De poesía y analidad

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Día Mundial de la Poesía

Manuel Antonio Velandia Mora

El 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía. Los, las y les poetas escribimos sobre temas muy diversos. Me sorprendo cuando la gente dice que hago poesía homosexual, porque la poesía no tiene orientación sexual… tiene temas. En algunos de mis poemas el tema es la sexualidad, doy énfasis al erotismo, el placer, la genitalidad; pero también escribo sobre el conflicto armado, el feminismo, la violencia machista, la experiencia de ser víctima, entre otras muchas inquietudes que me convocan.

Por otro lado, me han dicho que la poesía de contenido homoerótico es subversiva. De alguna manera pudiera decirse que sí, que subvierte el orden; pero no porque lo relacionado con la homosexualidad o el ser marica se ha subversivo sino porque el orden establecido para la sociedad es el heterosexual.

Lo verdaderamente subversivo no es ser gay, tampoco ser homosexual, lo verdaderamente subversivo ni siquiera es ser marica; lo realmente subversivo es la analidad. Por supuesto hago referencia a la analidad de los hombres, porque hasta la Iglesia Católica acepta la analidad en las mujeres.

En este artículo quiero dar a conocer una de mis poesías y de paso, hacer una pequeña reflexión sobre la palabra «marica» y el ejercicio de la analidad.

En la literatura encontramos la palabra “amarionado”, fue acordada en España en la época del franquismo, por Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien en “Naufragios”, narra las vicisitudes de los cuatro únicos supervivientes de la expedición de Pánfilo de Narváez a Florida. En ese texto se lee “En el tiempo que así estaba entre éstos vi una diablura, y es que vi un hombre casado con otro, y éstos eran unos hombres amarionados, impotentes y andaban tapados como mujeres, y hacen el oficio de mujeres, y tiran arco y llevan una gran carga, y entre éstos vimos muchos de ellos amarionados como digo, y son más membrudos que los otros hombres Y más altos y sufren muy grandes cargas”.

“Amarionado” era un eufemismo para señalar a los que practicaban el «pecado nefando». En la Edad Media, se explicaba como «el vicio que no debe mencionarse entre cristianos». La homosexualidad, incluso en su vertiente no sexual, ha sido considerada a menudo como obscena y tratada de forma correspondiente por la censura y la norma legalmente instituida, que se emparenta con las cuestiones morales o religiosas.

Sin embargo, es Tomas de Aquino quien le pone la leña al fuego y enciende la llama. En su “Summa Theológica” escribió que la utilización de los órganos sexuales para cualquier propósito diferente a la procreación era lujuriosos y pecaminosos por estar encaminados a la obtención del placer. De ahí surge el concepto de antinatural y el salto que teóricamente se ha dado no es muy extenso para llegar al pecado del “placer de la carne”. Que de un momento a otro termino pasando a ser un demonio que podía sacarse con el exorcismo y así transformar a algunos en ex homosexuales.

Desde los primeros contactos de los españoles con los indígenas se planteó la triada indio, caníbal y sodomita en la que cualquiera de los tres términos podría utilizarse como sinónimo. Diego Álvarez Chanca, médico de Colón, en una carta datada en 1494, narra la “costumbre” de los caribes de capturar a muchachos a los que eliminaban todos los órganos externos de macho y cuenta que éstos desarrollaban «características femeninas y los caribes los empleaban para la práctica de la sodomía de forma similar a la que los árabes disfrutan de sus jóvenes como eunucos y bardajes. […] Una vez hombres crecidos, los caribes los mataban y se los comían».

Pedro Mártir de Anglería en su obra “De orbe novo decades”, relata que Vasco Núñez de Balboa, durante su exploración de Quarequa, en el istmo de Panamá (1513), disgustado con “un hermano del rey y otros jóvenes, hombres obsequiosos, [que] vestían afeminadamente con ropas de mujer […de los que el hermano del rey] abusaba con antinatural» temeridad, echó a cuarenta de ellos como comida a los perros. D’Anghiera continúa su relato diciendo que el «odio natural por el pecado antinatural» de los indígenas les impulsó a que, «espontánea y violentamente, buscaron a todos los demás que supieran que estaban infectados”. Después de todo, D’Anghiera comenta que «sólo los nobles y los gentiles hombres ejercían esa especie de deseo.

El peso de la religión cambio la percepción y la explicación de los indígenas; de Anglería relata que [… Los] “indígenas sabían que la sodomía ofendía gravemente a Dios. [… Y que estos hechos provocaban] las tempestades que con truenos y rayos tan a menudo los azotaban, o las inundaciones que ahogaban sus frutos que habían causado hambre y enfermedades”.

Recordemos que las personas berdache o badea, también conocidas como “dos espíritus”, son individuos pertenecientes a pueblos amerindios de América del Norte, cuyos patrones de conducta integran los comportamientos de los géneros masculino y femenino. Suelen ser o bien hombres que mezclan atuendos considerados femeninos con otros masculinos o mujeres que actúan de la misma forma. Según las descripciones que han dado distintos antropólogos, la comunidad reconocía su condición desde niños, amparándola, y dándole roles como el de hechicero al entender que tenían una sensibilidad especial. Eran una especie de semidioses, estos nativos eran vistos como capaces de desafiar a la naturaleza y, por lo tanto, especiales. En todas las comunidades se encontraban personas con este comportamiento. A estas personas, más contemporáneamente se les ha explicado con un sesgo cultural que los equipara a travestis, transgénero, transexuales e incluso a homosexuales.

Jean-Guy A. Goulet, en su artículo “The `Berdache’/`Two-Spirit’: A Comparison of Anthropological and Native Constructions of Gendered Identities Among the Northern Athapaskans” lo explica como una “reencarnación entre sexos” que se manifiesta entre los Dene Tha del norte de Alberta, Canadá, y muestra cómo los Dene Tha constituyen identidades de género duales a través de procesos de interpretación de los sueños y socialización.

De la poesía y el homoerotismo

En la poesía hispanoárabe es recurrente la presencia de poemas de carácter homoerótico; fue introducida como un refinamiento cultural en la cultura Omeya. Entre los reyes andalusíes la práctica de relaciones como eróticas de hombres mayores con jóvenes era bastante corriente; entre ellos, el abadí Al-Mu’tamid de Sevilla y Yusuf III del reino nazarí de Granada escribieron poesía de este orden. ​Cabe recalcar que entre la comunidad judía de al-Ándalus la homosexualidad fue incluso normal entre la aristocracia.

Oscar Wilde fue acusado de «grave indecencia», un eufemismo de la época para referirse a la homosexualidad pública o privada, por ello fue llevado a juicio, el cual perdió y se convirtió en uno de los mayores escándalos de la sociedad de la época. Wilde fue encarcelado durante dos años. Cuando salió se fue a vivir con Douglas a Nápoles durante tres meses y posteriormente vivió en París, donde murió en soledad. Tras el breve encuentro, Bosie se desentendió plenamente del escritor irlandés.

Durante el juicio a Oscar Wilde salió a la luz el poema de Alfred Douglas «Dos amores», el abogado acusador preguntó por la última frase del poema de Douglas:

Vestía una túnica púrpura, cubierta de oro

con el dibujo de una gran serpiente cuyo aliente

era una llamarada, y cuando le vi

sentí una gran pena, y grité: “Dulce joven,

dime ¿por qué, triste y suspirando, vagas

por estos apacibles lugares? Te lo ruego, dime la verdad,

¿cuál es tu nombre? Él respondió: “Mi nombre es Amor.”

Inmediatamente, el primero se dio la vuelta hacia mí

y grito: “Está mintiendo, ya que su nombre es Vergüenza,

pero yo soy Amor, y yo estaba acostumbrado a estar

solo en este bello jardín, hasta que él vino

sin ser llamado durante la noche; yo soy el verdadero Amor,

yo lleno los corazones de ella y de él con fuego mutuo.”

Después suspirando, dijo el otro: “Entonces permíteme que me presente,

yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre.”

Analidad no es banalidad

¡Que nos den!

La sexualidad es siempre política.

Los viejos prejuicios siguen siendo nuevos, el culo es orificio bienaventurado,

la analidad sigue generando crisis, es ejercicio de oposición al sistema, atenta contra la sociedad,

la norma, lo sagrado y el poder.

Ser marica debe vivirse detrás del armario, aceptar la maricada es un hecho desestabilizador.

Rompe y corrompe las relaciones sexuales y sociales del poder.

Disfruta el placer por el culo,

¡¡es un acto provocador!!

Experiencia la contra narrativa anal corroe la postmoderna visión victoriana de la represión sexual;

lo natural es el placer no la procreación;

“culiar” es liberarse de represiones y prohibiciones. No intentes enderezarte,

únicamente aceptando las bifurcaciones

nos acercamos a la satisfacción plena del deseo.

¡Que os den!

Pervierte el orden establecido,

no folles para cumplir la misión divina sino para hacerte tu propio dios.

El terapeuta, el analista, el consejero

que pretende curarte es el verdadero enfermo que espía en tu historia su propio dolor.

No hay una verdad de las sexualidades. La sexualidad no es biológica,

no es natural, es cultural;

asumirse sexual y sujeto sexuado es contracultural, es aceptar el mandato de tus propios deseos,

es tan tuya como tu culo, tu boca, tu vulva, tu pene, tu clítoris, tus tetas, tu cuerpo…

Le temen a tu verdad, pero te piden que confieses, declares, te aceptes enfermo…

Se pecador, delincuente o aberrada carcome el poder de la autoridad.

Gozarte la sexualidad es ejercicio político.

Ser marica, femenino, pasiva y mamón

como acción del deseo, el erotismo y el placer desgasta el discurso de la homosexualidad como condición, es aberración de la heteronormatividad;

optimizar el poder anal, es Ser verdaderamente libre y autónomo; niégate a aceptar la maricafobia.

¡Analidad no es banalidad!

Liberación marica, contracorriente a la imagen positiva que acerca al patrón del modelo hetero-político imperante; sal del ostracismo, rompe con el silencio,

afírmate públicamente, niégate a parecerte al otre, hacer de la unicidad experiencia de la diversidad, es desgastar el modelo colectivo de identidad.

Las identidades constriñen,

no son necesarias para la percepción de tu propia sexualidad;

la aceptación es tolerancia no respeto, la genitalidad es práctica no identidad;

eres lo que haces no cómo te denominan.

Disfrutemos del culo y sus placeres, asumámonos excéntricos y a-normales

desestabilicemos los supuestos del ser y del hacer.

¡Que me den! ¡Que os den!

Poema publicado en el libro “Habrá quien colonice el silencio”, cuyo autor es Manuel Antonio Velandia Mora, libro trilingüe cuya primera edición se publicó en noviembre de 2018.