Docencia universitaria: ellas en desventaja

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El 54,4% de los profesores está vinculado al sector privado. Foto Julia M. Cameron, www.pexels.com

El profesorado en las universidades está integrado mayoritariamente por hombres. Tres investigadoras analizan la situación y proponen algunas medidas para buscar un equilibrio

Érika Prías Márquez
@KikaPrias

La composición actual del cuerpo docente de las instituciones de educación superior en el país está marcada por un fuerte componente masculino. Es así como, para el año 2019, según información disponible en el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior, SNIES, del Ministerio de Educación Nacional, MEN, el 61,3% del personal que desempeñaba labores de docencia era hombres y solo 38.7% mujeres. Esto significa que aproximadamente por cada mujer vinculada, hay dos hombres.

Ahora bien, si se tiene en cuenta que en el país el 51,2% de la población, es decir, 22,6 millones son mujeres, y el 48,8%, 21,6 millones son hombres; y que en general se gradúan, en educación superior, más mujeres que hombres excepto en agronomía, veterinaria y afines e ingeniería, arquitectura, urbanismo y afines (Ver gráfico), vale la pena preguntarse las razones para que no exista una paridad en la ocupación de cargos docentes en la educación superior.

Informe Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia, 2020. Fuente DANE

Para tener elementos de juicio que permitan hacer una aproximación al problema, VOZ consultó con tres expertas en educación superior y temas de género. En primer lugar, la socióloga, doctora en estudios políticos y profesora de la Universidad Nacional, María Elvira Naranjo, cree que esta situación no obedece a una política de discriminación dentro de las instituciones de educación superior, sino que es el resultado de las necesidades del mercado laboral, en función de la acumulación de capital.

En consecuencia, al tener en cuenta que en donde hay más estudiantes matriculados es en las áreas de economía, administración y afines e ingeniería, arquitectura, urbanismo y afines, podría entenderse que la oferta laboral es mayor en estas áreas. Por consiguiente, María Elvira explica que al ser las ingenierías donde más se gradúan hombres son quienes mayormente ocupan parte de estas plazas.

Cuidado del hogar

A su vez, Eucaris Olaya, doctora en Trabajo Social y docente de la misma institución, expone que existe una pirámide en la educación: “En la base están las profesoras cuyo más alto porcentaje está en educadoras de preescolar, primaria y secundaria, pero que disminuye en la media y su menor porcentaje es en la universidad”. Aclara que una de las razones está relacionada con los niveles de posgrado porque las mujeres asumen múltiples responsabilidades, incluidas la vida familiar y el cuidado de la familia, lo que las obliga a posponer esos estudios.

Otro aspecto tiene que ver con el tiempo que ellas deben dedicar al ámbito familiar y académico, que incluye docencia, investigación y extensión, en lo que los hombres tienen ventaja porque no asumen compromisos del cuidado de la familia y tareas domésticas.

Por otra parte, la doctora en Sociología y docente de la Universidad del Tolima, Ana María Castro Sánchez, considera que esta situación está relacionada con el desbalance existente en las responsabilidades del cuidado: “Por un lado las mujeres seguimos asumiendo esas labores así también tengamos trabajos remunerados, entonces, eso limita el acceso a formación posgradual y entre más alta es la exigencia o la categoría para el cargo, es más difícil encontrar mujeres en estos, incluso en cargos directivos, lo que evidencia un desequilibrio”. No sobra agregar, que las convocatorias para la vinculación de docentes en la educación superior dan mayor importancia a la formación en posgrado y a la experiencia laboral, ámbitos que se ven afectados por el rol del cuidado que asumen las mujeres.

Feminización de las profesiones

“Creo que también tiene que ver con la feminización de las profesiones, que aún se da. Ciertamente la educación es una profesión feminizada, sobre todo, en el ámbito de primaria y secundaria. En la docencia universitaria no solamente hay que tener una formación docente, sino otro tipo experiencias como investigación y formación posgradual que sin duda son oportunidades a las cuales acceden en mayor medida los varones”, argumenta la profe Ana María.

Para esta investigadora, este ítem, feminización de las profesiones, es un tema cultural relacionado con los estereotipos de género, con la idea de que los hombres son más fuertes, más inteligentes, más racionales, por lo que están mayormente en carreras como ingenierías, matemáticas y economía. Por lo contario, el estereotipo de las mujeres es que son cuidadoras, más sensibles y no son fuertes, entonces, ellas están en el área de educación o la enfermería: “Tiene que ver con esas diferencias que obviamente no son reales porque todas las personas, más allá de nuestro género, tenemos diferentes capacidades que además desarrollamos”, anota la doctora Castro.

Para Eucaris, investigadora en temas de género, las universidades no cuentan con políticas que garanticen la participación de las mujeres en el ámbito universitario. No existen acciones positivas para su acceso y permanencia, y tampoco para asumir la docencia y la investigación. “La situación se complejiza en las carreras eminentemente masculinizadas como filosofía, ingenierías, agronomía, y en niveles de especialización como neurología, medicina nuclear, entre otras”.

Miradas a futuro

Para las investigadoras consultadas, las soluciones pueden venir de diferentes estrategias, medidas o políticas. En palabras de la académica de la Universidad del Tolima, hay que hacer un primer análisis de cómo están efectivamente distribuidas las disciplinas por género en los ámbitos educativos, y tomar acciones que permitan reconocer que también hay mujeres en las profesiones que actualmente dominan los hombres.

“Porque si no, seguimos manteniendo la misma figura de que los varones son los ingenieros, las mujeres son las enfermeras, se debe analizar cómo están efectivamente esas brechas de género en relación con las profesiones y las disciplinas. Lo otro que valdría la pena es conocer claramente cuáles son las trayectorias laborales de las mujeres y en esa medida encontrar los baches o esos momentos y dónde se genera la barrera. Porque es a partir de esa trayectoria laboral que puedes tener una hoja de vida que te lleve a ser profesora universitaria”, expuso la docente Ana María Castro.

En el mismo sentido, la educadora Eucaris, considera que se deben tomar medidas con acciones concretas que permitan el acceso paritario, brindar garantías para la permanencia de las mujeres en las carreras y promover la investigación científica para ellas. Además: “Animar a los hombres a participar en las actividades del cuidado y protección en la familia con el fin de equilibrar las cargas en el espacio doméstico familiar”.

Desde otro punto de vista, la profesora María Elvira advierte que la única salida es el cambio del modelo económico, que a la vez producirá un cambio sustancial para reconocer todas las labores de las mujeres como fundamentales en el cuidado de la vida humana, como se ha demostrado en pandemia: “Lo que no hay que hacer es inculcarles a las niñas que en lugar de estudiar música o literatura o escrituras creativas, estudien lo que es rentable para el capital y que sean funcionales para el mercado laboral”.

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