Amos Tutuol, autor de la novela ‘El bebedor de vino de palma’, nació el 20 de junio de 1920 en Abeokuta, Nigeria. África y América Latina celebran su primer centenario

Pedro de la Hoz – Diario Granma de Cuba

Cuando la colección Cocuyo publicó en 1968 El bebedor de vino de palma, los lectores latinoamericanos descubrimos que la contemporaneidad africana poseía credenciales más que suficientes para instalarse en el imaginario de los habitantes del continente, pero en especial en el proceso que vivía Cuba.

No se trataba únicamente de un avecinamiento histórico y cultural, ni de compartir identidades, sino de asistir a la develación de un filón original necesario para enriquecer nuestra experiencia literaria.

Las letras africanas

Amos Tutuola, autor de aquella novela, nació el 20 de junio de 1920 en Abeokuta, Nigeria; de modo que celebramos su primer centenario, y mucho nos hubiera gustado que el texto mencionado fuera, en la actualidad, más que una referencia lejana para las actuales generaciones.

A partir de la publicación de El bebedor de vino de palma, el sistema editorial cubano desarrolló un ingente esfuerzo, sin paralelo en América Latina, por traducir novelas, cuentos y poesía de autores africanos. Haría falta pulsar el grado de penetración y permanencia en los lectores de tamaña empresa, limitada en los últimos años por las conocidas carencias del sector poligráfico. Sería necesario ventilar si al menos en los ámbitos académicos, y en la formación de maestros y promotores culturales, incluyendo los que tributan a los medios de comunicación, están de algún modo presentes las letras africanas.

La novela de Tutuola se leyó con avidez en Cuba a fines de los sesenta y a lo largo de los setenta por numerosas personas que, por entonces, se empataban con el realismo mágico de Juan Rulfo, la memorable saga de los Buendía en las novelas de Gabriel García Márquez, con la reedición de El reino de este mundo, de Alejo Carpentier, y gozaba de la fabulación popular de Samuel Feijóo.

Un símbolo

Los vasos comunicantes se notaban en el destino de un hombre que, al perder a quien sangraba –así se dice- las palmeras para obtener la materia prima de la bebida, emprende un viaje en su búsqueda -aquel ha muerto- que lo lleva a uno y otro confín de su tierra nigeriana, en medio de delirantes hallazgos y aventuras.

Alentado por la imaginación y audacia de Tutuola, incisiva en cada línea, el lector que viaja con el protagonista desea que siga su periplo para ver qué más tiene que mostrar. Ese mismo interés, aunque ya sin el factor sorpresa, generó la publicación en 1980, por la editorial Arte y Literatura, de otra importante novela de Tutuola, Mi vida en el bosque de los fantasmas.

Wole Soyinka, merecedor del Premio Nobel, y yoruba como Tutuola, considera a este como el patriarca de la literatura nigeriana que logró trascender las fronteras del continente. En su país es un símbolo. En África también.

VOZ te necesita 

📢 Si te gustó este artículo y quieres apoyar al semanario VOZ, te contamos que ya está disponible la tienda virtual donde podrás suscribirte a la versión online del periódico. Ofrecemos el mejor análisis político, económico y cultural para pasar la cuarentena en casa.

#QuédateEnCasa y lee el semanario VOZ.

👇🏽👇🏽👇🏽

tienda.semanariovoz.com