Democracia, clanes políticos y empresas

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Ancízar Narváez Montoya

Ahora que empiezan de nuevo las campañas electorales y que se ha publicado el informe sobre las maquinarias políticas regionales (https://www.planetadelibros.com.co/libro-los-clanes-politicos-que-mandan-en-colombia/312249, consulta, marzo 01, 2020), vale la pena hacer una mirada a la relación de las Empresas (con mayúscula), o sea los grupos económicos legales, con las fuerzas políticas.

El Espectador publicó el 5 de octubre de 2019, ad portas de las elecciones territoriales, el informo titulado Las 20 sociedades que más donan ¿Cuáles son las empresas que más contribuyen a los partidos políticos? Las cifras corresponden a 2018, el año de las elecciones presidenciales (https://www.elespectador.com/noticias/investigacion/cuales-son-las-empresas-que-mas-contribuyen-los-partidos-politicos-articulo-884560, consulta, marzo 01, 2020). El resultado es previsible pero, aun así, escandaloso.

Los mayores aportantes son en su orden los siguientes: La Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, cuyos aportes fueron de 8700 millones de pesos, pero todos para el movimiento MIRA. Los otros 19 donaron en total un poco más de 40.400 millones de pesos. El ranking de los primeros cinco donantes es como sigue:

Empresa Monto (millones)
Gaseosas Postobón 8098
Bavaria 4390
Agronegocios 3000
Grancolombia Gold Marmato SA 2240
Banco Davivienda SA 1736
Ingenio del Cauca 1670
Cine Colombia SA 1665

 

Sin embargo, si sumamos a los de Postobón los aportes del Ingenio del Cauca, la contribución del Grupo Ardila Lulle se acerca a los 10.000 millones; y si sumamos a los aportes de Bavaria los de Cine Colombia, estos llegan a 6.000 millones. En total, más o menos el 40 por ciento de los aportes a los partidos, se le deben (y ellos lo cobran) a los dos grandes grupos empresariales no bancarios del país.

Ahora bien; estas donaciones no son, como ellos las justifican, un aporte a la democracia, por dos razones: por un lado, de esos poco más de 40.000 millones, más de 13.000 van para Cambio Radical y 12.500 para el Centro Democrático. En conjunto, más del 63 por ciento para estos dos partidos. Mientras tanto, Alianza Verde recibe menos de 3000 millones, o sea el 7.5 por ciento, dato más que mentiroso por cuanto la mayoría, 2200 millones, los recibe de una sola empresa llamada Dansgold SAS-Empresa para el Desarrollo Económico y Social. Por otro lado, resulta que en la primera vuelta de 2018 el candidato de Colombia Humana obtuvo casi los mismos votos que el del Centro Democrático y más que el de Cambio Radical. Sin embargo, no aparece ninguna donación para su partido.

Además, no es precisamente una práctica democrática y liberal que las empresas financien partidos, pues es un hecho que la democracia que dicen defender se basa en la premisa de ‘un ciudadano, un voto’, pero las empresas no son agentes equiparables a ningún ciudadano particular en su capacidad de defender intereses. Si quieren financiar la democracia lo primero es pagar los impuestos correspondientes a su riqueza. Lo segundo, formalmente, es hacer los aportes al Consejo Nacional Electoral, para que este los distribuya a los partidos en las proporciones justas. De lo contrario, la democracia queda sujeta al poder del capital y no a la opinión de los ciudadanos.

Ahora bien; los empresarios deben aportar individualmente como ciudadanos, así que  tampoco es muy ético cargar el costo de sus opiniones políticas a los gastos de las empresas, pues se supone que la empresa moderna consiste en la separación del patrimonio empresarial del patrimonio familiar e individual. ¿Dónde queda su ética empresarial?

Lo que queda claro es que a los empresarios no les interesa la democracia, y ni siquiera el mercado, sino que invierten dinero en los proyectos políticos que les garanticen la continuidad del modelo económico que facilita la captura de rentas en vez de, como lo pregonan, un ambiente para crear riqueza y empleo. Eso no es capitalismo, es rentismo, la apropiación de las rentas del Estado sin tomar los riesgos de la inversión productiva.