Derrotemos la militarización

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José Ramón Llanos

Al momento de escribir este texto las movilizaciones reprimidas con violencia por el Gobierno, arrojaba la tragedia siguiente: 3.400 acciones depredadoras del Esmad con 51 muertos, 300 desaparecidos. La violencia brutal dirigida contra los jóvenes con las balas de goma que ya no lesionan las extremidades inferiores como antes, ahora les disparan al rostro para afectarles la visión, consecuencias: 48 adolescente con pérdida parcial de la visión.

El vandalismo que tanto reprocha el Gobierno tiene muchas aristas. Se debe tener en cuenta lo que hemos aprendido a partir de lo que nos enseñaron los desertores de la CIA: generalmente los vándalos son miembros de los gobiernos implicados que necesitan esas acciones para desprestigiar los movimientos sociales. El ministro de Defensa debe explicar por qué hubo en Cali civiles disparando armas de fuego ante los policías y estos no los detuvieron. Eso significa o que los civiles que dispararon son agentes oficiales encubiertos o paramilitares amparados por el Gobierno.

Dicen los gremios económicos que debido al paro nacional se han perdido puestos de trabajo, los campesinos han visto cómo sus cosechas se deterioraban ante la imposibilidad de venderlas. Los bancos miden las pérdidas en billones de pesos. Ellos no mencionan los asesinatos ni las desapariciones, en sus cuentas no incluyen la vida humana, la que solo importa como generadora de utilidades y son tantos los explotables que decenas de muertos no tienen importancia para los explotadores.

Pero hay una realidad, el país vive una conmoción, el paro nacional cumple un poco más de un mes, la derecha está preocupada porque sus viejas tretas resultaron obsoletas, ya no sirven para manipular y engañar al pueblo. En términos de política auténtica esto constituye una ganancia. Pero también hay pérdidas de vidas, daños materiales y llegamos a la felicidad de la derecha, dictadura militar con una mascarada de gobernante civil, o sea un Iván Duque. Un nuevo Juan María Bordaberry. Debemos recordarle a Duque y a su mentor que Bordaberry murió pagando 30 años de cárcel.

¿En Colombia quiénes son los responsables de la exclusión, la miseria, de la juventud sin futuro, de la súper explotación de los asalariados y la depauperación de la clase media?  Son: César Gaviria, principal implantador del modelo neoliberal; Álvaro Uribe ponente de la ley 100; además responsables del asesinato de más de 6.000 jóvenes por militares para obtener licencias y condecoraciones, los llamados eufemísticamente falsos positivos.

Carrasquilla tiene responsabilidad porque en este gabinete intentó seguir expoliando a los miembros de la clase media poniéndolos a pagar impuestos para compensar los billones que le dieron a la plutocracia mediante exenciones en la reforma tributaria del año 2019. Para colmo de peras en el olmo, el presidente Duque durante casi un año menospreció las peticiones de los distintos sectores del trabajo y guardó silencio, aunque le inquirieron respuesta repetidamente. Esos son los responsables del caos y la dictadura militar con rostro civil que acaban de erigir.

Esta regresión política se constituye en un nuevo objetivo que debe lograr el paro nacional: deslegitimar la militarización, devolver los militares a sus cuarteles, para eso la paciencia devino ira y volaron hechos añicos los diques de contención y he aquí las calles colmadas de jóvenes imbatibles decididos a imponer la democracia y la inclusión social que Colombia necesita. Cuentan, además, con el apoyo del Pacto Histórico.