Australia Vs. Google y Facebook: Otra vez el imperialismo

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Ancízar Narváez M.

Este caso, independientemente de la solución que se dé al episodio, presenta un cuadro perfecto, como en un nudo, de los problemas que plantean a la economía política de la comunicación los actuales medios sociales, en una aparente confrontación de intereses con los llamados medios masivos.

Se trata de un caso en el que están involucrados los conflictos básicos de la Economía política: Capital transnacional/capital nacional, Estado/Capital, Capital/trabajo y medios masivos/medios sociales.

El primer conflicto es el de la relación centro – periferia, o sea, el capital transnacional contra capital nacional y Estado nacional. Aunque es obvio que, por muchas razones, Australia está entre los países centrales del Moderno Sistema Mundial o Economía-Mundo capitalista, también lo es que entre los países centrales alguno ejerce la hegemonía, o sea, la capacidad de imponerse económicamente entre los propios países del centro. Ese es el rol que han desempeñado a lo largo de la historia del capitalismo Venecia, Sevilla, Amsterdam, Londres y Nueva York, en tanto centros de los respectivos países.

Esa hegemonía es la que hoy está ejerciendo Estados Unidos, pero está siendo desafiada por China, no tanto en lo militar, comercial y monetario (el rebimbi todavía no está en la canasta de divisas) sino en lo tecnológico. Y precisamente las empresas involucradas en este conflicto son de Estados Unidos y hacen parte del cartel llamado GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft).

Así que en cuanto se trata de mantener el dominio del mundo como mercado para las grandes empresas monopólicas del país hegemónico del capitalismo, la globalización de las GAFAM es todavía, hasta nuevo aviso, una ‘versión neutral del imperialismo’.

El primer reclamo o resistencia de un Estado nacional frente al capital transnacional es el de los impuestos, pero este merece tratamiento aparte. El segundo es el de las reglas para participar en la competencia interna. En este caso, el Estado australiano como regulador está exigiendo que las empresas transnacionales[1] paguen a los medios nacionales (que también son empresas) una tarifa por el derecho a publicar en sus redes contenidos elaborados por los medios, con todo lo que ello implica en inversión de capital, cuyas ganancias dependen de las audiencias que consuman dichos contenidos. Ello es lo que hace posible la consecución de anunciantes; en esta relación, el contenido lo están poniendo los nacionales y los anunciantes los está captando gratuitamente los transnacionales.

En cuanto a la relación Estado/Capital, aquí el primero está actuando en favor del capital nacional. No olvidemos que el mayor propietario de medios en Australia es la empresa News Corp., del empresario Rupert Murdoch. Esta es una diferencia sustancial: aunque la mayoría de las veces el país hegemónico trata de ‘periferizar’ o sea, convertir en subordinados, a los propios Estados centrales, de tal manera que la burguesía de esos países termine transfiriendo una porción de la plusvalía al capital transnacional (del Estado hegemónico), los estados centrales suelen tener más capacidad de resistencia, como en este caso (ver https://www.larepublica.co/globoeconomia/dueno-de-fox-news-acuerda-con-google-pagos-de-noticias-en-australia-3127409); mientras tanto, los periféricos generalmente facilitan dicha transferencia por medio de legislaciones o tratados favorables al capital transnacional.

La relación capital/trabajo que se evidencia en esta disputa consiste en que la producción de contenidos tanto de información como de entretenimiento (en el léxico convencional), ya sea este de espectáculos o de ficción, de publicidad o de propaganda, requiere la utilización de la fuerza de trabajo de los creadores, realizadores, informadores, etc. Además, esas mercancías llamadas productos mediáticos son las que producen a la vez la mercancía audiencia que se vende a los anunciantes. Si la audiencia consume esa mercancía por la red, entonces los anunciante se van a la red y no a los medios tradicionales, con lo cual la plusvalía la producen los capitales nacionales pero la realizan los transnacionales. De hecho, cuatro de estas cinco empresas están entre las únicas 18 empresas del mundo que han obtenido más de 250 mil dólares de utilidades por empleado en 2020 (https://fortune.com/longform/global-500-companies-profits-employees/), siendo la más voraz Facebook con 411 mil dólares.

En todo caso, esta utilidad no se produce sino por el valor creado por los trabajadores, tanto tecnológicos, que facilitan la operatividad a los usuarios (mercancía audiencia) en términos de lo que llaman arquitectura tecnológica, como mediáticos, que producen el contenido. Defender las empresas mediáticas es también reivindicar el trabajo de reportería, de análisis y de creatividad de los trabajadores mediáticos. Pero no sabemos hasta qué punto el gobierno australiano vaya a comprometerse con estos.

Teniendo esto presente, la trampa está en que el neoliberalismo nos vendió la idea de que los medios sociales son libres y descentralizados mientras que los medios masivos están sujetos a los intereses del capital o del Estado. En realidad, ambos fungen como empresas capitalistas, lo que los iguala en cuanto a objetivos, pues se trata de saber quién se queda con la publicidad y por tanto con la rentabilidad. Una cosa son las plataformas tecnológicas y otra son las redes de usuarios. Las primeras son propiedad de empresas que obtienen las ganancias, están bajo la égida del Estado norteamericano que las protege y tienen como audiencia a las redes de usuarios; esta audiencia es lo que les venden a los anunciantes. Y si además le suman las audiencias de los medios masivos, ya se pueden explicar las ganancias mencionadas

Pero los usuarios de las plataformas creen que son libres y, además, creen que son parte de una red. ¿Cuántos de los usuarios de Google participamos de las ganancias de Alphabet, que es la ‘dueña del aviso’ y que nos vende como mercancía a los anunciantes?

[1] No confundir con multinacionales. Estas tienen sede central en varios países. Las transnacionales operan en varias naciones pero pueden tener una única sede central en su país de origen.