Ataque a Venezuela

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Luis Jairo Ramírez H.
@JairoRamirezh

Mes tras mes el país observa un verdadero desfile de funcionarios norteamericanos, del Departamento de Estado, el Pentágono y su Comando Sur, la DEA, a Colombia. Emisarios, antes del gobierno Trump, ahora del gobierno Biden, para “fortalecer su compromiso común con la restauración de la democracia y el Estado de Derecho en Venezuela, y apoyar los esfuerzos de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y para promover la democracia en toda la región”. Como se puede observar el binomio Demócrata-Republicano sigue apostándole al dúo Bolsonaro-Duque como su instrumento de desestabilización en esta parte del continente.

El pasado 21 de marzo se presentaron una serie de enfrentamientos en áreas del estado de Apure, entre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB, y grupos de irregulares colombianos, que atacaron puestos venezolanos y mataran ocho soldados; la prensa presentó a los atacantes como “disidencias de las FARC”.

En realidad se ha venido a saber que el ataque desde Colombia fue de dos contingentes que se presentan como “disidencias de las FARC”, pero en realidad son mercenarios entrenados y armados por el gobierno del presidente Duque, uno dirigido por alias Jerónimo, que se salió de las FARC en el 2008, estando preso, y pasó a trabajar con el Ejército, reclutando jóvenes para ser víctimas de los “falsos positivos”, luego apareció relacionado con el paramilitar Martín Llanos, dirigiendo el llamado Frente 10; el otro es Adrián o “alias culebro”; este ha sido un delincuente común, también reclutado por el Ejército y asignado para ser cabeza del frente 28, para pasar la frontera y mantener un corredor de actividades ilegales, como el tráfico de personas, la explotación ilegal de minerales y el narcotráfico para financiar a grupos armados contra la República bolivariana.

Esta forma de operar no es nueva en los dirigentes uribistas de la seguridad democrática; recordemos que el 7 de marzo de 2006, en Alvarado, Tolima, el ex comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, junto con los coroneles en retiro Hugo Hernán Castellanos, Jaime Joaquín Ariza Girón, el narcotraficante Hugo Alberto Rojas Reyes y un supuesto comandante “alias Biófilo” simularon la desmovilización de un inexistente frente de las FARC “Cacica Gaitana”, por esa falsa desmovilización son investigados; Luis Carlos Restrepo es prófugo de la justicia desde enero de 2012.

Como es sabido, desde inicios del gobierno de Iván Duque han venido funcionando campos de entrenamiento de mercenarios en la zona norte colombiana que llevaron a cabo la operación Gedeón, que han coincidido con ejercicios militares de tropas de EE.UU. en la frontera venezolana; recordamos el escándalo por los nexos del autoproclamado Juan Guaidó, designado a dedo por Washington, con Los Rastrojos (que operan en la frontera con Venezuela).

No es casual entonces, que la matriz mediática más usada por la ultraderecha para justificar sus acciones sea la de los señalamientos de ser Venezuela “santuario de las guerrillas de las FARC y el ELN”.

Por supuesto que todo este montaje militar también es una cortina de humo para desviar la atención por la ineptitud del presidente Duque debido al boicot oficial del proceso de paz y por las matanzas de líderes sociales y exguerrilleros, que ha sumido al país en una grave crisis económica, social y sanitaria.

Está clara entonces la alianza de los halcones de Washington, Duque, Juan Guaidó y los cómplices del deslucido Grupo de Lima.

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