De jóvenes, crisis, negociación y poesía

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Protesta en rosa. Foto Manuel Antonio Velandia M.

Manuel Antonio Velandia Mora

 ¿Este es el punto de inflexión que el país necesita? Esta no es una pregunta retórica. Una crisis como la que estamos viviendo actualmente, en la que los jóvenes tienen una participación muy activa de llevarnos a considerar si este realmente es el punto de no retorno.

La agudización del conflicto debida a la excesiva respuesta militar y paramilitar debe llevarnos hacer conciencia que desde el “fin del conflicto”, o más correctamente desde la firma del Acuerdo de paz no habíamos tenido una oportunidad en la que fuese tan evidente la polarización a la que nos ha llevado el actual gobierno.

Me llama la atención que algunos periodistas y personajes de la política colombiana, consideren que son ellos quienes deben discutir en la negociación entre el gobierno y la sociedad civil, cuando son precisamente ellos y ellas los menos representativos.

Necesariamente emerge la idea de la importancia de negociar con los jóvenes universitarios, pero entonces cabe preguntarse si la mayoría de los jóvenes que participan realmente son estudiantes. Evidente muchos de los y las jóvenes participantes son desempleados y con un bajo nivel de escolaridad, que pertenecen a estratos socioeconómicos y condiciones sociales que definitivamente no les permiten estudiar, pues no podemos perder de vista que en este país la educación sólo es posible para las élites económicas y alguno que otro becado.

Si realmente se quiere escuchar a los jóvenes, entonces tenemos que prestar oídos a aquellos a quienes nunca se escucha, porque en este país los políticos parecen tener muy claro que quienes pertenecen a los sectores populares no tienen opinión y no pueden aportar cosa diferente a votos.

Constitucionalmente tenemos derecho a la opinión, pero ésta es una falacia, ya hemos visto como a quienes opinan le destruyen el cerebro a punta de municiones.

De títere y ventrílocuo

En la interesante entrevista de la periodista de Univisión Patricia Janiot a Duque, ella se atrevió a preguntarle si realmente él era un títere. Por fin una periodista seria se atreve a decir lo que todo el mundo comenta, pero nadie se autoriza a comunicar oficialmente.

Éste no fue un incómodo momento, porque evidentemente él ya sabe que es un títere. Duque lo negó, como era de esperarse, y completó su respuesta exaltando el trabajo que cree que ha hecho por el país en los últimos años.

Precisamente ahí está el problema, incluso como presentador de televisión es un desastre. El oportunismo mediático lo llevó incluso a entrevistar personajes tan mediocres como él.

No fue esta la mejor manera de responder a la pandemia de la Covid 19; la violencia policial y del ejército tampoco lo es para responder a la crisis social y política que ahora vivimos.

Los jóvenes de nuestro país merecen respeto. Debe reconocérseles como interlocutores válidos. El problema radica en que el conflicto se puede tornar mucho más violento si continúan los pronunciamientos incendiarios de Álvaro Uribe Vélez y las respuestas necias y de oídos sordos que Duque suelen dar.

Los ciudadanos lo son en el enemigo, el verdadero enemigo es la ineptitud del gobierno y ya todos sabemos quien lo preside.

En el comité de paro hay jóvenes, muy pocos jóvenes habría que aseverar. El Comité de paro no es representativo de ellos y ellas, los jóvenes lo han desbordado. Por eso, es necesario recomponer la negociación, y esos jóvenes que nunca han sido escuchados debieran ser unos de los interlocutores invitados al proceso.

Sería la única manera de lograr un mínimo de confianza, la otra forma sería realmente cumplirles lo que se promete. Aquí está el meollo del asunto, no puede construirse una agenda política mintiéndole a los ciudadanos.

Los jóvenes no son extremistas, simplemente quieren ser escuchados.

SALDO EN ROJO

Se me entrecorta el aliento,

tengo el corazón arrugado,

el ceño me ha quedado fruncido,

la respiración acelerada;

el puño cerrado atrapa la ira.

Me duelen los jóvenes,

sus esperanzas que no se pierden,

su empeño por hacerse escuchar,

los oídos sordos,

las bocas que se abren para crear acuerdos

sabiendo que expresan mentiras.

La historia se repite

jornada tras jornada,

maltrato tras maltrato.

Salen a la calle,

marchan esperanzados en que algo puede pasar,

prefieren creer que ésta noche regresarán,

que un tiro no cercenará su vida para siempre.

La resistencia es su triunfo,

la paciencia su poder.

la persistencia su legado;

resisten ante las cortinas de humo,

el miedo no logra derribar los;

no temen al vandalismo estatal,

ellos sí saben de diálogos horizontales.