Cepeda, indoblegable

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José Ramón Llanos

En el Partido Comunista Colombiano hay camaradas fallecidos eternizados en la consciencia y en la memoria de todos los militantes y de todos aquellos que los conocieron, Manuel Cepeda Vargas es uno de ellos. Las razones para esta gratitud y permanente presencia del comunista indoblegable son múltiples. Todos valoran su firmeza en la defensa y comunicación de los ideales comunistas, su honestidad y su indeclinable aplicación de la línea política partidaria y los resultados de su labor de comunista impar.

Manuel Cepeda Vargas ingresó al Partido Comunista Colombiano en 1953, cinco años después en 1958 fue elegido miembro del Comité Central, a partir de ese momento inició la reorganización de la Juventud Comunista, JUCO. Se destacó por sus denuncias de los ataques militares contra el campesinado de Marquetalia, eso le costó su encarcelamiento. En la prisión escribió el libro Vencerás Marquetalia. Esa obra es una expresión de la sensibilidad y la cultura literaria del poeta revolucionario.

Todas las tareas que le asignó el PCC las ejecutó con grandes resultados. En la dirección del semanario VOZ sugirió y ejecutó cambios que contribuyeron a mejorar el posicionamiento y la circulación del periódico. La Flecha en el blanco por la forma como desarrollaba los temas y la elegancia de su prosa la convirtieron en un referente para los nóveles periodistas.

Cepeda era un intelectual de una profunda formación humanista. Había estudiado y tenía un gran dominio de la literatura y el arte, pero además deja una obra escultórica, pictórica y poemas. Esta sensibilidad estética estaba unida a una sensibilidad frente a los problemas y carencias de las personas de extrema pobreza y cualquier ser humano abatido por la situación social.

Su preocupación por los demás estimulaba su firmeza y permanente acción política. Esa manera de ser lo condujo a desde temprana edad a militar en la Juventud Comunista Colombiana, JUCO, allí mostró la firmeza militante y la valentía y audacia de sus acciones políticas, por ello era frecuentemente detenido.

Fue representante a la Cámara y senador, en el parlamento demostró su habilidad para construir consensos lograr apoyos para sacar adelante proyectos positivos e incluyentes. Sacó adelante la ley que creó el Ministerio de Cultura, leyes de vivienda, procuró humanizar el conflicto armado que afectaba al país y para eso concitó suficiente apoyo para incluir en la Constitución el Derecho Internacional Humanitario. La significación de este aporte es fácil medirlo: hoy nos aterramos ante tanta barbarie producto del conflicto, ¿cómo hubiera sido la hecatombe sin la limitante de esa normatividad?

Todos sabemos que Álvaro Vásquez no es amigo de la lisonja, del elogio inmerecido, por esa razón es valioso el reconocimiento que hace de Manuel Cepeda:

“Siempre lo hemos asociado en el recuerdo como un Jacobino. Pensamos en la figura de Saint-Just. Su doble estructura humana y política contenía la fibra propia de quienes le dieron su fuerza inconfundible a una etapa de la Revolución francesa. Defendía las ideas con una fuerza insobornable. Y al mismo tiempo era modelo de un estoicismo nada común, lo que le permitió resistir la adversidad y la tragedia como algo incluido en su vida y en su lucha”. La pintura, los dibujos y las esculturas de Cepeda pocos las conocen, deben conocerlas viendo el documental de Lisandro Duque “Manuel Cepeda, un artista en la política”.