Criminalización de la acción barrial y comunitaria

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Proceso comunitario y barrial Corporación "Techo"

Entrevista con Andrés Duque el líder social acusado por el ministro Molano de ser uno de los vándalos responsables del incendio de la URI en Popayán

Yéssica Arandia 

Existe un potencial transformador histórico que habita en la experiencia de vida juvenil, éste que durante siglos ha protagonizado eso que desde la lucha popular llamamos “resistencia”. La rebeldía, que trasciende en momentos de injusticia hacia el ímpetu revolucionario como característica de las nuevas generaciones, tiene matices tan amplios que pueden recogerse desde el barrio hasta las calles.

En el marco del presente paro nacional que tiene a la juventud de Colombia en todos los frentes de resistencia desde hace un mes, muchas han sido las formas con las que el Gobierno nacional ha tratado de contrarrestar la protesta social.

Además de la represión que hoy mantiene al país bajo un manto violento de desapariciones, violaciones sexuales, heridos y asesinatos, el Gobierno estigmatiza y persigue a las y los jóvenes, al punto de adjudicar, el pasado 15 de mayo de 2021 supuestas “acciones terroristas” por parte de un grupo de jóvenes en Popayán quienes fueron señalados a partir de seudónimos de ser los responsables de la quema de la URI en la ciudad. Como lo indica un comunicado del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, estos seudónimos coinciden con cuatro líderes juveniles de este municipio.

VOZ dialogó con Andrés Duque, integrante del Colectivo Periferia Crítica, del movimiento ‘Los Sin Techo’ y miembro de la Juventud Comunista Colombiana en Popayán, líder social que fue identificado temerariamente por el ministro de Defensa Diego Molano con el alias de “El Caleño”. El joven expone su trabajo comunitario desde los barrios.

De la universidad al barrio

¿Cómo empieza su vinculación al trabajo juvenil?

-Me vinculé con grupos juveniles desde muy joven. En esa primera etapa que puedo ubicar a los 13 años realizábamos encuentros recreativos alrededor de fechas especiales. Luego me involucré en la universidad en un proceso que luchaba por el restaurante universitario a partir del liderazgo de la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios, ACEU.

Un tiempo después, producto de reflexiones alrededor del quehacer con el pensamiento que se construye en la universidad, volvemos al barrio con el fin de trabajar desde una iniciativa a la que le dimos el nombre de “Arte sano” desde la cual desarrollamos talleres de pintura. A partir de este proceso impulsamos una campaña que nos permitió un diálogo entre el arte y la política. Esta campaña se llamó ‘Avanzada juvenil por la paz’, de este proceso se da nacimiento al proceso de articulación Periferia Crítica y su iniciativa central es la Escuela Popular.

¿Cómo se articulan actualmente estos esfuerzos?

-El diálogo siempre muy activo en la universidad permitió conocer líderes de distintos procesos: A Andrés Maíz lo conocí como un gran líder de las cocinas de mesa larga de Popayán, a Daniel Gallego “Cheto” lo reconozco por su constante y fundamental acompañamiento en temas de derechos humanos y ha sido quien ha acompañado desde un inicio toda la lucha por el derecho fundamental a la vivienda popular y comunitaria; a Wilson Andrés lo conozco desde espacios deportivos y de resistencia, él es el primer joven que se involucra de lleno en el acompañamiento a unas familias desalojadas en el 2018.

Desde ese momento la lucha por el derecho fundamental a la vivienda ha sido un eje importante en la construcción de una ciudad incluyente y democrática; y todo este proceso, que nos une a los cuatro y un grupo de mujeres y hombres mucho más amplio, da como resultado la propuesta de Eco-barrio Sinaí.

La crisis derivada por la pandemia del covid-19, aceleró la difícil situación económica de la ciudad y esto dio como resultado nuevas ocupaciones del trabajo cívico comunitario desde las cuales se han constituido varias nuevas corporaciones. El movimiento ‘Lxs sin techo’ es el resultado de la articulación de tres corporaciones en concreto: Corporación “Techo”, Corporación “Tejido Popular” y Corporación “Sinaí”; hasta el momento se ha desarrollado un gran encuentro por la vivienda en el que participaron más de tres mil familias. Y en ese espacio se definió la participación en el gran paro nacional.

El barrio, territorio en disputa

¿Cuáles son las dificultades de los jóvenes en los barrios para acceder a sus derechos?

-Popayán es una de las tres ciudades con mayor desempleo en el país por lo que su economía es informal y popular, en la mayoría de los casos no se logra suplir los estándares mínimos de derechos laborales. Además, la política que se implementa en la ciudad estigmatiza y persigue a sectores vulnerables como los vendedores informales, los jóvenes informales.

Popayán también es una ciudad compuesta por una mayoría de familias muy jóvenes no mayores a los 22 años, quienes fortalecen el sector de los moto-trabajadores y el sector de la construcción para responder por sus hogares, población que pertenece en gran cantidad a los barrios periféricos, donde a su vez, se han incrementado los conflictos entre jóvenes y adultos por el uso de espacios comunes. El derecho a la educación superior, por ejemplo, se ve bastante afectado.

¿Cuáles son los retos de las y los jóvenes de los Sin Techo y en general, a nivel nacional en el trabajo barrial comunitario?

-En el marco de la crisis sistémica actual, como juventud tenemos como reto el poder tejer, o darle vida a ese otro espacio que sea capaz de dar solución a las problemáticas más urgentes, como el tema de alimentación, salud o bien sea alrededor del descanso y la recreación. El reto es fortalecer los procesos de asambleas, de comités de trabajo, y demás espacios que puedan recrear un nuevo poder, que sea de y para los trabajadores, de las y los jóvenes, pensar un Estado que de verdad garantice los derechos.

En el barrio hay un potencial inmenso de trabajo, se trata de un territorio en disputa por la vivienda digna, por la apropiación de espacios y por derechos. El trabajo cívico comunitario, conjugado con las luchas estudiantiles, universitarias, agrarias, las luchas por el trabajo digno, las luchas de las mujeres, de las diversidades, desde lo ambiental, y el arte y la cultura, es la mejor forma en que seguimos siendo esa resistencia.

Por supuesto que, rechazamos la criminalización de nuestro trabajo, en general, la criminalización de la vida juvenil, nuestro trabajo es por la vida digna, por la paz y una mejor sociedad.