El bicentenario, Colombia (la grande) y la actualidad

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Justo cuando este 15 de febrero se cumplen 200 años de la instalación del Congreso de Angostura y del magistral y vigente discurso del Libertador Simón Bolívar, el gobierno de Iván Duque, hincado ante los intereses imperialistas de los Estados Unidos, bate tambores de guerra contra la hermana República Bolivariana de Venezuela.

El Congreso de Angostura, instalado con los delegados elegidos libre, directa y democráticamente entre las filas del Ejército Libertador y las parroquias libres de Venezuela y Nueva Granada, junto a ser el fundador de la República de Colombia (la Grande), fue el diseñador colectivo −guiado por la genialidad de Bolívar, General en Jefe− de las líneas estratégicas y la dirección táctica de la Campaña Libertadora de la Nueva Granada, que comienza en abril, tiene su punto culminante en la Batalla de Boyacá del 7 de agosto (precedida de cuatro batallas más), y culmina su primera etapa con la proclamación, en diciembre 17 de 1819, de la Ley Fundamental de la República de Colombia, base de la futura Constitución del Estado conformado por Venezuela, Nueva Granada, el actual Ecuador y Panamá.

El bicentenario de la Campaña Libertadora, y no solo de las batallas de Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá, que es lo que pretende celebrar el establecimiento, para “demostrar” que el actual ejército (el de los falsos positivos y los crímenes de estado) es heredero y legatario de las glorias del Ejército Libertador, es un acontecimiento –no solo una fecha− que tiene un claro contenido político, organizativo y especialmente popular, que plasmó la integración de nuestros países, con un especial tinte antiimperialista y soberano, y que generó enormes consecuencias en lo nacional y lo internacional.

Nuestros gobernantes, herederos directos de los primeros saboteadores de la integración y la independencia completa, aspiran simplemente a continuar la protervidad de personajillos como el señor Francisco Antonio Zea, elegido vicepresidente de Colombia en el Congreso de Angostura, y quien días antes de la Batalla de Boyacá, actuando motu proprio y contraviniendo las órdenes del Libertador-Presidente, devolvió a los injerencistas yanquis las goletas Tigre y Libertad, retenidas por intentar suministrar armas, municiones, avituallamiento y alimento a los españoles cercados y bloqueados, lo que provocó el primer golpe de estado en nuestra república. Esta clase gobernante en la actual Colombia (la pequeña), es la misma que ahora se presta en las más oscuras maniobras para atentar contra la independencia y la soberanía de una las partes integrantes de la Gran Patria nacida del Congreso de Angostura y de la Campaña Libertadora.

La Campaña Libertadora de la Nueva Granada, y en especial el triunfo en Puente de Boyacá, generó incluso algo que la historia universal pretende desconocer: La revuelta de los coroneles Riego y Quiroga, que el 1º de enero de 1820 produjeron el bloqueo contra el envío de nuevas tropas realistas a nuestras tierras, obligó a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz de 1812 y a modificar su monarquía absolutista.

La Campaña Libertadora debe ser conmemorada por todo lo alto con diferentes actividades de parte del movimiento social, que nos permita rescatar lo auténticamente democrático y popular, que es lo que pretende esconder la casta oligárquica gobernante. Los comunistas, que tenemos el mérito de que hace casi ochenta años levantamos el legado del Libertador Simón Bolívar, en el pionero trabajo de Gilberto Viera White, debemos impulsar con todos los sectores del pueblo el bicentenario, vinculándolo con la actualidad.

Una actualidad que es la contraofensiva reaccionaria y fascistoide que intenta desbaratar las opciones de gobiernos populares, que han optado por rescatar la soberanía y la autodeterminación, para construir y manejar su política y sus propias riquezas, lo que rechazan los imperialistas. Ello exige la vinculación de los actos conmemorativos del bicentenario con la más amplia y efectiva solidaridad con los pueblos de nuestra América, en especial y prioritariamente el de la República Bolivariana de Venezuela.