A 40 años, un homenaje a Edgar Caicedo Fernández, abuelo y a Pablo Caicedo Siachoque, padre. VOZ comparte unas cortas palabras enviadas desde el sentir de sus familia
De Andrés y Carolina
Pablo Caicedo Siachoque, desaparecido en noviembre de 1985, nuestra estrella de rock predilecta. Gracias a él por continuar sonriendo intacto siempre, siempre intacto. Una lagrima infinita en el corazón, y también muchos ríos y mares de eterna esperanza.
Uno de los trabajos que más emocionó a nuestro padre, fue ser profesor de un colegio en Asnazú, Cauca. Una vez llevo a la casa una malla con balones de fútbol, baloncesto y voleibol que eran muy muy bonitos. La malla se abrió y los balones rodaron, yo le pedí un balón para mí, pero él me dijo que no, que esos balones eran para los niños del colegio en Asnazú. Un tiempo después me regaló un balón de fútbol, no tan bonito pero que me sirvió mucho para aprender a jugar en otras formas.
El 19 de noviembre de 1985, nuestro Papá salió a la calle, camino al sur, iniciando su viaje sideral para transformarse en Ángel y seguir existiendo en mi mamá, en mi hermanita, en mí, en otros. Un poco de Charly García en su casette de Mercedes Sosa, un poco de Silvio Rodríguez en su discurso del Che, y una carta a lápiz para terminar de escribir. Recuerdo en una tarde que limpiábamos los libros, me colocó una condición más para poder ir a jugar futbol: leer en una revista de música, una crítica a los “rockeros” de moda ingleses que cambiaban las letras de sus canciones y rematar explicándole un fragmento de la “dialéctica de la naturaleza” de Engels. Yo tenía menos de 10 años, no entendía mucho los detalles, pero siempre le entendía todo.
“Saber a qué sabe lo que sabe”
De mi padre aprendí que debía estar pendiente de mi territorio, no porque el territorio me perteneciera, sino porque yo pertenecía al territorio. Me decía, al igual que me decía el abuelo Edgar, que, debía saber mucho del territorio, algo así como “saber a qué sabe lo que sabe”.
Con mi hermanita y mi mamá, recordamos a Papá cada día, cada día, siempre, y casi siempre con la alegría y el honor que irradia un ser de extraordinaria presencia, tonalidad cósmica, que, también cada día vuelve a renacer en otras formas.
A nuestro padre lo desaparecieron y asesinaron en la guerra, a traición y con un exceso de cobardía. Ya perdonamos, ya caminamos hacia adelante, mirando atrás con paz en el corazón y pensando en las gentes del futuro, Apostamos por la impecabilidad de nuestros actos y sentimientos.
“Es tratar de situar al ser humano y su producción en su contorno social y comprometerlo con él, lo cual ha llevado al escritor a una incansable búsqueda, y al re-encuentro, de aquel elemento autóctono que indudablemente fue ignorado, y se perdió en la fusión de las diferentes formas europeas que aquí sucedieron, pues no basta hablar de selvas americanas, animales propios de la región o pintar de indio las novelas para mantener la autenticidad” (Pablo Caicedo Siachoque, 1979, tesis: “De la crítica literaria a la literatura critica”).
Un abrazo desde Cali.







