De la paz de los monumentos a la memoria popular

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Monumento “Anhelos Infinitos e Irreversibles de Paz”. Foto Periódico del Meta

A dos horas de Villavicencio, este municipio de los Llanos Orientales ha sido el epicentro de la resistencia agraria en la región del Ariari. Las hijas e hijos de los sobrevivientes del genocidio contra el Partido Comunista y la Unión Patriótica reconstruyen la memoria de los gobiernos que realizaron obras, acompañaron las organizaciones campesinas y edificaron propuestas de paz regional

Diana Carolina Alfonso
@DianaCaro_AP

El sábado 27 de noviembre se llevó a cabo el Encuentro de Víctimas de Desaparición Forzada en el municipio de El Castillo. Allí el semanario VOZ habló con algunos hijos e hijas de líderes y lideresas de la Unión Patriótica asesinados por el paramilitarismo de Estado. El objetivo de la fecha era poner de manifiesto el trabajo de las organizaciones de víctimas y presentar el Parque de la Memoria a las Madres Buscadoras.

James Barrero fue un destacado concejal y militante comunista de Villavicencio. Su hijo, homónimo, reconstruyó esta historia viva para VOZ. En el recorrido también nos acompañó Elena Henao, de la Dirección de Víctimas adscrita a la Secretaría de Gestión Social de la Alcaldía de Villavicencio. Su familia vivió también el horror del genocidio.

Oriunda de El Castillo, Elena nos explicó el sinsabor que le generaba el Parque de la Memoria. No obstante, advirtiendo que estos encuentros movilizan la solidaridad entre las víctimas, sobre todo como fruto del trabajo que se desarrolla desde hace un año por parte de la Mesa para la Dignidad de los y las Buscadoras de Personas Dadas por Desaparecidas, espacio que aporta al reconocimiento de la verdad y a la conmemoración de los asesinados.

También brinda acompañamiento psicosocial y jurídico a las familias de las víctimas. En articulación con la clerecía claretiana y con la Sociedad Alemana de Cooperación Internacional, GIZ, se llevó adelante este encuentro.

Geografías de la memoria

En la puerta colombiana de la región llanera que atraviesa la gran Orinoquía, se enmarcaron terribles hechos del genocidio contra el partido político Unión Patriótica, UP, fundado gracias a los Acuerdos de paz en Uribe, Meta, en 1984. La apuesta política que reivindicaba la salida dialogada y pacífica al conflicto social y armado fue aplastada por organizaciones paramilitares enlazadas con las instituciones del Estado y las corporaciones del narcotráfico. Solo en este departamento fueron asesinados más de mil militantes, según las cifras de las mesas nacionales de víctimas.

El Castillo se encuentra a dos horas de Villavicencio, capital del departamento. En su larga historia encontramos hitos de la resistencia agraria, desde mediados del siglo pasado hasta el presente. Hacía los años ochenta la tradición organizativa de este municipio, ampliamente rural, fue dinamizada por el Partido Comunista Colombiano, PCC, en articulación programática con la UP.

Durante una década, los gobiernos comunistas en El Castillo realizaron obras de ingeniería, acompañaron a las organizaciones campesinas y nuclearon propuestas de paz. Sin embargo, tras el avance del paramilitarismo, sobre todo en los albores del nuevo milenio, las organizaciones populares de la zona fueron terriblemente azotadas.

A sabiendas de que el manto paramilitar aún cubre el territorio, al llegar al parque central de El Castillo, un sorpresivo muro de color rojo con las siglas del PCC, adornado con la hoz y el martillo en tono dorado, se apuntala en el corazón del pueblo. Ese espacio geográfico ha pasado de ser un escenario mortuorio a un escenario en disputa, tanto por la reelaboración de las historias del conflicto, como por la pervivencia de las memorias de las familias y líderes/as exterminados por su filiación política.

“El sudor me hace surcos, yo hago surcos a la tierra”

El parque ya se había convertido en una marca política a fines de la década del ochenta y principios de los años noventa, casi como una vidriera del conflicto. De hecho, la estación de policía que se encuentra a un costado, fue bombardeada por la guerrilla de las FARC que operaba en la zona. En ese parque se asesinaron y persiguieron a muchos de los militantes de la Unión Patriótica, pese a conseguir tres alcaldías consecutivas en este periodo.

Tras la firma del Acuerdo de Paz en el 2016, pero sobre todo con la devolución de la personería jurídica a la UP en el 2013, las organizaciones sindicales, obreras, agrarias y los partidos de izquierda han dado una batalla incansable para comenzar a visualizar o generar los elementos de memoria propios de la región.

Construir el Parque de La Memoria es un proceso plagado de confrontaciones con los gobiernos de turno, a la derecha del panorama político de El Castillo. Los resultados vienen generando rechazos contundentes, también en lo tocante a la forma de monumentalizar la memoria.

En medio de un desolador escándalo por el desfalco de los dineros destinados a este lugar de paz y de remembranza activa, la derecha del municipio edificó muros de un metro por un metro al interior del parque. Los pobladores sintieron que esos cuadrados de cemento pintados en color blanco, no eran más que trincheras para disociar el libre trasegar comunitario de la población.

Como respuesta a semejante provocación, los cuadrados blancos fueron intervenidos por las organizaciones populares. En ellos hoy encontramos bustos, pinturas, mapas de las masacres, tabloides con los nombres de las veredas en las que se masacró y desapareció, y murales de las organizaciones agrarias. Todo, en el arco visual del imponente martillo y la hoz.

Los bustos erigidos están acompañados con las biografías de la militancia asesinada. Entre ellos podemos leer la vida y obra de Mario Castro Bueno, personero, militante, abogado del PCC, quien personifica la honestidad del lugar. A su respaldo, se emplaza el busto del también personero Exenover Quintero, padre de Lenin, Eliana y Dania, tres mujeres que hoy encabezan los trabajos de memoria y reconocimiento en torno a las huellas del genocidio en la ciudad de Villavicencio.

El corazón de María Mercedes

La figura rectora del parque es el torso esculpido de María Mercedes Méndez de García, exalcaldesa de El Castillo, asesinada en la quinta masacre de Caño Sibao junto a cinco militantes más, entre ellos, William Ocampo, alcalde electo, con quien se encontraba realizando el empalme de gobierno.

Hacia el año 87, en el actual Parque de la Memoria, María Mercedes fundó el monumento «Anhelos Infinitos e Irreversibles de Paz». Este obelisco que porta en su punta una paloma blanca, se construyó como un símbolo para cerrar la brecha de la violencia partidaria. En su elaboración confluyeron instituciones como la policía, el ejército, la iglesia, y también algunos sectores de la insurgencia que hacían presencia en la región.

María Mercedes también levantó una bella concha acústica que fungía como la espina dorsal de la cultura castillense. Esa obra fue destruida por los gobiernos de derecha en medio de la construcción del Parque de la Memoria. En su lugar se impuso un polideportivo semiamurallado, totalmente silencioso.

Elena Henao lamenta que las plazas de mercado hayan desaparecido del parque junto a las familias campesinas que vendían las verduras, frutas y animales. «Tumbaron los árboles bajo los que se juntaba la gente a pasar el sol de mediodía. Ya no hay nadie. Ya no hay nada (…) Sin embargo, acá estamos. No nos rendimos», finaliza con la mirada perdida en el parque.