Andrea Echeverri en la sociedad de El Estuche

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Andrea Echeverri en concierto. Foto Tute Delacroix

La emblemática cantante bogotana de rock se ha caracterizado por componer letras transgresoras y feministas. Si bien la industria cultural es un escenario donde el aspecto físico es determinante, la “Florecita rockera” invita a las artistas a pensar en estéticas diferentes

Violeta Forero
@Violeta_Forero

Andrea Echeverri es una verdadera leyenda dentro del rock en Latinoamérica. Cantante y compositora bogotana, reconocida por ser la vocalista y guitarrista de la agrupación Aterciopelados, también se destaca como ceramista.

A lo largo de su carrera artística, Andrea se ha caracterizado por un estilo de vida sencillo, cambios extremos y puestas en escena que siempre dan de qué hablar.

En entrevista con el semanario VOZ, la emblemática “Florecita rockera” comparte su vida como artista, pero también su rol como mujer en una industria cultural mayoritariamente masculina.

El Estuche es una canción que todas las mujeres deberíamos escuchar, porque para resistir a la sociedad patriarcal tenemos que respirar, oler y sudar amor propio. Yo creo que ese tema en ese momento fue un éxito porque confrontaba de frente a ese modelo social. Tú hablas de feminismo antes de que estuviera de “moda” pero desde tu concepto ¿por qué?

Porque soy mujer. Porque cuando estábamos en el colegio todas hacíamos muchas dietas, ya estaba todo el tiempo en esas y de pronto es que una dice, “pero yo no quiero hacer dieta ni quiero ir al gimnasio, ni quiero que todos silben cuando yo pase”.

Además, una cosa es ser mujer normal en tu casa y otra es tener que subirte a un escenario, porque hay muchos referentes enormes como Madonna, que mucha gente dice, “que ay, que la libertad”. A mí no me parece buenísimo. A mí me da mamera cuando las chicas se suben a un escenario porque se puede ver como liberador, pero a mí nunca me ha parecido liberador.

Yo pienso que es un yugo para todas las chicas que se suben a un escenario. O sea, como que piensas además en la palabra mujer, y esa palabra te lleva a un cuerpo voluptuoso sin celulitis y no, eso no es ser mujer, eso es como una opción y digamos no tengo el cuerpo para ser la bomba sexual.

Entonces, pues yo todo el tiempo he buscado como otras opciones, he buscado otras estéticas, he buscado otros colores, en las maneras de vestir que sean simbólicas y que provoquen otras sensaciones. En eso es que estoy hace años. Que salgas churra en una foto eso funciona, te da likes y popularidad porque es una construcción colectiva, es como que eso se ha construido y eso es lo que es una mujer y eso es lo que es la belleza también porque yo creo que bellezas hay de muchos tipos.

Apariencia vs. Esencia

¿Tú crees que seguimos viviendo en la “sociedad de El Estuche”?

Claro que sí. Es realmente interesante. Las letras de violencia como las feministas, que una escribió hace 25 años, resulta que se acoplan perfectamente con movimientos como el “Me too” y como que ahora sí uno puede decir eso, “Cosita seria”.

Claro que seguimos viviendo en la sociedad del Estuche cada vez más, ahora hay 20 mil filtros de belleza en Instagram y todas se ponen los labios y todo es una locura. Lo que pasa también es que ahora hay como movimientos paralelos, entonces, al tiempo, digamos, uno ve que una cantidad de gente feminista, esotérica, vegana, conectada con lo indígena, etc. En lo masivo se sigue mirando la apariencia y no la esencia, para la muestra está todo lo podríamos llamar la narcoestética. Vivimos en una sociedad de contradicciones.

El documental “Rompan Todo” finaliza con una premisa, y es que las mujeres están llamadas a liderar las escenas en la música en general., ¿Tú eres consciente de la irrupción que hiciste para las mujeres abriendo la puerta al rock cantado por mujeres?

Sabes que no, no he pensado en eso. Y de hecho es una realidad complicada porque como una empezó en ese momento, como que la presencia en redes sociales y en ese mundo virtual es chiquita, porque como que la gente más joven la maneja y todo eso.

Entonces de alguna manera a una le toca bregar mucho para seguir acá, bregar, trabajar y pensar. Una cantidad de cosas que no fueron parte de la formación ni de la realidad. Yo a veces, de hecho, me siento rarísima hablándole a estos bichos. Pero son como cosas que tienes que hacer para seguir.

Entonces, pues sí, yo no es que me sienta como lo mejor, al contrario, yo todos los días pienso qué hago para seguir medio vigente y eso está bien porque es lo que me gusta hacer y porque sí, porque todo el tiempo está mi cabeza maquinando otra canción, otra cosa de cerámica u otra ilustración, entonces pues me mantengo ocupada y creativa.

La esencia de Aterciopelados

¿Es muy difícil ser una mujer entre tantos hombres, en un escenario tan competitivo como la industria musical?

Difícil fue todo. Yo no conozco las historias de las otras chicas, ni sé lo que ellas sienten, pero digamos yo siempre me he sentido muy diferente a los hombres y entonces uno ve a los artistas seguros de sí mismos, algo así como “soy la verga erguida”. Y así se suben al escenario. Claro que así es más fácil. Yo me subo cagada del susto. Pero es como que esa cosa femenina que le da pena hablar y que como que empieza a hablar y medio llora y todo.

Pues eso, todo eso lo cargo yo y con eso es que me subo allá. Entonces, pues fácil no ha sido, siempre ha sido re difícil y de alguna manera claro que eso de “mira la esencia, no las apariencias” se dice fácil y se hace una canción chévere. Pero vaya a los Grammys así y pues yo no es que me ponga la minifalda para que todos los hombres se caigan. A mí me salen barritos y acné.

Yo recuerdo estos Grammys del año 2019, donde me fui vestida de gramófono, yo con barros y ahí al lado Paulina Rubio y al otro lado Shakira y yo decía soy el mosco en leche. Es duro y es difícil, te metes como una profesión en la que se vive de apariencias y uno diciendo “Ay no, mira la esencia” y con barros y gorda y todo el mundo como: ¿esta quién es? ¿Qué hace acá?

Pero yo creo que eso fue lo que marcó el estilo de Aterciopelados, que lo hace una mujer real. Esa es la esencia de Aterciopelados y tuya como mujer artista. Finalicemos, cuéntame la historia de “El Ingrato”.

En esa época de los noventas en que todo el tiempo tocábamos con Molotov, Fabulosos Cadillacs y con Café Tacvba, ellos eran los exitosos, entonces nos la pasábamos girando todo el tiempo con ellos. Entonces desde ahí éramos súper fans de “Cafeta”. De hecho, cuando nosotros grabamos El Dorado (1995) había salido Re en esos mismos días y estábamos todos obsesionados con el disco, cuando de pronto Cosme, o Rubén Albarrán, me llamó y me dijo que si quería hacer Ingrata. Obvio yo estaba súper emocionada.

Además, me dijo “haz lo que quieras”. Y eso fue divino porque yo me puse a escribir esa letra mexicanosa, porque era para ser cantada en el D.F. y entonces era como este gran concierto que ellos estaban haciendo, celebrando sus 30 años. Y pues yo la canté.

Estuvo buenísimo porque reconfigura y recompone una letra totalmente machista, además vuelve a traer a escena una canción que ellos dejaron de tocar durante varios años, que es muy buena, pero que claro, tú te sientas a escucharla y hay un montón de sentimientos encontrados. Y yo empecé a leerla cuando llegué, eso de que le iban a pegar los tiros yo dije “se pasaron marica, se pasaron”, y bueno la recompuse y salió chévere.

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