Álvaro Vázquez, revolucionario ejemplar

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Álvaro Vásquez del Real. Foto archivo

Álvaro Vásquez del Real partió recién cumplidos los 99 años. Hoy, en el centenario de su natalicio, su legado político e ideológico resulta fundamental para encarar los retos que nos impone la situación actual. Vásquez fue un reconocido luchador por la paz, defensor de la legalidad y la lucha electoral; pero también supo enfrentar la lucha clandestina.

Sus análisis lograban integrar los elementos permanentes e inmediatos, y por ello identificó la importancia de todas las formas de resistencia populares para resistir la violencia armada de las dictaduras del medio siglo que ejecutaban las políticas imperialistas y la de los terratenientes colombianos para despojar de sus tierras a los pequeños y medianos campesinos.

En 1946 los conservadores ganaron la presidencia, y prontamente desataron una ola de violencia para imponer un control monopólico del Estado y para frenar las organizaciones populares. La violencia se agudizó tras el asesinato de Gaitán. Infortunadamente el Partido Comunista era pequeño y estaba dividido por la acción de la tendencia duranista, lo que les impidió tener un rol protagónico ante el levantamiento popular desatado por el magnicidio del líder liberal.

Álvaro Vásquez del Real nació en Cartagena en un momento de profundos cambios para el país. Se formó como abogado durante el régimen liberal, y en las postrimerías de este, se fue articulando al trabajo con los sectores populares. Finalmente, en el difícil año de 1948, Vásquez se integró al Partido Comunista. Las ideas socialistas comenzaron a abrirse espacio, la clase obrera y el campesinado sin tierra comenzaban sus luchas colectivas.

Su actividad fue indispensable en la concepción y desarrollo del sistema educativo de los comunistas, algunas de cuyas propuestas es necesario retomarlas. Es importante destacar que estas primeras escuelas se desarrollaron en la región del Tequendama en condiciones de clandestinidad. En esta labor contó con el acompañamiento de los camaradas Martín Camargo y Arnaldo Domínguez quien enseñaba organización de partido.

Vásquez inició pues su actividad política como comunista en condiciones adversas, asesorando sindicatos en el Tolima. Como esta región fue epicentro de la violencia, el movimiento sindical quedó reducido a su mínima expresión, haciéndose imposible el trabajo; además, tras los sucesos del 9 de abril, Vásquez fue víctima de persecuciones judiciales.

No obstante, estas dificultades no lo hicieron cejar en su actividad política, que se volcó a la educación y la propaganda, esenciales en la lucha por la apertura democrática. Desde 1953 -el mismo año en que se inició el régimen militar de Rojas Pinilla, quien ilegalizó el comunismo e intensificó la represión del Partido- le dio forma a la Escuela Nacional de Cuadros. Su actividad fue indispensable en la concepción y desarrollo del sistema educativo de los comunistas, algunas de cuyas propuestas es necesario retomarlas.

Y para impulsar este esfuerzo formativo, Vásquez se empeñó también en la formación de un aparato de publicaciones que facilitaran el estudio. Resultado de este aparecieron dos publicaciones, en medio de la clandestinidad y con recursos precarios: la revista Documentos Políticos (1956) y el periódico Voz (1957). Los primeros números de ambas publicaciones circularon en mimeógrafo y sin los permisos del caso.

Ambas publicaciones fueron centrales en la reconquista de la legalidad del Partido, condición que Vásquez defendió siempre como un derecho democrático. Estos impresos se consolidaron como importantes aparatos de comunicación de los comunistas, y se constituyeron en herramientas para los procesos formativos y la difusión de las propuestas partidarias.

La labor educadora de Vásquez se vio favorecida con el retorno a la legalidad, en 1958. Las escuelas de cuadros se convirtieron en un referente, y en 1970, junto a Nicolás Buenaventura, Vásquez le dio forma al Centro de Estudios e Investigaciones Sociales, CEIS. Esta institución tenía como principal objetivo desarrollar conocimiento científico en ciencias sociales, para ponerlo al servicio de los movimientos populares reivindicativos. Difundiendo este conocimiento y articulándolo a los procesos de educación popular. En la labor del CEIS jugó un rol central una nueva revista, Estudios Marxistas, que, a diferencia de Documentos, destinó sus páginas a la presentación de avances de investigación.

Vásquez siempre pensaría en que las revistas y la educación eran imprescindibles en la lucha por un proyecto alternativo con vocación hegemónica. El estudio permanente es primordial para la construcción de un Partido de masas, independiente, firme a sus principios revolucionarios y a su integridad de clase, pero que es a la vez capaz de adaptar su organización y formas de trabajo a las necesidades del momento.

Álvaro Vásquez fue líder insustituible tanto en la organización de la defensa del campesinado perseguido por las dictaduras conservadoras, como estratega acertado, para el Partido afrontar la persecución e intento de exterminio de los regímenes frente nacionalistas y las dificultades que tuvo que superar durante el desarrollo del conflicto social armado. Culminó su labor de ideólogo al elaborar la consigna que orientó las acciones que condujeron al Acuerdo de Paz.