Desembarcos

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Jaime Cedano Roldán
@Cedano85

Pablo Casado, líder del Partido Popular de España, ha tenido malos días en las últimas semanas por sus torpes declaraciones en diversos temas, los casos de corrupción que involucran a su partido, y para colmo de desventuras, su copartidaria la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, hace una fuerte competencia para disputarle el liderazgo y hasta la misma candidatura presidencial.

Casado es un político joven, con cargos en el partido desde siempre, nunca ha trabajado en otra cosa y jamás ha ganado ninguna campaña de nada. No tiene un electorado propio, es heredero de los feudos electorales de otros. Entonces, debido quizás a ese maluco escenario que ha vivido en España, armó maletas y se fue a “Hacer las Américas”, emulando los viajes de aquellos antepasados que fracasados en sus tierras se iban a las colonias en el nuevo mundo en busca de fortuna.

Pablo Casado escogió el cono sur para este rápido periplo y anuncia uno nuevo por los países andinos para el próximo año. Se reunió con lo más selecto de la extrema y corrupta derecha suramericana para venderles la idea de una “Alianza por la Libertad”, algo así como un sustituto del agónico y prácticamente desaparecido Grupo de Lima, para reemprender una nueva cruzada contra las supuestas demoníacas dictaduras latinoamericanas, defender el libre mercado, reconstruir el mundo de la hispanidad, recomponer el liderazgo político de la España católica y falangista y tratar de arreglar los asuntos con Joe Biden, después de los profundos amores que tenían con Donald Trump.

En este sentido, propone el atlantismo, sustentado en unas relaciones especiales de España con Estados Unidos, con América Latina y el Caribe como patio trasero y con la OTAN como garante militar coercitivo.

En Buenos Aires se reunió con el enjuiciado expresidente Mauricio Macri a quien aplaudió por su supuesto buen gobierno y también se ha encontrado con el derechista gobernador de Buenos Aires. Ha tenido el descaro injerencista de reclamarle al presidente Alberto Fernández por no ser lo suficientemente duro en la lucha contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Ha reclamado que España debe liderar la lucha dentro de la Unión Europea por el recrudecimiento de los bloqueos, sanciones y demás piratescas ilegalidades que este organismo ha acometido en América Latina con evidentes fracasos.

En esta gira Casado ha tenido la prudencia de no acercarse a Jair Bolsonaro y trazar cierta tímida línea de confrontación, en momentos en que se anuncia una visita de confraternidad a Brasil por parte de Santiago Abascal, líder de Vox, con quien Casado compite por los votos de la derecha, pero gracias al cual, el Partido Popular puede gobernar en algunas comunidades, haciendo inmensas concesiones, contrario a lo que Casado afirma, utilizando una práctica muy común en la estrategia propagandística del Partido Popular, como es la de mentir, insistir y seguir insistiendo en las mentiras para que de ellas algo quede, como muy bien aprendieron de sus maestros alemanes. Y no podía faltar su elogiosa remembranza de Álvaro Uribe en uno de sus vacíos discursos.

No podía finalizar su fracasada gira sin anunciar su apoyo a la campaña electoral al candidato presidencial de Sebastián Piñera y de calificar como “leyenda negra” los planteamientos políticos de los movimientos indígenas del continente y señalar al Grupo de Puebla de “blanqueador de dictaduras”.

Patético.