Diálogos de La Habana: ¿Crisis o saboteo a la paz?

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“Colombianos y Colombianas por la Paz” y el CICR tendrán a su cargo la misión humanitaria para traer a la libertad a los tres integrantes de la Fuerza Pública que serán entregados por las FARC-EP.
“Colombianos y Colombianas por la Paz” y el CICR tendrán a su cargo la misión humanitaria para traer a la libertad a los tres integrantes de la Fuerza Pública que serán entregados por las FARC-EP.
“Colombianos y Colombianas por la Paz” y el CICR tendrán a su cargo la misión humanitaria para traer a la libertad a los tres integrantes de la Fuerza Pública que serán entregados por las FARC-EP.

El Gobierno Nacional le hace concesiones a la ultraderecha que pretende sabotear la paz, demostrando escasa voluntad de llegar a un acuerdo en la mesa de diálogos

Hernando López

Mientras en el Gobierno Nacional y la cúpula militar, con el coro de algunos medios de comunicación, celebraban la muerte del comandante del Frente 5 de las FARC-EP, “Jacobo Arango”, en Antioquia, tras el bombardeo arrasador a su campamento en las montañas, el Secretariado del Estado Mayor Central de la organización guerrillera anunciaba, al fin de la semana pasada, la próxima liberación de tres integrantes de la Fuerza Pública, dos policías retenidos en el Valle del Cauca y un soldado en el departamento de Nariño.

Los titulares y las declaraciones de los generales del alto mando militar destacaban que Jacobo era una persona cercana a Iván Márquez, dando a entender que era un golpe no solo a las FARC sino al jefe de la delegación de paz en La Habana. De ser verdad, la caída del jefe guerrillero no fue en combate sino en un bombardeo al campamento insurgente. Se coloca una vez más en duda el relativo éxito militar de estos ataques aéreos, porque no tienen proporcionalidad en la guerra por la desigualdad del equipamiento bélico entre las partes. Es una observación que siempre han hecho analistas muy serios tanto a nivel nacional como internacional, cuando los voceros gubernamentales reclaman como éxitos militares la muerte de jefes guerrilleros en bombardeos, mal calificados de “combates”. “En la guerra hay límites a la luz del derecho internacional humanitario y uno de ellos es el principio de la proporcionalidad”, le comentó a este semanario uno de los analistas que prefirió la reserva de su nombre. Sin embargo, con afán publicitario, el Gobierno celebró el “golpe al estado mayor de FARC”, como tituló el diario El Tiempo del pasado 2 de febrero.

Noticia oculta

Del lado de las FARC-EP, el mismo día, el Secretariado anunció la liberación de dos policías retenidos en el Valle del Cauca, en el área rural del municipio de Pradera, cuando “estaban dedicados a labores de inteligencia”, según la versión guerrillera (ver texto completo del comunicado); pero la sorpresa fue el anunció de que sería liberado un soldado, capturado en un enfrentamiento en Policarpa, Nariño, el pasado 29 de enero. Esta noticia no era conocida y el Ministerio de Defensa nunca reportó la novedad. “O el Gobierno tapó por obvias razones el grave acontecimiento o no tiene realmente el control de lo que sucede con sus tropas”, comentó un periodista extrañado por la revelación del comunicado.

La información dejó por el piso la calificación de “crisis en La Habana” como lo especulaban algunos medios en el afán de crear desconfianza hacia las posibilidades reales de los diálogos de paz. No existe tal crisis, sino la magnificación de los sucesos, que son realmente concesiones a los saboteadores de la paz, reflejo de la poca voluntad del Gobierno Nacional de allanar el camino a un acuerdo definitivo.

Lo que hubo fue un rifirrafe entre los miembros de la delegación de paz de las FARC y los voceros gubernamentales, que reclamaron por los policías retenidos y hasta dieron ultimátum porque amenazaron con terminar el proceso, mientras que los primeros advertían que en la modalidad de dialogar en medio del conflicto, decidida por el Gobierno, lo acordado fue no discutir los actos de la confrontación en la mesa.

Cese de fuego y tregua

Al tiempo, Colombianos y Colombianas por la Paz, la Marcha Patriótica, el Partido Comunista, la Ruta Social por la Paz y voces tan autorizadas como las del ex presidente Ernesto Samper, Horacio Serpa y Víctor G. Ricardo, entre otras, instaron a pactar acuerdos que disminuyan la intensidad del conflicto y a que ningún acto de la confrontación lleve a la suspensión del proceso de paz.

En realidad, varios facilitadores y organizaciones humanitarias habían advertido del peligro de dialogar en medio de la guerra. “Ello puede alterar el buen funcionamiento de la mesa”, dijeron varios de ellos en su oportunidad. Una y otra vez propusieron cese de fuegos y tregua bilateral y hasta acuerdos humanitarios en dirección a “humanizar el conflicto” como lo propuso el ex presidente Samper. El Gobierno rechazó las propuestas con arrogancia. Parte de la idea que tiene sentada a la guerrilla en las condiciones de debilidad y que puede presionarla a la rendición con nuevos golpes. Se repite la historia, es la causa del fracaso de anteriores diálogos porque los gobiernos de turno se cerraron a los acuerdos políticos, sociales y económicos para superar las causas del conflicto, debido a la fracasada aspiración de la derrota de la insurgencia. “Primero la derrotamos y luego le hacemos firmar la rendición” es la manida historia.

En medio de la polémica de la semana pasada, la Comisión de Paz de las FARC-EP, le dijo a Humberto de la Calle Lombana, jefe de la delegación oficial, que por el camino de los noes no se va a llegar a ninguna parte. “Ya son múltiples y estridentes los NOES del gobierno a todas nuestras iniciativas en favor de la Paz de Colombia. De complemento, el pueblo colombiano ha escuchado a través de los medios de comunicación, la reiteración de la orden gubernamental de arreciar la guerra, que extrañamente ahora se hace acompañar de quejas por sus consecuencias, mientras se nos llama cínicos. Pero, ¿quién ha institucionalizado el conflicto armado y la guerra sucia en Colombia, quién es el victimario en esta confrontación que viene despojando al campesino desde los años cuarenta; quién aniquiló a la Unión Patriótica; quién ha realizado las masacres o crímenes de lesa humanidad que eufemísticamente son llamados falsos positivos?”, dice el pronunciamiento en donde se enumera una lista de todas las negativas que ha interpuesto su contraparte.

El diálogo continúa en La Habana sobre el primer tema de la agenda, aunque en los próximos días estará mediatizado por la liberación de los dos policías y el soldado, anunciada por las FARC-EP como decisión unilateral y humanitaria. “Colombianos y Colombianas por la Paz” y el Comité Internacional de la Cruz Roja iniciarán en los próximos días los contactos necesarios para adelantar la misión humanitaria, mientras el Gobierno designó al Ministerio de Defensa para atender todo lo relacionado a las liberaciones. De nuevo le da un carácter militar a un acto humanitario, que en las recientes liberaciones significaron demoras y talanqueras de los militares.