Cinismo y arrogancia

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Nixon Padilla
@nixonpadilla

Luces, cámara y acción. La finca de Rionegro estaba preparada, con los animalitos de fondo y el mantelito floreado. El atril del victimario encabezaba la escena. Debajo sus interlocutores sentados para recibir la versión del verdugo. Las cámaras dispuestas para transmitir en directo la verborrea justificadora y revictimizante. La transmisión en directo, realizada por las redes del uribismo, además de no estar pactada, se organizó visualmente para enaltecer la imagen del caudillo y establecer una postura de superioridad sobre los comisionados.

La entrevista de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición con el Álvaro Uribe terminó siendo convertida en una estrategia de mercadeo político para legitimar el discurso contra el proceso de paz y de negación de la responsabilidad del expresidente en las atrocidades cometidas por organismos del Estado bajo su responsabilidad.

Como pocos, Uribe Vélez logró imponer sus condiciones ante la Comisión de la Verdad, impidió ser contra preguntado, y cuando los magistrados se salieron del libreto, su arrogancia y prepotencia se adueñaron del escenario. Su misoginia se alborotó cuando escuchó a la magistrada Lucía González preguntar y argumentar. Hasta su hijo estaba tras bambalinas, dispuesto a atacar en defensa de su padre, agrediendo implacablemente a la comisionada.

El inicio de la entrevista dejó ver la calculada estrategia. No reconoce la legitimidad de la Comisión de la Verdad por ser una institución producto del proceso de paz, pero acepta la entrevista ante ella para usarla como si fuera un talk show norteamericano. Toda una jugadita, propia de sus compadres del Centro Democrático.

En adelante, todo su discurso fue una agresión a las víctimas, no solo por su tono justificatorio, sino por intentar deshacerse de sus responsabilidades exculpándose, echando el agua sucia a sus subordinados. Ya lo hizo con su exabogado Diego Cadena y ahora con los soldados que cometieron crímenes de lesa humanidad.

A pesar del esfuerzo de los Comisionados encabezados por el Padre Francisco de Roux, la entrevista a Álvaro Uribe por parte de la Comisión de la Verdad deja un mal sabor entre las víctimas. El problema no es que Uribe diga lo que siempre ha sostenido, el problema es que la Comisión de la Verdad termine convirtiéndose en altavoz de quien siempre ha tenido los medios para justificar sus responsabilidades, mientras las víctimas apenas logran alzar la voz en medio del silencio mediático de sus tragedias. El problema no es escuchar las versiones del poder político, sino que estas terminen convirtiendo a la Comisión de la Verdad en su caja de resonancia.

No aporta para nada a los mandatos de la Comisión de la Verdad este tipo de espectáculos. Es una nueva afrenta a las víctimas, revictimizadas y nuevamente estigmatizadas. Escuchar a todas las fuentes para aportar a la verdad siempre será necesario, pero las condiciones para hacerlo no pueden terminar dándole tratamiento privilegiado a la “verdad” de los victimarios.

Al final de la sesión que duró cerca de cuatro horas y media, nada nuevo salió. El cinismo de Uribe hizo una nueva exhibición pública. La arrogancia del entrevistado laceró de nuevo el sufrimiento de las víctimas del Establecimiento. Este capítulo reafirmó que el uribismo no tiene ningún interés en reconocer, en aportar a la verdad, ni mucho menos a la reconciliación de los colombianos.