Día sin carro: Chévere pero…

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En la jornada, muchos bogotanos prefirieron caminar a sus trabajos si estos estaban a cortas distancias.

Juan Carlos Hurtado Fonseca

“Son 20 años del día sin carro, con cambios en las distintas administraciones. Hay que decir que es un tema puramente simbólico ya que no cumple en términos ambientales por la flota de transporte público, los taxis, el Transmilenio y los buses del ISTP que siguen movilizándose con diesel, contaminando el ambiente. El impacto ambiental es mínimo y quienes salen en bicicleta, patines o caminando siguen expuestos a esos gases”, afirmó la concejala de Bogotá por Colombia Humana y la UP, Heidy Sánchez, al hacer un balance de la medida en la capital del país.

En esta versión la jornada tuvo variaciones como extenderla hasta las 9 de la noche, pues en años anteriores fue hasta las siete y media. Además, según la Secretaría de Movilidad se buscaba el ahorro de 12.325 toneladas de dióxido de carbono; la llegada más temprano a destinos laborales utilizando el transporte púbico, gracias a que la velocidad promedio aumenta en 11% por la disminución del tráfico (circulan 42% menos carros y 86% menos motos); y el incremento del servicio de taxi pasando de 53 a 65% en sus niveles de ocupación, entre otros.

Sobre el incremento en el uso de taxi, la concejala Sánchez dijo que no tiene sentido un día sin carro con trancones de esos vehículos de servicio público en muchas zonas de la ciudad: “De hecho para mucha gente la movilidad se vuelve caótica, como para quienes toman transporte público que saben que ese día va a estar mucho más lleno el transmilenio y no es un buen servicio”.

Por lo tanto, propone que el día sin carro sea al menos una vez al mes, acompañado de medidas que desestimulen el uso del vehículo particular: “Hay que estimular el carro compartido, lo que casi no se da por el tema de la inseguridad, pero es algo importante de hacer. No vamos hacer nada con el día sin carro si siguen construyendo troncales de Transmilenio con vehículos diésel”.

El transporte público estuvo más congestionado en horas pico.

Un cambio de hábitos

No solo para la concejala la inseguridad es óbice en cuanto a la generación de soluciones a problemáticas de movilidad y contaminación. Carlos Rojas es profesor de formación técnica, y expresa que le gustaría transportarse todos los días a su trabajo en bicicleta, pero que la ciudad no cuenta con la infraestructura para hacerlo ni con la seguridad necesaria. Anota que se corre peligro al andar en ella.

Sobre el día sin carro el docente comentó: “Por un día podemos controlar el medio ambiente y tener una mejor forma de vida. Y aunque la contaminación no va a parar, es un paso. Pedagógicamente la gente no está lista para más de un día sin carro. La meta es que la Alcaldía monte unas buenas estrategias donde la gente se motive a tomar la bicicleta”.

Por otra parte, Miguel González de 25 años de edad y quien es estudiante de Gestión Documental, piensa que el día sin carro “es chévere» porque se disminuye un poco la contaminación; aunque también sabe que mañana todo volverá a ser igual: “La gente debe caer más en cuenta que no hay que comprar vehículos a gasolina, sino que funcionen con  energías limpias”.

Es consciente que el cambio se produce con otros hábitos de consumo y transporte. Por eso, comenta que él ya lo hace: “Tenía una moto y la vendí para ahora andar a diario en bicicleta”.

Nada de fondo

Desde otro escenario, el edil de la localidad La Candelaria, Eduardo Tito Gómez, sobre el día sin carro expresó: “Es una iniciativa interesante que pretende defender el ambiente, pero en últimas es la disculpa del Distrito y las industrias para bajar las manos, y no hacer acciones efectivas frente a la contaminación. Un ejemplo es que este día baja la polución, pero siguen los transmilenios y las fábricas contaminando”.

Y aunque la medida es bien intencionada, el edil cree que es una disculpa porque no se hace nada de fondo para desarrollar políticas que favorezcan el uso de energías alternativas, y que con un día al año no se puede justificar la lucha en favor del medio ambiente.

Para la alcaldesa, Claudia López, la experiencia sirve para invitar a la reflexión sobre el uso del transporte público sostenible y la bicicleta. “Es un día para que el 15%, la minoría que usa carro, viva como el 85% que todos los días usa transporte público, camina o usa bicicleta. Es un día para que sepan cómo vive la mayoría y para que reflexionemos. Es un día para no estar en trancones, en el que vamos a ver la ciudad desde otra perspectiva, desde sus andenes, desde el transporte público y es un día para que los taxistas se luzcan”.

A su vez, la concejala Heidy Sánchez, expresó que la alcaldesa plantea una nueva jornada sin carro para el próximo 22 de septiembre: “Pero es importante que desestimemos también el uso de taxis. Debe ser el transporte público masivo el medio principal y las bicicletas o caminar”.

Aunque la gran mayoría de bogotanos coinciden en señalar que el día sin carro no es más que un ejercicio pedagógico, un acto simbólico, que en realidad muy poco ayuda a la descontaminación; debe continuar realizándose pero acompañado de políticas reales que permitan reducir los niveles de polución y mejorar la movilidad. Además, de pedagogías que desestimulen el uso del vehículo particular y muchas prácticas de consumo.