Dios me libre de ser un buen ejemplo

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Pablo Arciniegas

Dios me libre de ser un buen ejemplo. Ser percibido como un tipo que no duda, ni contradice sus principios. Guillermo Cabrera Infante, el novelista experimental del ‘Boom’, propuso en Tres Tristes Tigres, su obra más reconocida, que los grandes personajes de la literatura ―de la historia también― eran contradictorios. Y durante todo el final del libro, uno se la pasa preguntando quién es un contradictorio.

¿Un actor de la farándula que se une a la guerrilla? Sí, contesta la novela.

¿Alicia en el país de las maravillas? También, porque para ser un contradictorio solo basta con tener latente un conflicto interno, y pues siendo la naturaleza humana tan conflictiva que hasta parece que tiene varias personalidades, todos podemos ser unos contradictorios. De hecho, ya lo somos. Pero, damos lata con lo de dar ejemplo, tener una buena reputación, y tal vez por eso no alcanzamos a convertirnos en ficción.

Reputación… Qué amarga debe ser la vida tratando de mantener una buena. Todos esos nombres que aparecen en los libros de historia hoy no escapan de sus oscuros pasados ni secretos, y nosotros pensando que sí podemos tapar los nuestros. En cambio, qué plenitud la de quienes fueron reconocidos tanto por su genio y talento como por sus excesos. Qué plenitud la de quienes su único valor era no tener valores, y eso implicaba no exigirlos.

Por eso, el poder, que vive de la reputación, es una fábula. La gente de bien ni cree en lo que predica. Los que más presumen de socialdemócratas necesitan que exista la pobreza. Los veganos más estrictos saben mejor que nadie que es remotamente imposible vivir sin causarle daño a otra forma de vida. Los doctores con mil publicaciones en prestigiosas revistas todavía le tienen miedo a la oscuridad.

Pero estamos dispuestos a malgastar nuestro corto tiempo en defender las ideas de cómo tienen que ser o pensar los hombres, las mujeres, las identidades intermedias y que trascienden los géneros. Somos capaces de votar, comprar y dar la vida por lo que no nos convence, cuando lo único seguro es que somos contradictorios.

Dios (jajaja) me libre de ser un buen ejemplo. Mejor que me haga como el padre que se le presenta a sus hijos, con todos sus errores, y no la figura autoritaria que viene a repartir correa. Porque prefiero que todo lo que escriba se pierda, si tengo que negar cada una de mis cagadas. Dios me libre de ser un buen ejemplo. Mejor que me haga un buen tipo entre mis amigos y un traidor de todo en lo que ahora creo.

Epílogo I

Esta columna fue escrita el 25 de noviembre de 2020, el día en que Dios se encontró con su mano.