Acoso implacable

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De izquierda a derecha: Beto Coral, Gustavo Bolívar, Gustavo Petro e Iván Cepeda

La campaña electoral ya comenzó con la difusión de mentiras contra figuras del Pacto Histórico. Será una verdadera guerra sucia informativa, algo en lo que el uribismo es experto

Roberto Amorebieta
@amorebieta7

En Colombia, es posible identificar el inicio de una campaña presidencial porque arrecian los ataques contra personajes que puedan tener algún protagonismo en la justa electoral. No es solo la profusión de candidatos, aumentada exponencialmente en esta ocasión gracias a la reflexión -no desacertada del todo- de que “si Duque pudo, ¿por qué yo no?”.

Es en especial porque ahora la izquierda tiene posibilidades de ganar el año entrante por primera vez en su historia y las fuerzas del Establecimiento sienten “pasos de animal grande”, es decir, advierten que serán desalojados del poder y han puesto en marcha todos los recursos disponibles para impedirlo.

En los últimos años, la política se ha transformado en una competencia de imagen ante un público cada vez más acostumbrado a presenciar la campaña electoral como si fuese un capítulo de “Caso cerrado”. Aspectos que antes eran muy importantes para el elector como el programa, la ideología o el partido, hoy han sido reemplazados por la imagen del candidato y la “sensación” que suscita en el votante. Por eso la confianza que inspira cualquier candidatura se ha convertido en su principal activo, más incluso que su propia hoja de vida. Hay cientos de ejemplos a la vista.

Bolívar “estafador” y Coral “asesino”

Por lo anterior, en los últimos días la derecha más recalcitrante ha comenzado a desplegar su artillería mediática para intentar destruir la confianza hacia algunas figuras del Pacto Histórico a través de la ya conocida táctica del “asesinato de carácter”. Primero fue la grosera manipulación que varias personas hicieron de la muerte del hijo del exactor Bruno Díaz, quien recibió toda la difusión posible por parte de los medios de comunicación para que Díaz acusara al senador Gustavo Bolívar de haber estafado a su hijo en un negocio de instalación de paneles solares.

Aunque no lo dijo explícitamente, Díaz deslizó que su hijo se había suicidado a causa de la depresión que le causó la supuesta estafa, pero días después al parecer alguien le advirtió que la versión no era conveniente y aclaró que su hijo había muerto por covid, pero ya el daño estaba hecho.

A pesar de que Bolívar dio las explicaciones correspondientes que diferían radicalmente de la versión agitada por Díaz en los medios, las “bodegas” uribistas se volcaron a acusar a Bolívar de estafador, de mentiroso, de rico sin merecerlo –nadie lo merece, solo ellos– y le endilgaron toda suerte de acusaciones falsas que inundaron las redes sociales.

La situación se enrareció aún más con el suicidio del joven Felipe Pasos, un activista de la Alianza Verde, quien se quitó la vida días después de sostener un debate por redes con el conocido twittero petrista, Beto Coral. La avalancha de acusaciones contra Coral, quien ha manifestado su intención de lanzarse a la Cámara por el Pacto Histórico, fue abrumadora, tanto que muchos usuarios salieron en defensa de Coral. El suicidio es un tema complejo y delicado que suele obedecer a muchas causas, por lo que es sencillamente miserable utilizar la decisión de Pasos para convertirlo en munición contra Coral, acusándole de ser el responsable de la muerte del joven activista.

La narcoavioneta “petrista”

La siguiente arremetida corrió por cuenta de Gustavo Rúgeles, tristemente célebre propagandista y maltratador de mujeres que dirige El Expediente, un portal de noticias falsas. El portal difundió el viernes anterior una “noticia” sobre uno de los pilotos capturados con la famosa narcoavioneta del esposo de la cuentachistes Azcárate tras ser retenida en Providencia con más de 400 kilos de cocaína.

Según el portal, la policía descubrió conversaciones por chat del piloto con Carlos Eduardo Restrepo, un empresario de Ibagué que resultó ser dueño de una compañía de aviación que prestó servicios de vuelo a Colombia Humana durante la campaña presidencial de 2018.

En el artículo abundan –por supuesto– los verbos conjugados en condicional, como “sería” o “tendría relación”, pero asegura con total convencimiento que Colombia Humana está relacionada con Restrepo y con la narcoavioneta. Semejante acusación es absurda pero igualmente fue replicada por cientos de usuarios de las redes sociales quienes comenzaron a lanzar acusaciones aún más delirantes, como que el cargamento de cocaína era propiedad de Petro.

El propio Restrepo aclaró en entrevista con El Tiempo que efectivamente su empresa de aviación prestó servicios de transporte aéreo a Colombia Humana, de la misma forma que los prestó a casi todos los partidos políticos, algo que el portal de desinformación cuidadosamente omitió.

Obviamente, solo cabe en una mente demasiado imaginativa pretender que una relación comercial entre una compañía de aviación y un partido político significa que Petro es dueño de la cocaína incautada, pero aquí no estamos ante una creatividad desbordada sino ante una cuidadosa estrategia de desprestigio que busca sembrar la idea de que la izquierda es tan corrupta y criminal como la ultraderecha.

En este caso, el dueño de la avioneta, los pilotos y hasta los policías que ayudaron a cargar la cocaína son uribistas, de modo que meter a Petro en esta historia es tan absurdo como la burda acusación del fiscal Francisco Barbosa contra él porque estaba siendo financiado por “mineras”.

Iván Cepeda “fariano”

El “Fox News colombiano” publicó otra de sus piezas de antología pseudoperiodística y le dedicó esta semana una impactante portada con la imagen del disidente guerrillero Gentil Duarte y la noticia de que, en un ataque del ejército, este escapó herido dejando tras de sí lo de siempre: armamento, intendencia y un computador.

Según el pasquín de la familia Gilinsky, el tal computador contiene información sensible sobre los supuestos vínculos del grupo armado con el gobierno venezolano, la República Islámica de Irán, unos aparentes planes para utilizar drones contra el ejército y la guinda del pastel: unas comunicaciones internas donde se anuncia la intención de establecer alianzas con el Polo Democrático tras la salida del MOIR de ese partido.

El artículo es un monumento a la desinformación y a la propaganda malintencionada, como casi todo lo que ahora publica la otrora respetada revista liberal de derecha. Sin afirmarlo directamente, desliza que una vez que el MOIR se escindió del Polo, este quedó dominado por la corriente del senador Iván Cepeda, lo que es una velada acusación de que el senador de izquierda está en contacto con la mencionada disidencia.

En este caso hay una clara intención de afectar a una de las figuras más importantes de la izquierda en Colombia, responsable de haber metido a la cárcel a Álvaro Uribe, algo que la ultraderecha no le perdona.

Solo el comienzo

Los ataques contra Bolívar, Coral, Petro y Cepeda son apenas el primer capítulo de la feroz campaña de desinformación e insidias que se avecina. Será una verdadera guerra sucia informativa, algo en lo que el uribismo es experto y para lo que cuenta con el apoyo de buena parte de los medios corporativos, una colección de sitios de internet especializados en difundir mentiras y un ejército de usuarios de redes sociales que, seguramente sin recibir salario, replicarán de buena gana cuanta falsedad les llegue por redes.

Nosotros y nosotras debemos responder con la verdad y con la serenidad. La campaña será muy sucia y tendremos que apelar a nuestra paciencia y a la tranquilidad de que la verdad está de nuestro lado. La educación, la explicación amorosa de nuestras propuestas y el debate respetuoso y constructivo –en la medida de lo posible– serán nuestras mejores herramientas contra el odio y la mentira.