“Duque condenó los muchachos a la muerte”

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Yolanda Basto Goyeneche, con su hijo Jonathan David. Foto Álbum familiar

El testimonio de la madre de Jonathan David Basto, asesinado el 28 M en Cali

Luis Alfonso Mena S.

El viernes 28 de mayo, Jonathan David Basto Goyeneche se despidió de su abuela a las dos de la tarde y dijo que regresaría en horas de la noche. Antes, había hablado por teléfono desde el sur de Cali con su mamá, Yolanda, quien vive en Bogotá, y la había tranquilizado diciéndole que no iba a pasar nada, que él estaba prestando ayuda de primeros auxilios y solidaridad a los jóvenes que resistían las arremetidas de la policía en el barrio Meléndez, cerca de Ciudad Jardín y de la Universidad del Valle. Salió de la casa donde residía con la abuela y un primo, en el barrio El Limonar, con las expectativas que a un joven de 19 años le colman el alma ansiosa de justicia, y con la mirada desprevenida de los muchachos que no le temen a nada, ni siquiera a las balas de un régimen despiadado, como el que impera en Colombia.

Se acabó el día y a las once de la noche Yolanda no pudo comunicarse con su hijo. Con el corazón latiendo con mayor intensidad que nunca, telefoneó a la abuela de Jonathan David, quien le informó que su nieto no había regresado aún a casa. Confiada en que las dificultades de transporte habrían incidido en la tardanza, pudo conciliar el sueño en el frío santafereño, pero el sábado 29 de mayo madrugó a telefonear otra vez a Cali. De nuevo, la misma respuesta de la noche anterior: Jonathan no había llegado aún. Las alarmas estallaron en su mente y recurrió a las tías paternas del chico para pedirles que lo buscaran. Volaron al punto de resistencia de Meléndez con una foto suya en las manos y allí se enteraron de la aterradora noticia: diez minutos antes de las ocho de la noche del viernes había recibido un impacto de arma de fuego muy cerca de su corazón y había sido llevado por sus compañeros al Hospital Mario Correa Rengifo, el más cercano del punto, situado en el sector de Los Chorros. A las 8:15 p.m. lo ingresaron sin signos vitales. Había muerto en el camino.

Jonathan David fue una de las 14 personas asesinadas por el accionar de policías, uniformados y sin uniformes, y de civiles provistos incluso con armas de largo alcance, que desde el mediodía y hasta la noche del fatídico 28 de mayo de 2021 asolaron el sur de Cali, partiendo del sector de La Luna, pasando por Siloé y terminando en Meléndez e inmediaciones de la Universidad del Valle. Fue la venganza de las fuerzas del sistema contra la permanencia del Paro Nacional, que ese día llegaba a su primer mes. En el mismo punto de Meléndez fue asesinado a balazos Sebastián Jacanamejoy, joven integrante del pueblo inga. “Los primeros en llegar disparando fueron los policías”, nos dijo Yolanda. “Y el primero en caer fue mi hijo. También llegaron luego civiles con fusiles”.

Todo un sábado de amargura y dolor rodeó a la familia de Yolanda y sólo el domingo en la tarde ella pudo iniciar la velación del cadáver su hijo, quien en este 2021 terminaría su grado once de bachillerato, que cursaba en jornadas de los fines de semana, y quien, además, laboró en una empresa distribuidora de frutos secos, cerrada por efectos de la pandemia de la covid-19. El martes 1 de junio Jonathan David fue sepultado en uno de los cementerios del suroccidente de Cali. Lo acompañaron hasta su última morada Yolanda, Valentina y Jorge Arturo (madre y hermanos), su familia en Cali, amigos y compañeros del colegio y de la lucha social.

Nadie de la institucionalidad le informó nada a Yolanda Basto Goyeneche, incansable trabajadora de 50 años de edad, sobre el crimen que acabó con la vida de su hijo y llenó de tristeza su hogar, un hogar de gente buena, esforzada y soñadora. Ningún funcionario de ninguna entidad estatal se comunicó con ella. Nadie de la Alcaldía o de la Personería del Municipio. Nadie de la Fiscalía o de la Defensoría del Pueblo… Es como si una parte del Estado, la Policía, cumpliera las órdenes (despejar a sangre y fuego las calles de Cali de jóvenes que reclaman sus derechos), y luego nadie de ese Estado respondiera por los crímenes que causa, ni siquiera para disimular una investigación. “Duque dio la orden a la Fuerza Pública de despejar las calles y por eso militarizó a Cali, condenando los muchachos a la muerte”, nos dijo llorando la madre de Jonathan David, con quien hablamos sobre aquel día de espanto en que Cali fue ensangrentada por el terror estatal y sobre lo que pasó con su amado hijo. Este es su testimonio.

“Mi hijo era un muchacho soñador”

–Señora Yolanda: ¿Cómo recuerda a su hijo Jonathan David?

Mi hijo era un muchacho muy soñador, había estudiado en el Sena, había hecho algunas capacitaciones, le gustaba mucho el estudio, quería hacer la carrera de sistemas, cuando había oportunidades trabajaba. Estaba laborando en una empresa, pero debido a la situación la empresa quebró y se quedó sin empleo. Siempre fue un muchacho muy juicioso que soñaba con salir adelante. Apenas estaba cursando el grado once por la situación económica que atravesamos. Quería ayudar a sus hermanos también. Estudiaba en el Colegio Comfandi para adultos en Cali, sus compañeros le hicieron un homenaje muy bonito a él, por ser un muchacho respetuoso, por su manera de ser.

Debido a la inconformidad por todas las cosas que han venido sucediendo, por las dificultades para el empleo, por las dificultades económicas y la falta de oportunidades, y al iniciarse las marchas contra todo lo que el gobierno está haciendo, Jonathan decidió, como muchos estudiantes, apoyar el paro, para ver si el gobierno los escuchaba, para que les den oportunidades, pues no hay empleo, no hay opciones de nada. Él era voluntario de la parte médica en Meléndez.

Yo le decía: “Papi, por allá no vaya”, pero él respondía: “Esta lucha no es ni siquiera para mí, es pensando en que haya cambios para generaciones venideras, porque ¿a dónde van a parar muchos jóvenes que vienen con esta situación? Jóvenes estudiados se encuentran estancados porque no hay empleo y están en sus casas”. Eso era lo que él decía.

–¿Qué recuerda de las estadías más recientes junto a su hijo en Cali?

El año pasado estuve con él desde septiembre en Cali, hasta donde se había ido a vivir al lado de su abuela y un primo en procura de empleo. Estuvimos hasta febrero de este año. Nosotros íbamos, compartíamos unos meses con él. Y siempre estábamos en contacto.

–¿Cómo fue el último día en la vida de Johathan David?

Él se iba en los días del paro hacia las dos de la tarde y regresaba de las marchas a las nueve o diez de la noche. Nosotros casi todos los días nos comunicábamos. Había tenido una video llamada con él. Yo le insistía: “Papi, tenga cuidado, mire todo lo que está pasando, si la policía lo llega a agarrar, mire todo lo que están haciendo con los jóvenes”. Y él me decía: “Si me llega a agarrar la policía qué más pueden hacer, mami, lo que están haciendo con los jóvenes: me desaparecen, porque esa es la forma cómo están intentando callarnos a nosotros los jóvenes”. Pero él decía que iba a estar allí hasta el último momento. “Yo voy a estar allí hasta el último momento, porque tiene que haber un cambio, tiene que haber un cambio”. Eso era lo que les decía a la abuela y a las tías. Él les escribía a sus teléfonos: “Tías, no se preocupen, yo voy a estar acá”. Él auxiliaba a la gente cuando el Esmad gaseaba a los muchachos y los reprimía.

“La Policía llegó disparando”

–¿Qué conoce sobre las circunstancias en que Jonathan David fue asesinado en Meléndez?

Ellos estaban haciendo una actividad cultural, porque ellos tenían biblioteca en Meléndez. Pero allí también, al margen de la protesta, se han formado unos grupos de saqueadores, los muchachos de la protesta no tenían nada que ver con eso porque no les gustaba eso de saquear, porque ellos no estaban allí por robar ni nada de eso. Y estaban en el momento cultural cuando les dijeron que en Holguines estaban saqueando un centro comercial, y entonces los muchachos se vinieron a evitar esos desmanes y a sacar corriendo a los que estuvieran en eso. Habían recuperado cosas de las que otros habían saqueado, para publicarlas y llamar a que la gente se acercara a recoger las cosas que habían recuperado de manos de los saqueadores. Y cuando ellos estaban allí con esas cosas en el andén, para publicarlas, llegó la policía disparando.

Cuando a los jóvenes de la protesta les decían que había desconocidos que estaban saqueando, o que estaban haciendo desórdenes, ellos iban a sacar esa gente corriendo, porque estaban haciendo mal, y los jóvenes de la resistencia no participaban en eso, no hacían eso. Entonces desde ahí la policía les empezó a disparar. Ellos corrieron hacia arriba, hacia el punto que ellos tenían, y hasta allá empezó a llegar la policía a buscarlos.

Había una muchacha que tenía un escudo de los que ellos habían hecho, y dicen que él le expresó a la joven: “Córrase porque esto se va a poner feo acá, mire, hay mucha policía. Y él cogió el escudo y de una le dispararon. Es lo que nos cuentan los muchachos que estaban con él. Eso fue a las 8:50 de la noche.

–Luego de que Jonathan David es baleado, ¿qué pasó?

Con él llegan al Hospital Correa Rengifo a las 8:15 de la noche, pero llega sin vida. Allí también perdieron la vida otros dos muchachos en ese ataque que les hicieron.

–De acuerdo con lo que usted ha averiguado, ¿quiénes dispararon contra los jóvenes: policías o civiles?

Había civiles armados, pero los muchachos dicen que la policía fue la que llegó disparando, apenas llegaron allá de una empezaron a dispararles. Había también algunos civiles, dijeron que esos civiles estaban marchando, pero usted no ve una marcha de civiles vestidos de blanco con fusiles. Y los que allí dispararon aparecen en los videos con fusil, ni siquiera con armas cortas, sino fusil. Entonces, ¿cómo va a haber una marcha con civiles vestidos de blanco y fusiles? ¿De dónde sacaron ellos en el momento de llegar allá los fusiles? Las versiones de la gente son que quien estaba armado allí fue armado por la misma policía, ella misma les facilitaron las armas, porque ¿de dónde iban a sacar esas armas? Después de los hechos, la gente se fue a mirar y encontraron puras vainillas de fusil.

Mi hijo cayó en los primeros disparos que hicieron, de una cayó él. Y los primeros disparos los hizo la policía. Como dicen los muchachos, los primeros que llegaron fueron los policías y de una vez ellos se ubicaron y, de una vez, fueron disparando. Mi hijo cayó entre los primeros disparos.

–¿En qué vehículos se desplazaban los policías?

En motos, porque hay videos que muestran la policía en motos. Esos videos demuestran cómo empezó todo.

 –¿Cómo trasladaron a su hijo al hospital?

En una ambulancia. En video se ve… Cruz Roja y eso y lo llevaron al hospital. Pero ellos dicen que murió casi inmediatamente ahí. Mi hijo recibió una herida de bala en la parte izquierda del pecho, cerca del corazón. A las 8:15 de la noche él ya estaba sin signos vitales. Los compañeros, los muchachos que estaban con él dicen que la muerte de él fue casi instantánea, que él cayó al piso y que cuando le bregaron a dar reanimación ya no respondía.

–¿En qué momento se entera usted de esta infausta noticia?

Yo me vine a enterar el sábado 29. Él siempre llegaba a las nueve o diez de la noche. Yo había hablado con la abuela a las once y algo de la noche y me dijo que Jonathan no había llegado. Casi todos los días nos comunicábamos por la noche. Al otro día temprano, él tenía que estudiar, pues terminaba el bachillerato para adultos los días sábados. Antes de las siete de la mañana le escribí a la abuela y me dijo que no había llegado y ahí empezó la preocupación.

–¿Qué hicieron entonces?

Las tías fueron a averiguar en el punto de Meléndez, a donde sabían que él iba, les preguntaron a los muchachos. Ellos le contaron lo que había pasado, que hubo ataques por parte de la policía, ellas mostraron la foto de Jonathan y ahí confirmaron. Lo habían matado por la noche.

“Del Estado nadie responde por el crimen”

–¿Qué le dijeron la Policía y la Fiscalía? ¿Alguien de la Alcaldía, de la Personería, de la Defensoría del Pueblo les dijo algo? ¿Tuvo la oportunidad de hablar con alguien?

Nadie se acercó a decir nada, ni siquiera a preguntar algo. Como estoy en Bogotá, le pedí a una hermana que me ayudara con los trámites. Ella dice que nadie le dijo nada. Y cuando yo llegué allá, ninguna autoridad estatal me dio explicaciones de nada. El cadáver lo entregaron el domingo en la tarde y el sepelio fue el martes a las once de la mañana. Los familiares, amigos y compañeros estuvieron con nosotros.

–¿La comunidad del colegio Comfandi qué actitud ha asumido?

La psicóloga del colegio nos acompañó en la velación. Y también los muchachos del grado once nos ayudaron con una recolecta de $315.000 y le hicieron un homenaje a él. Nos han enviados cartas y expresado su solidaridad.

–¿Qué le informaron las organizaciones de derechos humanos?

En una reunión con Derechos Humanos en Cali se presentaron las denuncias de todos los muchachos que han matado, con pruebas, con videos de lo que pasó. Fue el jueves en la mañana, pero no pude estar ahí porque tuve que viajar de regreso a Bogotá, porque mi otro hijo trabaja en una empresa y tan solo le dieron cinco días de permiso. Mi hermana tampoco pudo estar porque no le dieron permiso en el empleo que tiene. Pero estuvieron los que tienen todas las pruebas de los ataques de la policía contra los muchachos.

“Les quitan la vida para callarlos”

–¿Cuál es su opinión sobre la forma como el gobierno ha reprimido el paro?

Imagínese lo que une ve día a día: a la gente que reclama sus derechos, mire lo que le hace el Estado, en vez de buscar soluciones, en vez de ayudarlos… Los muchachos se encuentran desconcertados por todo lo que está sucediendo, por las reformas, por leyes que sacan y no hay manera de que el gobierno escuche, no acepta las cosas malas que está haciendo. Entonces, frente al estudiante y al trabajador inconformes la forma que el gobierno encuentra para acallarlos es quitándoles la vida. Supuestamente el gobierno dice que los jóvenes son el futuro, pero si matan a los jóvenes, ¿dónde está el futuro? ¿A qué llaman ellos futuro?

–¿Qué le reclama usted al Estado?

Tiene que haber justicia. Los muchachos no eran ningunos vándalos como dice la policía, que dizque son los mismos vándalos que se están matando… Uno no puede ser tan inhumano y decir eso. A ellos los están matando.

–¿Usted instauró denuncias ante organismos judiciales y de control?

Sí, una denuncia ante la Fiscalía y otra ante la Procuraduría.

–¿Piensa llevar este caso ante organismos internacionales?

–Si, claro, esto se tiene que saber en toda parte, porque desafortunadamente la ley en Colombia está manejada por seres inhumanos, verdaderamente. No les importa la vida de nadie, solo que la gente se quede callada frente a todo lo que pasa. Uno pone aquí una demanda de algo, y no pasa nada. Aquí no hay justicia.

“Duque tiene que responder”

–¿Qué le dice usted a Iván Duque?

–Que tiene que responder por todo lo que está pasando, tiene que responder por los muchachos, que estaban empezando a vivir. Duque dio la orden a la Fuerza Pública de despejar a Cali y por eso militarizó la ciudad, condenando los muchachos a la muerte, en vez de escuchar. ¿Por qué no escucha al pueblo? Si el pueblo lo eligió, ¿por qué no lo escucha? Todos sabemos que él le dio una orden a las Fuerzas Militares de que tenían que recuperar las calles de Cali fuera como fuera, y ahí fue cuando militarizaron a Cali.

–¿Qué le dice al alcalde de Cali, doña Yolanda?

–Que él también debería poner de su parte y tratar de solucionar las cosas, que escuchen a los jóvenes, porque los muchachos no están pidiendo dinero, ellos están pidiendo que los oigan, para que tengan oportunidades de estudio, de empleo, las oportunidades que ellos necesitan, pero no, todo lo solucionan es matándolos. Ni el alcalde ni nadie dice nada. ¿Qué clase de gobierno es el que tenemos?

–¿Cuál es su mensaje para los padres y familiares de tantos jóvenes que han perdido también a sus hijos?

–Debemos tener mucha fortaleza y guardar siempre los recuerdos bonitos de nuestros hijos, muchos han partido muy jóvenes, como mi hijo. A uno le duele, porque a mí me ha tocado bastante difícil y, gracias a Dios, los hemos sacado adelante, cuando uno cree que ellos van a empezar con su propia vida y están felices porque piensan en un futuro. Quedan los bonitos recuerdos de ellos y seguir adelante en memoria de nuestros hijos, porque esto pronto se tiene que arreglar. Solo pido que no quede impune la muerte de mi hijo ni la de muchos jóvenes, que también nos duelen como a sus familias, el dolor es inmenso. Que Dios y su infinita misericordia nos ayude.