeminismo y el trabajo de las mujeres

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María Elvira Naranjo

Según el relato bíblico sobre el origen de la humanidad, en el Jardín del Edén había paz, pero sin libertad y sin conocimiento, porque estaba prohibido comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Sin embargo, en contra de la prohibición, Eva decidió tomar el fruto de este árbol, lo compartió con Adán, y en consecuencia, fueron expulsados del paraíso. Desde una lectura patriarcal, este mito puede culpar a las mujeres de todas las desgracias de la humanidad. Pero, desde una perspectiva contemporánea y de género, este acto de desobediencia de Eva puede interpretarse como un acto de libertad, que posibilitó el uso de la razón y el desarrollo del conocimiento.

Muchas conjeturas existen sobre cómo evolucionaron hacia la civilización las comunidades cazadoras y recolectoras, desde el llamado período neolítico, 3.000 años antes de nuestra era. De hecho, la transición de la caza a la agricultura ha sido interpretada como la pérdida para el hombre de la alegre zona de caza y la necesidad de trabajar para ganar el pan con el sudor de la frente, como lo hacían las mujeres recolectoras. Cavar la tierra, día a día con un palo para arrancar raíces, fue trabajo de mujeres que también fabricaban recipientes rudimentarios para depositar lo recolectado.

Por todo ello, según el científico británico, John Bernal, es probable que la agricultura fuera una invención femenina y en general las artes del campo y del hogar, como sembrar, regar, trillar, moler, almacenar, cocinar, fermentar y construir chozas. También el arte de tejer, que se deriva de la fabricación de canastos, supone regularidades y relaciones entre la forma del tejido y el número de hilos necesarios que están en la base de la geometría y de la aritmética. Observar el crecimiento de las plantas y su procesamiento permitió poco a poco comprender la relación causa-efecto indispensable para el conocimiento racional y el surgimiento de ciencias como la botánica, la química, la medicina tradicional, desarrolladas y aplicadas por mujeres a través de los siglos, como brujas, hechiceras, cocineras, costureras, tejedoras, curanderas, parteras, enfermeras y en general, oficios relacionados con el cuidado de la vida y de los otros y la protección de la naturaleza.

El reconocimiento actual de este legado histórico de las mujeres y, a la vez, la conciencia universalmente compartida sobre la urgencia de evitar la destrucción progresiva del planeta son la base del ecofeminismo, como propuesta anticapitalista, para construir una bio-civilización basada en la preservación del medio ambiente, el cuidado de la naturaleza y de los otros. El ecofeminismo asume que desde hace millones de años la vida humana ha sido posible por el trabajo de las mujeres, quienes siempre han luchado y cuidado de su comunidad y de las nuevas generaciones.

Para la ecofeminista Vandana Shiva el capitalismo destruyó un sistema de vida y de trabajo humano femenino, que se había hecho hasta entonces, y dejó sin voz a las mujeres que lucharon por mantener la naturaleza. Destruir la tierra es destruir la sociedad. Para cambiar nuestro sistema patriarcal capitalista debemos cambiar el sistema de globalización económica que tenemos; cambiar la manera de pensar en la sociedad, reconocer que nuestra vida proviene del planeta y está sostenida por mujeres: Para liberar el planeta es necesaria la liberación de las mujeres y la liberación de la humanidad.