¿Asamblea Constituyente o Asamblea Legislativa?

0
222
El panteón de los héroes. Óleo sobre tela del venezolano Arturo Michelena

Un resultado del pueblo en las calles es que el pluralismo jurídico­institucional no es estatal y que el diálogo se efectúa entre todos los ciudadanos

Oscar Dueñas

Si se convocara a la iniciativa legislativa, dado que ello requiere tiempo, lo más probable sería que la concreción normativa y específica se haría por medio de leyes, pueden ser ordinarias pero, dada la gravedad y trascendencia del momento histórico que se vive, tendría que dársele preferencia a las leyes estatutarias (son materia de ellas: derechos fundamentales -dentro de ellos los derechos sociales, económicos y culturales-, administración de justicia, organización y régimen de los partidos, estatuto de la oposición, mecanismos de participación, estados de excepción) y orgánicas (reglamentación del congreso, preparación, aprobación y ejecución del presupuesto, ley de apropiaciones, plan de desarrollo, asignación de competencias a las entidades territoriales), en cuanto se trate de temas que no figuren dentro de los que la ley excluye para la iniciativa.

Jurídicamente, se impone la finalidad de la norma sobre los detalles para expedirla. Hasta la Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia, en plena pandemia, (SL 3343 de 2020) ha considerado que las estipulaciones son normas que hay que interpretarlas con un criterio finalístico. Se excluyen las interpretaciones textualistas dice el citado fallo. Es decir. se le da mayor importancia al derecho vivo y no al «originalista».

Disyuntiva

Socialmente, si la Registraduría del Estado Civil adopta apoyo irrestricto al statu quo corre el peligro de ser una institución que la fuerza de futuros acontecimientos lanzará a la basura. Y con o sin el visto bueno de la Registraduría, el futuro congreso, aunque esta sea su denominación, sería en la práctica una Asamblea Legislativa con funciones exclusivas y perentorias durante un tiempo inicial para después continuar su ritmo tradicional.

Después de grandes movimientos de masas se ha oscilado entre asamblea constituyente y asamblea legislativa.

Una Constitución da para todo. La Constitución francesa de 1793 se expidió para impulsar la revolución. Dos años después, la Constitución de 1795, tuvo como objetivo acabar con la revolución. En la misma Francia, la revolución burguesa de 1830 apuntó hacia la expedición de una Constitución para establecer un régimen monárquico-burgués. El 27 de julio de ese año se levantaron las barricadas, el 28 de julio los jóvenes pusieron la bandera tricolor en Notre Dame, el 29, desde las barricadas fue barrido el viejo establecimiento.

Mitología liberal burguesa

A esas tres jornadas se las denominó Las tres gloriosas. Eran tiempos románticos, los burgueses eran revolucionarios y peleaban en las barricadas. La famosísima pintura de Delacroix. que hoy se conoce como La libertad guiando al pueblo, realmente el pintor la denominó Las tres gloriosas. Pero los burgueses, después del triunfo se volvieron reaccionarios y le cambiaron el nombre a la pintura de Delacroix. Las románticas barricadas (de Víctor Hugo, de Lamartine y tantos otros) pasaron a ser denominadas por la policía como bloqueos.

La exuberante mujer, figura central en la pintura, al parecer era una vendedora de hortalizas que no se afeitaba las axilas y que peleó con ardor en las tres jornadas gloriosas y pasó a ser en la mitología de los liberales burgueses una diosa griega que abstractamente simbolizaba la libertad guiando al pueblo, cuando lo cierto es que es el pueblo quien se guía a sí mismo buscando sus derechos.

Hay quienes pensaron que la propuesta de una Constitución en Chile era una táctica para mitigar la protesta popular. La realidad demostró lo contrario: la designación de constituyentes es un peldaño para el cambio. Ahora, las élites chilenas, derrotadas, apelan a lo que se denomina la captura regulatoria (que harían los jueces mediante interpretaciones o el parlamento mediante reglamentaciones) o, sencillamente, buscan dentro de los constituyentes o sus asesores a falsos izquierdistas para mantener el modelo neoliberal, para ello emplean la ofensiva mediática y la «sabiduría» de algunos intelectuales.

Semántica engañosa

Como vestimenta: la teoría del relato. Era lo que pensaba hacer el ministro defenestrado, señor Carrasquilla. Mediante planteamientos semánticos engañosos poner como salvación para el pueblo su propia horca. Táctica que las élites emplean a cada rato. Y, la concepción que ellos tienen del diálogo.

Los teóricos del diálogo mandan al cuarto de San Alejo la palabra dialéctica y la remplazan por rutas «dialógicas» y para que estas tengan importancia parten de la base de que los partícipes deben tener igual estatus (a Cali viajan a dialogar entre ellos mismos los ministros, los altos funcionarios del Estado, los altos mandos militares. En la parte inicial de la visita de la CIDH la ruta dialógica del gobierno tiene como presupuesto que interviniendo los altos funcionarios del Estado surge como algo obligatorio que se crean sus propias mentiras), sueñan con un presunto pluralismo jurídico-institucional, pero estatal para que, según las élites, produzca efectos prácticos.

Un resultado concreto del pueblo en las calles es que el pluralismo jurídico­institucional no es estatal y que el diálogo se efectúa entre todos los ciudadanos. El narcisismo de los nombrados por Duque en puestos que les quedan grandes para lo único que sirve es para acabar de desacreditar al sistema.

Bueno, pero lo importante es lo concreto. ¿Para qué expedir una nueva Constitución si la de 1991 es más o menos buena? ¿Por qué no agendar en el Congreso que se elegiría el año entrante lo que sirvió de bandera para los movimientos populares?

Últimamente ha surgido en algunos países europeos, para resolver temas de seguridad social, una costumbre muy interesante: el llamado Libro Blanco. Es un espacio que se llena con los reclamos para conocer realmente las exigencias de la gente y la prevalencia para su solución.

Lo esencial

Los reclamos ya se han hecho no solamente por el Comité Nacional del Paro sino por las primeras líneas, por el movimiento indígena, por las comunidades locales y barriales. Ese sería el objeto a desarrollar normativamente, de manera preferencial, por quienes aspiren al Congreso y a la Presidencia.

Se dirá que el problema es social no procedimental. Sin embargo, como todo en la vida, lo esencial no se desprende de los detalles.

Hay que tener confianza en el futuro. Son malos los augurios para las élites retardatarias, así estén pensando en burlarse de lo que se decida en las urnas. La verdad es que las élites nunca se imaginaron que los sindicatos que luchan por el derecho del trabajo, pueden y deben caminar hombro a hombro con los jóvenes que luchan por el derecho al trabajo.

Un común denominador que debe unir a esos dos colectivos: el concepto de trabajo. No hacerlo y proclamar que los sindicalistas no representan las inquietudes de quienes no lo son es una postura que exige una respuesta bien fundamentada.