De combatiente a sonidista en la película ‘Memorias guerrilleras’

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Xiomara Martínez en la realización de la película Memorias Guerrilleras. Foto Jacinto Constante, firmante de la paz

Carolina Tejada
@carolltejada

Xiomara Martínez* conoció la guerra siendo una niña campesina en la región del Guayabero, en el departamento del Meta. Existía un solo internado, el Vega López, ubicado en las veredas de la región.

El acceso a la educación de los niños y niñas dependía del poco presupuesto para mantener el plantel educativo abierto, el profesor de la escuela vivía con la incertidumbre “de si el próximo sueldo se lo iban a pagar o no” y con lo poco que ganaba le tocaba sacar de su sueldo para comprar las herramientas para las clases. Esta situación descrita por Xiomara, se sumaba al profundo abandono estatal en el que la pobreza era el común denominador en la población.

La guerra se concentró con mayor violencia en esta parte del país a finales de los años 90, lo cual hizo que la niñez de Xiomara fuera muy difícil: “Los combates eran cerca de las casas y a veces teníamos que salir con las cobijas blancas para que los bombarderos vieran que éramos civiles y que no dispararan cerca, y ni eso, porque muchas veces no respetaban”.

Y cuando no había bombardeos, entonces pasaban los operativos: “nos interrogaban, -a los menores de edad, haciendo referencia al Ejército- nos decían que no podíamos mentir, preguntaban por Gentil, por lo que hacía mi papá o los otros campesinos. Y había gente que la torturaban para que hablara”.

Desde muy joven fue crítica de la realidad política del país, su papá era de la Unión Patriótica, y por él conoció mucha literatura. Su papá guardaba en su casa en unas bolsas de plástico, algunos libros, y ella, cuando él salía a trabajar, los sacaba para leer: “El primer libro que me leí era uno de Alfredo Molano. Me lo leí todito y cuando sentía que venía mi papá, lo volvía a guardar”. Ante la imposibilidad de vivir su niñez y juventud con tranquilidad decidió unirse a las FARC-EP. Al inicio, comenta: “me fui por pura necesidad, pero ya después con el estudio y la formación me convertí en una mujer revolucionaria”, la lectura nunca la abandonó. Recuerda que, en una marcha, mientras iban parando, se leyó el libro “El hombre de hierro” sobre Simón Trinidad.

En la guerrilla, antes del proceso de paz, recuerda que todos tenían los mismos deberes y los mismos derechos. Allá comprendió que todas las personas eran iguales, en cuanto a la dotación, la asistencia médica o la alimentación: “para la cocina estábamos hombres y mujeres, todos los trabajos se hacían por igual. Y esas son prácticas de las que se habla en el feminismo”.

En medio del proceso de diálogo que se adelantó en La Habana, Xiomara, que había hecho parte de la tropa del Frente Oriental pidió traslado para encontrarse con sus hermanas en el sur occidente.

Ella es la menor de tres hermanas que estuvieron en la guerrilla, su trabajo en ese momento era el de organizadora, y cuando se trasladó al sur, llegó a Tumaco y posteriormente a la Zona Veredal de Transición y Normalización Carlos Patiño, en La Elvira, en el departamento del Cauca. Allí asiste a los cursos de género y feminismo, de violencias basadas en género y posteriormente a los cursos de comunicaciones.

Así llegó Xiomara, luego de asistir a cursos de enfermería y ser organizadora, pasó a ser parte del equipo de personas de las escuelas de comunicaciones de las FARC-EP. Gracias a sus conocimientos técnicos aprendidos terminó apoyando la realización de la película: “Memorias guerrilleras”. Cuenta que “todas queríamos estudiar, aprender algo en esas zonas, -las de transición en el marco de acuerdo- si nos decían hay un curso de arepas, pues todo el mundo se inscribía”, y recuerda que “cuando nos dijeron lo de la película muchas personas se metieron”.

Ella terminó como sonidista de apoyo y posteriormente como actriz de una de las cinco historias paralelas que escribieron las mismas personas excombatientes y que fueron seleccionadas entre muchas. Esta película, es la primera que se realiza por excombatientes, firmantes del acuerdo de paz, dirigida por Ricardo Coral Dorado.

Cada historia logra mostrar algunas de las realidades por las que muchas personas, en particular las mujeres, ingresaron a la guerrilla. Refleja algunas de esas violencias basadas en género que, en medio de una sociedad machista, en la vida familiar y social se dan en el campo. “Por ejemplo está la historia de la muchacha que quiere estudiar medicina, pero el papá no la deja porque tiene que ir primero a sembrar plátano y yuca. O no puede porque simplemente no hay internado” comenta. Pero también, narran las vivencias y temores de quienes ingresaron a la insurgencia y luego llegaron al proceso de transición a una vida sin armas.

Recuerda Xiomara que “uno de nuestros principales miedos era llegar a la vida civil. Y en la guerrilla siempre nos decían que la salida a este conflicto era por la vía insurreccional o la vía negociada. Y nos preparamos para todo, incluso para firmar un acuerdo de paz. Pero también sabíamos lo que estaba pasando con los civiles, los estaban matando”. Esa situación es una de las tantas cosas que muestra la película como nunca antes, libreteada, narrada y actuada en el país.

A Colombia le ha faltado pedagogía para entender lo que sucede en el país, comenta. “Nosotras firmamos un acuerdo de paz y este país debe entender que ya debe dejar de matarse. Nosotras somos personas de carne y hueso, que nos fuimos por unas causas reales, y firmamos la dejación de armas, pero no los ideales, y queremos seguir construyendo país”.

Al terminar la película, Xiomara continuó estudiando, validó el bachillerato e ingresó a la universidad. Ahora ella sueña con poder realizar más proyectos: “nos gustaría hacer otras pedagogías desde los productos audiovisuales. Mostrar otras cosas que hacemos las mujeres, más allá de la televisión, porque solo muestran estereotipos y aquí, en esta sociedad solo por ser mujer nos están matando, más allá de ser exguerrillera, aquí lo matan a uno por ser mujer. Y desde allí, desde lo audiovisual, podemos transformar, educar, y podamos seguir construyendo otras realidades, tanto del campo, como de las mujeres y los niños”.

*Nombre de guerra de Andrea Pinilla

Esta producción fue coordinada por Consejo de Redacción en alianza con la International Media Support. Las opiniones presentadas en esta publicación no reflejan la postura de ninguna de las organizaciones