‘Cuate’: Un hombre con esencia femenina

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Norberto López

Las nuevas masculinidades son el resultado del ejemplo y prácticas de un hombre como ‘Cuate’, militante de la vida que luchó titánicamente no solo por la revolución, sino también por su familia con la dulzura y el cariño propio de la esencia femenina

Ana Elsa Rojas

En esta página se le hace un homenaje a un hombre que vio pasar la vida entre espinas y flores de variados colores. Él eligió la más bella de todas, la que cortó y puso en su pecho para regarla y lucirla con las eternas ideas del Partido Comunista.

De ese talante era Norberto López, fundador del Partido Comunista en el Cauca, al lado de importantes figuras como Tulio Guevara, Manuel Cepeda, José Gonzalo Sánchez, Álvaro Mosquera, entre muchos más que hoy no están, porque a unos se los llevó la violencia y a otros los ha sorprendido el final de la vida de forma natural, como Norberto López, quien falleció el pasado 23 de agosto a la edad de 96 años.

Plomero beligerante

Nació en uno de los barrios más pobres de la ciudad de Popayán, llamado Alfonso López, donde, junto a su madre, le tocó hacerse cargo de cuatro sobrinos, tres hombres y una niña de cuatro meses, pues, su cuñada murió y sus hijos quedaron bajo la “irresponsabilidad” del padre, que se dedicó al trago y a la perdición, lo que obligó a que Norberto asumiera el cuidado de sus sobrinos y sobrinas.

Todos lo conocíamos como ‘Cuate’, seudónimo que adoptó para salvaguardar su vida y la de su familia. Con ese nuevo compromiso, sumado a la crisis económica, no tuvo la oportunidad de estudiar, de manera que el sustento para su casa lo conseguía yendo a la casa de las “rancias familias” como lo describía él, y en su profesión de plomero, conoció por dentro la ciudad blanca, y pudo observar como la esclavitud seguía latente con el servicio doméstico.

Como una película de horror, donde a las mujeres se les castigaba con el látigo propio de la servidumbre de las familias de “grandes apellidos”, no solo las golpeaban, sino que las mantenían descalzas y llenas de niguas, de ahí el nombre de patojas y patojos, pues había hombres que también sufrían estos abusos.

Con la causa indígena

La lucha indígena por la recuperación de las tierras era muy convulsionada sobre todo en el Tolima y Cauca, en esa época liderada por Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez, quienes se destacaron como defensores de los y las indígenas, pero también del campesinado.

Este contraste entre paredes blancas, ilustres apellidos y la lucha de los indígenas, lleva a ‘Cuate’ a interesarse por las ideas revolucionarias. Conoció muy bien los debates políticos entre Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez. Al ver las diferencias ideológicas entre estos dos grandes luchadores, decidió abrazar el ideario de José Gonzalo Sánchez, uno de los fundadores del Partido Comunista en Colombia.

‘Cuate’ era un hombre que nunca llevó sus problemas personales a la vida del Partido. Siempre en sus tertulias, con la nueva militancia comunista, irradiaba el sentir de la lucha de los pueblos contaba que él, cuando se dio cuenta que José Gonzalo Sánchez, su maestro ideológico, luchaba con la fortaleza plasmada en programas para la liberación de Colombia, que estaba en manos de unos bárbaros, observó que el Cauca arrastraba problemas con un siglo de retraso frente al resto del país.

Militante invulnerable

Es así como decide ingresar al Partido Comunista, y de manera clandestina, combina su trabajo “remunerado” con el cuidado de sus sobrinas, sobrinos, y el de su madre, quien enfermó de tal manera que ella no podía valerse por sí misma. La tragedia social y su pesada carga de la vida familiar no fueron obstáculo para mantener la militancia, tanto en la clandestinidad, como en la legalidad.

En elecciones era el primero que estaba pidiendo las papeletas de los candidatos del Partido, para distribuirlas en los sectores indígenas, tarea que desempeñaba con un sigilo enorme, pues, tenía la experiencia de que ahí estaba la trampa de los partidos tradicionales. Se las ingeniaba para dejar la propaganda en las grandes casas de los ricos o familias «rancias», y con una alegría inmensa, contaba que no lo descubrían porque el aprendizaje de la «malicia indígena» lo hacían invencible. Por eso nunca pudo ser detenido a pesar de la estricta vigilancia que se cernía contra él, pues nunca combinó juergas de trago y vicio, sino que practicó una disciplina entre las tareas del Partido y su casa, lo que lo hacía invulnerable.

Contaba que para desterrar las costumbres burguesas era necesario no perder el tiempo en vanidades, como lo hacían Manuel Cepeda, Álvaro Pío Valencia o Álvaro Mosquera, quienes con su ejemplo le enseñaron cómo ser un impoluto revolucionario, pues también fueron ellos sus principales mentores.

Solidaridad inquebrantable

El jueves santo de 1983, en horas de la mañana, ocurrió el terremoto que causó la mayor destrucción en la ciudad de Popayán. Norberto fue el primero que estuvo en la casa del Partido Comunista, ubicada en el centro de la ciudad, para saber qué había sido de la suerte de una familia comunista que residía allí, pues una de las cosas que había que destacar y admirar del camarada era su solidaridad con la militancia.

No hacía distinción alguna, atendía con un amor inmenso como sus propios hermanos y hermanas de clase, hasta el punto que cualquier camarada que no tuviera para comer en una de sus humildes vasijas, empacaba el famoso sancocho patojo que lo hacía en un fogón de leña y les llevaba hasta su lugar de residencia.

Era el segundo de nueve hermanos, que se alejaron de él por el peligro que pudieran correr, pues ser comunista en esas condiciones no era nada fácil, pero además pobre y ateo: peor. Razón por la cual batalló solo con la enfermedad de su madre, quien murió a los 89 años.

A sus sobrinos y sobrinas los sacó adelante, sobre todo a la niña de cuatro meses, a la que meció en sus brazos, Mary Luz López; se profesaban un amor de padre e hija, por eso llevan en su alma y espíritu el aroma de mujer.

Las nuevas masculinidades son el resultado del ejemplo y prácticas de un hombre como ‘Cuate’ que, así como luchó titánicamente por la revolución, también defendió su familia con la dulzura y el cariño, propio de la esencia femenina.

Le dieron el adiós, su familia comunista y su adorada sobrina Mary, que siempre estuvo a su lado sin desampararlo un solo momento.

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