Celebremos jubilosos el Centenario del Partido Comunista Chino

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Centenario del Partido Comunista de China

Para Occidente, China ha sido una experiencia de difícil comprensión, especialmente en las últimas décadas, cuando se ha intentado identificar la naturaleza de la revolución y del socialismo de ese país considerando a la vez el modelo de desarrollo económico en que se empeñó el Partido Comunista desde los años 1980.

Los problemas que a muchos les suscita el análisis de esa experiencia generan confusiones que afectan las opiniones públicas en medio del centenario del PCCh. Para diversos estudiosos, y peor, aún para muchos representantes de corrientes revolucionarias, China hoy no es más que una expresión de la economía capitalista.

Aunque las sociedades occidentales reconocieron la trascendencia de la efeméride, aún no logran entender la importancia histórica de los acontecimientos que rodean la celebración del centenario de los comunistas chinos.

El problema radica en que muchas de las reflexiones son superficiales y se basan en opiniones no bien fundamentadas, simplificando la visión sobre la importancia de los aportes de la República Popular China al desarrollo económico, científico, cultural y al equilibrio geopolítico mundial.

En 1939, en plena lucha contra el fascismo japonés, Mao señaló que la revolución china era de carácter socialista y proletaria, aunque implicaba a su vez elementos de una revolución democrático burguesa, en tanto todas las clases revolucionarias, bajo la dirección del proletariado, debían derrotar los intereses imperialistas. Mao reconocía que la revolución democrática desbrozaba “el camino para el capitalismo”, pero al mismo tiempo creaba “las premisas para el socialismo”. Por lo tanto, los comunistas chinos eran los llamados a consolidar los logros de la revolución democrática para así transformarla en una revolución socialista, la cual liberaría todas las fuerzas productivas.

En este sentido la revolución china se relaciona con la revolución bolchevique y la posterior revolución de Vietnam. En todos los casos, las fuerzas revolucionarias triunfaron en sociedades coloniales o semicoloniales, en las cuales las débiles burguesías existentes priorizaban su relación con los capitales internacionales antes que un proyecto de desarrollo nacional. Fueron los gobiernos socialistas los que comenzaron la formación del mercado interno y a desarrollar la industria y la producción agrícola nacionales, organizando la propiedad privada y estatal, sobre la base de cooperativas y de pequeños y medianos productores.

Esto no quiere decir que la situación china fuera una línea en ascenso desde 1949. Bien lo señalaba Mao 10 años antes: la tarea de la revolución, con su doble carácter, es dura y larga. La confrontación civil y la resistencia contra el Imperio del Japón implicó al país en más de 20 años de guerra, lo que dificultó el desarrollo del proyecto socialista. Y a su vez, los debates sobre la estrategia más adecuada para lograr el éxito del proyecto socialista. Estos debates derivaron hacia confrontaciones lesivas de la unidad partidaria.

Finalmente, Deng Xiaoping decidió iniciar una serie de reformas heterodoxas que ponían en riesgo el socialismo ortodoxo, pero no significaban su abandono. Deng estableció que la política de distribución de la riqueza previa descuidaba el desarrollo de las fuerzas productivas, y así, partiendo de las tesis de Lenin sobre la incapacidad de construir el socialismo en un país atrasado, inició una serie de medidas liberalizadoras que permitieron la privatización de empresas, así como de la economía campesina. De esta manera se apuntaló el ambicioso proyecto de las Cuatro Modernizaciones, inspirado en la Nueva Política Económica, NEP, con el cual se esperaba jalonar transformaciones fundamentales para competir con economías capitalistas, sin que el Partido perdiera el liderazgo político, manteniendo el horizonte del socialismo.

La economía china durante los primeros años del siglo XXI superó a las potencias capitalistas. Conforme los objetivos de desarrollo se iban logrando, los problemas sociales fueron objeto de mayor atención.

Desde 2017, en el 19º Congreso del PCCh bajo el liderazgo de Xi Jinping, se comienzan a reconocer los logros científicos, diplomáticos y económicos de la modernización. Pasaron a primer plano la atención a la desigualdad y la forma de eliminar la pobreza extrema, especialmente en los sectores rurales. El Partido y el Gobierno hicieron de los problemas medioambientales un asunto importante.

Las palabras pronunciadas el 2 de julio de 2021 por Xi Jinping con motivo del centenario del PCCh arrojan un balance de la etapa exitosa revinculada con el desarrollo material. Ahora es importante atender los retos que ofrece el cambio climático, la utilización de combustibles fósiles y otros contaminantes del medio ambiente. Además, se deberán resolver problemas que atañen a la existencia de la especie humana.

El Partido Comunista de China supo identificar la forma óptima de desarrollar una modalidad socialista coherente con su peculiar cultura, las particularidades de su historia y la idiosincrasia de su pueblo. Los pueblos sometidos al coloniaje imperialista deben estudiar el desarrollo socialista chino del cual se pueden identificar algunos elementos útiles para los procesos liberatorios y para asumir creadoramente el sendero socialista. Además, sin la existencia de China el imperialismo norteamericano impondría más agresivamente su rol de gendarme del mundo e intensificarían la explotación de nuestras economías y nuestras fuerzas de trabajo. Por todo eso, celebremos jubilosos el centenario del Partido Comunista chino.