Cuando lo invisible es visible

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El Primer Campo Profundo de Weeb, es la primera imagen operativa tomada por el telescopio James Weeb. Muestra el cúmulo de galaxias a 4.600 millones de años luz de la tierra. Foto NASA

Las primeras imágenes del telescopio James Weeb le han mostrado a la humanidad lo fantástico que es el universo. Se inaugura una nueva etapa de la observación espacial por medio de la tecnología de punta infrarroja

Claudia Flórez Sepulveda

La observación del cielo tanto en el día como en las noches ha sido una constante tarea de la humanidad, que ha permitido solucionar problemas como precisar las épocas oportunas para las siembras, definir el tiempo y orientar los desplazamientos tanto en el mar como por tierra, entre otras. Esta observación permitió la construcción de valiosos conocimientos que ayudaron a la supervivencia de la especie.

La observación pasó a realizarse con instrumentos, los catalejos, lentes y telescopios ayudaron a Nicolás Copérnico y a Galileo Galilei, ambos padres de la astronomía moderna, a realizar importes descubrimientos que dieron fuerza a revolucionarias ideas, las cuales contradecían el pensamiento hegemónico de la época, demostrando que la tierra no era el centro del universo.

Los desarrollos tecnológicos que potenciaron la aparición de poderosos telescopios han permitido a la humanidad conocer una parte de la esencia y naturaleza de los cuerpos celestes que nos rodean. En la exploración del universo los telescopios han sido una ventana para observar el espacio, que han proporcionado datos e imágenes que han cambiado la idea que se tenía del universo y de la vida.

Los detalles inéditos

El telescopio James Webb comenzó a desarrollarse en el año 1996, contando con el apoyo de 20 países, desarrollado y operado por tres agencias espaciales (todas las siglas son en inglés): la Agencia Espacial Europea, ESA; la Agencia Espacial Canadiense, CSA; y la estadounidense Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, NASA. El observatorio espacial tuvo un costo estimado de 10 mil millones de dólares, se lanzó desde la tierra el 25 de diciembre del año 2021 y pudo llegar a la órbita L2 el 24 de enero del 2022, dando a conocer las primeras imágenes el pasado 12 de julio.

Para el profesor universitario Rafael Camerano, especialista en el tema, el telescopio James Webb sustituirá al Hubble que, si bien seguirá funcionando, las capacidades del primero son superiores: “Permitirá la observación de zonas más lejanas por sus capacidades de detectar el infrarrojo con lo cual captará imágenes que consigan mirar con detalles inéditos la historia del universo, es decir, estamos a pasos de poder revelar cómo era el universo después del Big Bang”.

Es clave, tener en cuenta la ubicación del nuevo telescopio (Gráfico 1). Según explica Camerano, el telescopio Hobble se ubicó en la órbita baja de la tierra, a unos 570 km sobre la superficie de la tierra, lo que facilita repararlo en caso de ser necesario. Pero el James Webb está situado a 1.5 millones de kilómetros de la tierra, en el punto L2 lo que hace imposible salir a repararlo, lo que implica un gran riesgo en caso de un posible defecto, pero también es una gran oportunidad de captar zonas del espacio que no conocemos.

Fuente: Nasa

Puntos L

Los puntos Lagrange, también conocidos como puntos L o puntos de libración, son cinco y corresponden a espacios en el universo donde un cuerpo puede estacionarse o mantenerse siempre a la misma distancia de otros dos cuerpos, debido a la combinación de la atracción gravitatoria de dos cuerpos que proporciona la fuerza centrípeta para que orbite.

El mecanismo del telescopio es una serie de espejos de forma hexagonal, como una especie de panal de abejas, fabricados con Berilio y bañados en oro que además de protección, facilitan reflexión de la luz y no perder fotones. De acuerdo con Camerano, llama la atención la capacidad de su tecnología para captar la luz infrarroja, que para nuestros ojos es imposible de ver, lo que significa que se abre una ventana para poder ver el universo en expansión.

Desde la posición L2 se enviaron las primeras imágenes que conocimos la semana pasada, captadas por cámaras infrarrojas y con excelente precisión, lo que efectivamente representa un significativo avance para la ciencia.

Son muchas las apreciaciones que se desprenden. Resaltamos que son imágenes que evidencian galaxias, nubes y bruma. En la atmosfera del planeta WASP-96 existen señales de agua de este exoplaneta, dato clave para entender otras atmosferas. Por ejemplo, la Nebulosa del Anillo del Sur es una nube de gas en constante expansión donde por primera vez se muestra una segunda estrella agonizante. El poder captar imágenes sobre capas de polvo y gas tanto en las estrellas que envejecen como en las nuevas, permite ir conociendo la historia del universo.

El Quinteto de Stephan, es un grupo de galaxias ubicadas en la constelación Pegaso que, según información de la NASA, revela como la interacción entre ellas generan la formación de estrellas.

Fuente: Astronomic

El misterio que encierra al universo

Para el profesor Camerano, es importante tener en cuenta que estas imágenes que nos entregan refieren al pasado, son imágenes viejas, ya que la luz que capta el telescopio se emitió antes. Es decir, la luz no es instantánea, utiliza tiempo para viajar en el espacio y llegar a ser captada. Cuando observamos en la noche las estrellas, no estamos viendo la estrella en vivo, estamos viendo la luz vieja, la estrella pudo estar ya en extinción.

Las espectaculares imágenes captadas por James Webb han motivado a que la comunidad científica dilucide los numerosos misterios que encierra el universo. Sin embargo, “no hay claridad por parte de las agencias mencionadas que el acceso a la información recogida sea para toda la humanidad, que los resultados de las investigaciones científicas sobre el cosmos proporcionen conocimiento para todas y todos y que estas giren en función de salvar nuestro planeta. El reto es que no terminen encapsulando el conocimiento científico sobre el universo en función de seguir enriqueciendo aún más a los poderosos”, finaliza el profesor Camerano.