Con viento a favor

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Hernán Camacho
@camachohernan

El Pacto Histórico es un hecho político de gran importancia para los tiempos políticos actuales. La decisión de unir las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias del país está empezando a tomar vuelo con viento favorable.

Del llamamiento leído por Margarita Rosa de Francisco, el pasado 11 de febrero a la definición del tipo de listas al Congreso de la República, y el mecanismo de elección del candidato único a la Presidencia, pasamos a la tarea de construir la propuesta de programa con agenda regional.

El Pacto tiene como premisa la unidad más amplia posible para ganar. En cada reunión de las fuerzas políticas que lo dinamizan, se suman voces representativas de sectores sin tradición política de izquierda. Asoman liberales en rebelión y liderazgos alternativos muy significativos en regiones de usanza uribista. Vendrán adhesiones que ayudarán a tejer hilos de unidad y atraer nuevos sectores que multipliquen la fuerza del Pacto Histórico.

La decisión de construir un programa de gobierno común que refleje, no solo la agenda de diversas fuerzas políticas, sino las necesidades de las regiones, sus luchas por la defensa del territorio, la protección del agua, contra la corrupción y el derecho a vivir en paz serán temas de un programa de elaboración colectiva. Menos centralismo político puede ser la clave para ampliar el Pacto. Un programa que refleje la dinámica política y las luchas sociales de cada región se convierte en una herramienta de movilización social.

Otro pilar es la contribución de las mujeres. En la conformación de las listas para el Congreso las compañeras son imprescindibles. Parece convincente la tesis que en el Pacto las mujeres no entrarán a cumplir una “cuota de género” – error endémico en la izquierda-, sino que estarán en la elaboración de la línea política, la cabeza de lista al Senado y el programa de Gobierno nacional alternativo. Luego entonces, se prevé un programa incluyente, transformador y un nuevo insumo en la lucha contra el patriarcado.

Los retos son particularmente difíciles. Ganar un número histórico de congresistas que permitan consolidar una bancada alternativa, ya no de oposición sino en Gobierno, elegir un candidato único de la consulta entre Gustavo Petro proclamado por la Unión Patriótica y la Colombia Humana, Roy Barreras el candidato de los sectores liberales y socialdemócratas, y Alexander López del Polo Democrático Alternativo. A esa parrilla se sumaría Camilo Romero tras su solitaria y perdida disputa al interior del Partido Verde contra el cantado aval a Sergio Fajardo. El objetivo es ganar las elecciones a la presidencia de año 2022 en primera vuelta.

La unidad es un proceso dispendioso, con distintos tiempos y ritmos políticos. Hay que ver la política con generosidad, dejando a un lado el sectarismo y el ultraizquierdismo. El momento reclama afinar el oído para escucharnos, entender que el Pacto Histórico se hace no solo con los mismo de siempre, sino fundamentalmente más allá del clásico espectro de la izquierda para derrotar el contubernio de la derecha fascista, los clanes mafiosos y las empresas corruptas que se potencian en elecciones.

Tampoco cabe la estrechez política porque de lo que se trata no es de sacar réditos para la “chapa”, sino cómo la organización política le aporta a la transformación de Colombia. Visto desde esa perspectiva, con la unidad avanzan todos los combos. El Pacto Histórico va tomando altura de cara al 2022.

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