Cambia Nariño con el Pacto Histórico

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Julián Sabogal Tamayo(*)

Lo más importante en la vida es la vida misma, si se pierde la vida no queda nada por defender. El fundamento de la vida es su reproducción material, es decir, disponer de las cosas útiles para mantenerla: comida, vestido, vivienda, salud. La vida se pierde por la violencia directa, es cierto, pero también se pierde por la carencia de los medios, de los valores de uso necesarios: “Me arrebatas la vida si me quitas los medios por los que vivo” (Shakespeare).

El problema no es de la producción de esos medios, sino de su distribución: la inequidad; unos pocos tienen cada vez más y muchos tienen cada vez menos. Esta afirmación es válida para el mundo y es peor para países periféricos como Colombia. Según datos recientes de Oxfam, “Las desigualdades económicas mundiales contribuyen a la muerte de al menos una persona cada cuatro segundos”. Incluso en las épocas más aciagas de la historia, los ricos salen ganando y los pobres perdiendo: “los diez hombres más ricos del mundo han duplicado su fortuna, gracias a la pandemia, mientras que los ingresos del 99 % de la población mundial se habrían deteriorado por la misma causa. Conjuntamente, 252 hombres poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe”.

Julián Sabogal

En Colombia, las cifras del DANE dicen que 7.4 millones de personas viven en la pobreza extrema. Esto significa que 2,2 millones de familias solo comen dos veces al día, 179.174 hogares se alimentan solo una vez, y 23.701 hogares a veces no tienen un plato diario. Es decir, muchos colombianos están amenazados de muerte por el hambre. Al mismo tiempo, el hombre más rico de Colombia tiene alrededor de 12 millones de dólares. Me dirán que los empresarios son muy importantes para la sociedad, aceptemos por ahora que eso es verdad.  Pero, recuerdo una anécdota de la película “El joven Marx”, de un empresario inglés que le dice a Marx: “que sería del mundo sin los empresarios”, a lo cual Marx le responde: “que usted tendría que trabajar”.

No voy decir que con las elecciones de este año se resolverán estos problemas, pero sí es posible lograr, con Gustavo Petro, un país más democrático, donde haya condiciones para que la mayoría de los colombianos busquemos libremente un país mejor. Y para esto, como todos sabemos, no basta tener presidente, necesitamos un congreso que convierta en leyes los planes de gobierno y las iniciativas populares. A este fin, no tenemos duda, contribuirá Aída Avella desde el Senado y Erick Velasco desde la Cámara de Representantes por Nariño.  He tenido la oportunidad de contar con la amistad de Erick, lo conocí desde su época de estudiante de Economía, donde soy profesor, de la Universidad de Nariño; allí trabajamos juntos en la construcción de la Reforma Universitaria y soy testigo de su capacidad para aprender, pensar y actuar.

(*) Profesor Titular de la Universidad de Nariño, Doctor Honoris Causa de la Universidad Simón Bolívar, Miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas.