Conmemorar la vida en medio del estallido social

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Las nuevas dinámicas de la confrontación y la creatividad en las movilizaciones se deben comprender como un fenómeno acumulado de la resistencia del pueblo colombiano. Edición de fotografía María Paula Cruz

La juventud está mostrando el camino: La democracia directa, la participación ciudadana, la barricada, la barriada y la unidad en las calles como expresión de la resistencia y la soberanía popular

Sergio Carvajal

“Que vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría / Son aves que no se asustan, de animal ni policía / Y no le asustan las balas, ni el ladrar de la jauría / Caramba y zamba la cosa, que viva la astronomía”, son las hermosas frases de Violeta Parra, inmortalizadas por la cantora Mercedes Sosa, en homenaje a la estudiantina. No solo conmueven, sino que inmediatamente trasladan a los hechos que conmemoran el día del Estudiante caído.

Lamentablemente la fecha se ha convertido en una tradición al revés. Por el contrario de convertirse en una remembranza histórica para recordar el vil asesinato de Gonzalo Bravo Pérez ocurrido el 8 de junio de 1929, y los posteriores hechos del 8 y 9 de junio de 1954 donde el Batallón Colombia desenfundó sus fusiles en contra de los estudiantes Hernando Ospina López, Rafael Chávez Matallana, Jaime Pacheco Mora, Carlos J. Grisales, Jorge Chía, Hugo León Velásquez, Jaime Moore Ramírez, Álvaro Gutiérrez Góngora, Hernando Morales y Elmo Gómez; esta fecha se ha convertido en la sumatoria año tras año de más muertes por parte del régimen de turno en contra de la juventud.

La frase con la que se titula este escrito no incluye la palabra ‘Caído’ y tiene una significación inmensa. En sentido estricto, ‘Caído’ hace referencia a la muerte. Los hechos actuales en los cuales se desenvuelve la coyuntura política son de muerte. Desde la perspectiva de la denuncia, podría bastar, en este contexto, hacer un recuento histórico de todos los ‘Caídos’. Sin embargo, eliminar la palabra de manera deliberada es un mensaje concreto a la lucha. No han caído, siguen levantándose contra la opresión y esto implica hacer una alegoría a la vida, no a la muerte.

Esa vida que arrebatan a la juventud se convierte a su vez, en experiencia y acumulados de lucha. En las multitudinarias movilizaciones sobre las cuales se presentan los hechos del paro nacional donde se han evidenciado en más de 30 días de marchas organizadas y de focos de resistencia, el renacer de una generación que permite mantener viva la esperanza de un cambio estructural, cuyo ejemplo es imprescindible enarbolar.

Un cambio que haga justicia a la memoria

¿Cuál sería entonces ese cambio estructural? Es ese histórico y actual potencial juvenil con el que hoy se conmemora el 8 y 9 de junio, el hecho que está mostrando el camino: las vías de la democracia directa, la participación ciudadana, la barricada, la barriada y la unidad en las calles.  Construir en torno a ello es lo fundamental, alejados de las viejas prácticas en las que hemos luchado. Más de medio siglo jugando en un campo funcional y en ventaja de nuestros enemigos, y seguir contando muertos del pueblo es lo que nos espera en caso de no cambiar nuestra forma de ver las salidas y los escenarios en perspectiva.

Pasa por desbordar la actual lectura de los movimientos políticos, sociales y los partidos revolucionarios, más allá de la defensa del Estado Social de Derecho.  El poder constituyente, la construcción de nuevas subjetividades y la formación de la conciencia política a favor de cambios democráticos y revolucionarios, los cuestionamientos a la legitimidad de las instituciones están a la orden del día. Es un paso hacia una democracia avanzada. Organizar esas rebeldías es el unísono de la alegoría de la canción de Violeta Parra.

Ésta misma que describe muy bien la esencia de la voluntad de las y los jóvenes que integran las líneas de resistencia en todos los puntos de bloqueo, en los plantones, en las marchas, y que nos remite, además, a un tema olvidado que sale a flote cada vez que hacemos una lectura del momento político y social: la combinación de todas las formas de lucha de las masas populares que varía en la medida en que el régimen muestra su autoritarismo guerrerista. La “gente de bien” masacrando la juventud y la respuesta del gobierno con la militarización de los departamentos y ciudades son el reflejo de esta esencia.

Renovar la táctica

Entender las nuevas dinámicas de la confrontación, la creatividad en las movilizaciones mucho más carnavalescas, más nutridas, más frecuentes y sostenidas se debe comprender como un fenómeno histórico acumulado de la resistencia del pueblo colombiano. Una respuesta al ejercicio violento del poder por parte de la oligarquía, que desde sus escaños de poder combina la represión institucional con formas ilegales y criminales implementadas con distintas modalidades de terrorismo de Estado son halladas en las líneas de defensa.  No sólo la Primera Línea, muy relevante por demás. Son formas de organización juvenil y de resistencia enmarcadas en este contexto de combinación de formas de lucha.

La necesidad de articulación es una deliberación que venimos dando en los territorios donde se desenvuelven los actuales acontecimientos, imperiosos para lograr focalizar en una sola fuerza los pliegos, solicitudes y quejas de todos los actores en ejercicio. Espacios como asambleas populares, cabildos abiertos (no sólo los entendidos legalmente en el ámbito de la constitución nacional), sino todos aquellos que promulguen la participación directa de los actores en movilización, paro y bloqueo como cúmulo de un Pacto Histórico en construcción son tareas del momento.

El ejemplo multiplicador

Formas de lucha como la pedagogía popular es imprescindible para acrecentar el entendimiento de la sociedad en las problemáticas sociales, económicas, ecológicas que nos aquejan y que son el sustento estructural del paro nacional y del descontento.  La lógica en la academia es que las tareas las dejamos para último momento, antes de vencerse la actividad, so pena de sacar una nota que nos permita pasar la materia. Esta no puede ser una experiencia a copiar en el contexto político. Acá la tarea nos toca hacerla antes, sin esperar plazos perentorios, de lo contrario, no sólo perderemos el semestre, sino toda la carrera por anticipado.

Entender esto en la conmemoración del 8 y 9 de junio, implica en esa misma medida, reconocer que muchos jóvenes en las calles son quienes han sido históricamente cohibidos del derecho a la educación (en el caso mayoritario de la educación superior), y que la lucha de las y los estudiantes para que la educación pública, gratuita, universal, integral, sea una realidad ya no es por ellos, sino con ellos. Por ello, todos y todas las jóvenes de Colombia en este momento, reafirman el ánimo esperanzador con el que cada año conmemoramos no la muerte, sino la vida, no a los caídos, sino su ejemplo multiplicador que revive en el levantamiento popular.