Carta de una persona de Bien a nuestro queridísimo presidente Duque

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Juan David Aguilar Ariza

My President, nuestro Duque, our Lord, porque es así como lo llamamos nosotros, las personas de bien, invocando a nuestra verdadera estirpe, la de las castas, la de las familias de abolengo, la de nuestro amado feudo, y lo digo con todo respeto, mi Duque, porque en estos momentos, y de un tiempo para acá, una sarta de personas que nunca han ostentado apellido alguno, ni se han hecho con riqueza alguna —como muchos de nosotros que, a falta de apellido o de herencia, nos empoderamos a punta de polvo blanco—,  pretenden alzar su voz.

Faltaba más, my President, mano dura, mano dura como lo hicieron nuestros tataratatarabuelos, cuando llegaron a estas tierras cabalgando sus magníficos corceles, y como minoría que eran —que somos y seguiremos siendo—, supieron imponer su mandato. Gobierno que desencadenó la Democracia más estable de Americalatina, la que solo nosotros conocemos, la de la gente de bien, la que habla nuestro idioma, no la de esos indios y campesinos. Pero tú, mi Duque, corrígelos, enséñales a hablar inglés porque, como sabes, ellos no comulgan con la lengua hiperbórea ¿¡Habrase visto!? Cuando es un requisito para existir en este país, existir de verdad, como nosotros «¿Vous parlez français o do you speak English?», y si no responden ¿por qué tendrían nuestras amadas instituciones la labor tan dispendiosa de reconocerlos? Y es que ellos mismos se inventaron el cuentico ese de que hay desaparecidos ¿What? ¿En serio? Si solo puede desaparecer el que ha existido y esta gentuza no tiene ni apellido, o fortuna, o contactos para existir. ¿O es que el DANE de ahora en adelante tiene que incluirlos como si fueran parte de nosotros? No, señor, mano dura, mi Duque, mano dura.

Nosotros que somos emprendedores, nosotros que hacemos obras sociales para que no digan nada estos desadaptados.

¿No les son suficientes nuestros sacrificios, como ese bello sacrificio que es SER PILO paga, o el ICETEX, o ese otro de la salud que les ofrecemos a un módico precio? Pero es que se quejan y se quejan y se quejan. Deberían estudiar —como lo dice nuestra querida coetánea, ascendiente de Castilla y sus comarcas—, ¿que en dónde deben educarse?, pues la pregunta no es esa, sino qué es lo que hay que estudiar, porque nosotros les damos oportunidades para que aprendan algo que sí sirva, pero dizque ellos quieren pensar… por favor, para pensar nacimos nosotros. Que se ubiquen de una buena vez por todas.

Y es que en estos días escuché a un joven que nadie sabe quién es —porque ni tiene apellido ni frecuenta nuestros terruños—, que el problema no era de dinero, ya que el insolente escuchó que usted, my president, había sido el gobierno que más había invertido en educación, y el muy insensato dijo que era como el hombre que le pega a su mujer pero que le tiene un buen carro, una buena casa y le da su salario cumplidamente, que, más bien, según él, el problema tenía que ver con la filosofía que orienta el gobierno, de su visión de país, de su orientación educativa, ¿¡Habrase visto!? Ni sabrá hablar inglés y tendrá un acento de sudaca al saludar en nuestra lengua intercontinental. No, señor.

¿Quieren derechos? Pero es que los derechos son para la gente de bien, los beneficios son para los que se portan bien ¿o es que no les enseñaron eso en la escuela? Solo el que respeta y agacha la cabeza recibe su chocobreak. Que aprendan a ser personas, que aprendan a no rayar las paredes. My lord, mi Duque, qué falta nos hace el comendador Peñalosa que invirtió miles y miles de millones en pinturas de un color que identifica a una inmensa mayoría, el gris —gradezco, de antemano, por comprarle a mi familia todo nuestro gris de nuestra empresa familiar—, con el cual tapaba esos mamarrachos que ahora llaman arte o expresión popular, ese gris que parecía un vomito pero que por lo menos ocultaba ese vandalismo. My lord, trae la paz de nuestro señor Jesucrito, de nuestro Dios, porque ellos tienen otros dioses: la igualdad, la equidad, la justicia social y la democracia para todos, ¿¡Habrase visto!? ¿Para los del sur también? Un Dios comunista hecho a sus medidas.

(A todas estas, y aquí entre nos ¿no será que ese Cristo los está alentando? Porque si uno mira bien ese Jesucristo era como mamerto. En fin, que no se vayan a enterar que nuestro Dios liberó a su pueblo de la tierra de Egipto, primero, dialogando con el faraón; pero que después, cuando el presidente elegido por el mismísimo Ra no aceptó sus peticiones, el señor nuestro Dios los liberó con semejantes actos vandálicos: las siete plagas. Es que casi acaba con los Egipcios, pobres ellos).

Estamos dispuestos a tomar las armas, sepa usted, my Lord, mi Duque, como lo hicimos hace años con nuestro grito constante y sonoro: ¡Viva cristo Rey! ¿te acordás? Porque tus abuelos también vivieron estos mismos tiempos cuando aparecieron esos facinerosos de Gaitán o de Uribe Uribe. Suerte que ahora solo existe nuestro Uribe. Y estamos dispuestos a dispararles a ellos con nuestras armas de fogueo, esas armas que solo disparan pequeñas balas que entran en el cráneo y generan levísimos traumatismos en esas cosas llamadas individuos y que al no poder tratar las heridas causadas por los proyectiles fallecen en los hospitales. Pero nosotros solo fogueábamos, nadie los mata, ellos mueren en un hospital, por favor, mueren, nadie los mata. Invierte en tus aliados, en la Revista SEMANA, en El Tiempo, RCN, CARACOL, pon a sonar las canciones que tanto nos gustan, como esa que dice «esa indiferencia tuya, es la que me domina» que canta nuestro juglar y que ni mandada hacer para ti en estos momentos donde esos otros no existen. Seamos indiferentes.

Que se vayan a sus barrios, pero que vengan a trabajarnos con nuestros contratos por prestación de servicio. Salarios justos que nosotros damos como trabajo y que antes deberían agradecer ¿o es que les salimos debiendo? ¿Qué les molesta de estos salarios tan justos? Si somos cristianos y nuestra obligación con los pobres es de ayudarlos cuando están en los semáforos o cuando vienen a trabajar en nuestras casas. ¿Derechos para todos y todas? No señor, es que el todos y todas no existe; más bien hablemos de los unos y los otros. ¡Virgen Santa!

Que se vayan los indiecitos esos a sus resguardos que les legalizamos y que poco a poco nos ha tocado recuperar porque la tierra es de los conquistadores, de nuestros abuelos. Que aprendan a ser esos pobres de bien que vienen a trabajarnos y a los cuales nosotros los tratamos lo más de bien y les damos regalitos —les regalamos lo que ya no nos sirve, pero siempre en el mejor estado posible—, les mandamos saludes a sus hijos y los tenemos en casa como si fueran de la familia porque por siglos hemos tenido quien nos trabaje y por siglos los hemos llamado familia. Pero sin que se excedan, tampoco, es que quieren todo regalado. My president, debo despedirme de vuestra merced, sin embargo, me urge preguntarle: ¿cuándo le pondrá impuesto al oxígeno que respiramos? Porque no es justo que los que trabajan y emprenden y hacen país respiren el mismo oxigeno que esa gentuza, ¿o es que también hay que regalárselo?

Un consejo: vaya tirándoles el recibo del oxigeno por debajo de la puerta; primero como un compromiso por el medio ambiente y así, poquito a poquito, hasta que se olviden de que ese también es un derecho. Existir, mi querido Duque —y verá cómo ellos mismos, al final, también lo repiten—: es un derecho y los derechos no son para todos ¿o es que quieren todo regalado?

Atentamente,

Una persona de bien, de cualquier barrio bien de Colombia.