Abimael Guzmán, terrorismo nunca más

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Abimael Guzmán

Ha muerto Abimael Guzmán. El fundador de Sendero Luminoso ha fallecido a sus 86 años en la base militar de El Callao, donde cumplía cadena perpetua. Ha terminado así un ciclo político en el Perú que comenzó en 1970 con la fundación de la organización armada y llega a su fin con el fallecimiento de su fundador y máximo líder. Llega también a su fin una historia que sacudió los cimientos de la sociedad peruana y que marcó en buena medida el rol que la izquierda ha tenido en el hermano país.

Lo que vivió el Perú durante más de dos decenios no fue una guerra civil sino un conflicto armado que rápidamente se degradó, no solo por la propia estrategia desplegada por Sendero sino por la brutal reacción del gobierno peruano para contener sus acciones armadas. El grupo insurgente desarrolló una doctrina propia que, a pesar de estar inspirada en José Carlos Mariátegui, en realidad fue la invención del propio Guzmán que incluso le puso su nombre: “Pensamiento Gonzalo”.

Esta doctrina es una combinación de la vocación campesina del maoísmo original con el aporte indigenista de Mariátegui, pero aderezada con una gran carga de fanatismo. Guzmán pretendió hacer una interpretación literal de las obras de Mao, pero adaptándolas al contexto latinoamericano y peruano. El resultado fue una guerrilla que veía un enemigo en cualquier diferente, comenzando por los propios comunistas peruanos y extendiendo esta visión a cualquiera que osara siquiera contradecirles.

La contradicción flagrante que se presentó en el decenio de 1980 cuando China transitó hacia una especie de capitalismo de Estado mientras Sendero Luminoso defendía una interpretación literal de la doctrina marxista-leninista de Mao, no fue obstáculo para que los senderistas se fortalecieran, lograran tener control militar sobre amplias zonas de la geografía peruana y asestaran duros golpes a las fuerzas armadas, así como atentados terroristas, la mayoría contra objetivos civiles.

Dicha estrategia de Sendero, consistente en golpear cruelmente a la sociedad peruana para provocar la reacción del Estado y así contribuir a deslegitimarlo, dio resultado solo en lo que respecta a la brutalidad estatal, mas no en provocar una insurrección como era su propósito. En efecto, el Perú vivió una de las épocas de terrorismo de Estado más fuertes que se recuerde, hechos por los que el expresidente Alberto Fujimori cumple una condena de 25 años en la misma cárcel donde murió Guzmán.

Durante aquellos años, la sociedad peruana sintió los rigores del terrorismo, tanto del insurgente como del proveniente del Estado. Dicha confrontación polarizó a la sociedad que convirtió a la palabra “terrorista” o “terruco” en sinónimo de izquierdista. No es casual, por tanto, que tras la experiencia de Sendero Luminoso, la izquierda peruana haya tenido tantas dificultades para levantar cabeza, consolidar una unidad y ganar espacios de poder. El actual presidente, Pedro Castillo, por ejemplo, ha soportado una feroz campaña en su contra donde se le acusa de “terruco” solo por ser de izquierda.

Guzmán y Sendero dejan tres dolorosas lecciones que los revolucionarios debemos aprender: Primera, nadie tiene la verdad revelada. Los marxistas debemos ser dialécticos, autocríticos y no dogmáticos. Segunda, los enemigos están en la otra orilla, no en la propia. No hay que reconocer enemigos a la izquierda. Y tercero, la violencia exacerbada puede conducir al Estado a comportarse como un terrorista, pero eso no garantiza el apoyo popular.