De la revolución de las tetas y de asesinatos programados

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Trans_activismo marica. Foto Manuel Antonio Velandia Mora

Manuel Antonio Velandia Mora

Siempre que se piensa en conmemorar el día del orgullo, el 28 de junio, salen a la palestra los detractores de los derechos humanos y sexuales, los dueños de la moral, los más papistas que el papa. Los que se rasgan las vestiduras por el peligro que representa para la integridad moral del ciudadano de a pie la vista de una teta trans.

Que peligrosa frase he leído en las redes, escrita por alguien que es homosexual: “Vestirse de forma adecuada, los hilos dentales, las tangas y los sostenes déjalos para otra ocasión, no hagas que como comunidad quedemos en ridículo frente a la sociedad”. Justo esta frase es terriblemente ridícula por lo inconsecuente y anti-política porque la política justo consiste en promover la participación ciudadana y no en coartarla.

La marcha de los sectores LGTBI y de las diversidades de géneros y cuerpos no es la izada de la bandera blanca de la virgen María, eso que lo haga la iglesia católica. Nosotros somos un movimiento político sexual. El cuerpo es político. No hay nada más político que una teta trans, una teta que se pone o una teta que se quita. Mostrar la herida o mostrar el implante además de tremendamente político es un acto de valentía, en especial si se hace frente a los puritanos del deber ser, así estos sean maricas de derecha, o de ultraderecha, que como se lee también los hay.

El cuerpo se ha parcelado en parceles públicas y sociales, que cambian según el paisaje. La doble moral del mercado permite la tanga en la playa y no en la ciudad, menos mal que no has vivido en Europa en donde en el verano te encuentras a los/as estudiantes en pleno recinto universitario «bronceando» su piel en el mismo traje, que como tu dirías, Dios los trajo al mundo».

Dice ese mismo autor de cuyo nombre prefiero acordarme: “Recordar que es una marcha por los derechos y no un carnaval lleno de carne y putería”. En lo primero tiene mucha razón, pero olvida que sí es un carnaval, una fiesta, una revuelta, una manifestación, en la que se celebra, se conmemora.

Falta algo de historia político religiosa. El carnaval combina elementos tales como disfraces, grupos que cantan coplas, desfiles y fiestas en la calle. A pesar de las diferencias que su celebración presenta en el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol. En sus inicios, probablemente con un cierto sentido del pudor propio de la religión, el Carnaval era un desfile en que los participantes vestían disfraces y usaban máscaras. Sin embargo, la costumbre fue transformando la celebración hasta su forma actual. Ah por si no lo sabes, ¡se lo inventaron los cristianos!

No lo llames ideología de género, es machismo

La reversión de los derechos sexuales de las personas de los sectores LGTBI y de las diversidades de géneros y cuerpos y de las mujeres se ha convertido en una fuente de litigios estratégicos de sectores antiderechos de los doble moralistas que se presentan no como lideres religiosos sino como “pro-derechos” financiadas por movimientos “provida” a las que se suman los discursos de odio de las feministas radicales biologicistas.

Es Estados Unidos los republicanos presentan proyectos en contra de los derechos sexuales, en Oregón se criminalizó el aborto. Muchas de las luchas ultraderechistas van de frente contra los derechos de las mujeres trans, una típica manifestación de la hegemonía patriarcal, como se ha visto en España y otros países.

Si por allá llueve en Colombia no escampa. El representante a la Cámara por Bogotá del Partido Verde, Mauricio Toro, fue recusado en el Congreso por su orientación sexual, en un acto de discriminación ejercido por el representante del Colombia Justas Libres, Carlos Acosta, movimiento cristiano, quien presentó una solicitud de archivo y advirtiera que el parlamentario podría perder su curul si participaba del debate del Proyecto de ley que busca prohibir las «terapias de conversión». Un ataque que va más allá de Toro y que es directamente contra la población LGTBIQ+ en Colombia.

Todo títere tiene su titiritero, del que ya he hablado; el títere aquí tiene nombre propio, es Johnatan Stiven Silva, quien radicó la recusación en la que apela a manidos argumentos transfóbicos, sexistas y discriminatorios, con los cuales busca dejar a Toro por fuera del debate del proyecto de su autoría, el cual busca que dejen de ocurrir y se sancionen los “electrocutamientos, violaciones, mutilaciones y afectaciones con ácido” en contra de los miembros de los sectores LGBTI, con falsas promesas de “reconversión”; promesas que son la base del mayor número de suicidios y autolesiones de “ex-homosexuales” y “ex-lesbianas” ya que algunos estudios demuestran que una de cada tres personas llegan a estos suicidios o más correctamente “asesinatos programados”.