La crisis de la Universidad Nacional: Justas exigencias

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La precarización laboral ha sido una constante en la Universidad Nacional.

Ómar A. Gómez
ACEU – UN

La Universidad Na­cional de Colombia continúa agudizando escandalosamente su crisis sin que se vislumbren salidas reales a la misma por parte de la administración de la universidad ni el Gobierno Nacional. Esta situación responde a la crisis estructural de la educación superior colombiana que se ha desatado en los últimos lustros producto de la imposición por parte de las clases dominantes del país del modelo educación-mercancía como paradigma neoliberal, el cual ha tenido como propósito fundamental hacer de la educación un jugoso negocio para el lucro de unos cuantos.

La precarización laboral ha sido una constante en la Universidad Nacional.
La precarización laboral ha sido una constante en la Universidad Nacional.

Producto de la precarización laboral que se ha venido dando en los últimos años en la Universidad Nacional de Colombia, los trabajadores de esta institución han venido impulsando en los últimos meses una serie de peticiones con el propósito de solventar las difíciles condiciones laborales a las que se han visto sometidos.

Por un lado, el comité pro mejora salarial ha hecho una propuesta de aumento salarial del 30%, por otro, Sintraunicol ha solicitado una nivelación salarial y, a su vez, ha radicado un pliego de peticiones con otra serie de reivindicaciones. Hasta el momento la administración de la universidad no ha dado respuestas reales a las exigencias de los trabajadores. De ahí que el miércoles 20 de febrero el comité pro mejora salarial entrara en huelga general.

Ante esta situación, Ignacio Mantilla, rector de la universidad, quien representa el continuismo de una idea de universidad que se ha venido implantando desde hace ya varios lustros, que en lo fundamental se ajusta a los postulados centrales de la educación-mercancía y a su consecuente administración gerencial, ha respondido con el señalamiento y ataque a las acciones de los trabajadores, buscando generar escenarios de violencia incitando a los miembros de la comunidad universitaria a confrontarlos a causa de la protesta que desarrollan.

Ello no demuestra más que su ineptitud para darle salidas reales y razonables a las problemáticas por las que atraviesa la universidad más importante del país.

La penosa situación de los trabajadores es signo de la profunda crisis de la Universidad Nacional. A ello se le suma el ambiente de ilegitimidad del rector Ignacio Mantilla y de los órganos de gobierno ante la ausencia de mecanismos democráticos reales para la toma de decisiones por parte de la comunidad universitaria; el profundo déficit presupuestal aunado al despilfarro de los recursos en la compra de suntuosos muebles y remodelación de la oficina de la rectoría que supera los cien millones de pesos; préstamos financieros de altas cuantías a poderosos órganos multilaterales de crédito que ponen en riesgo la existencia misma de la universidad; graves problemas de infraestructura que hoy tienen a varios edificios a punto de derrumbarse y a miles de estudiantes desarrollando sus actividades académicas en condiciones precarias.

Con el agravante de encontrarse en riesgo de pérdida varios predios de la universidad a causa del Plan de Renovación Urbana del CAN; escasa planta docente; inexistencia de políticas de bienestar universitario que respondan a las necesidades básicas del estudiantado para el desarrollo óptimo de su vida académica, disminución drástica del programa de becas estudiantiles para posgrado que ponen en riesgo la continuidad en la universidad de cientos de estudiantes; preocupantes problemas de derechos humanos y la conversión del campus universitario, con los permanentes operativos de la Fuerza Pública al interior de este, en un espacio donde se pretende imponer el autoritarismo.

Así pues, es claro que la solución a la crisis no vendrá del Gobierno Nacional y menos aún de la administración actual en cabeza de Ignacio Mantilla. Por ello es imperativa la unidad de los trabajadores y del conjunto del movimiento multiestamentario. Es preciso avanzar en una agenda común de lucha. Solo la movilización conjunta en las calles, organizada y decidida de los estudiantes, profesores y trabajadores podrá sacar a la Universidad Nacional de Colombia de su profunda crisis.

En consecuencia, la tarea es avanzar en darle fuerza a las reivindicaciones multiestamentarias de la Universidad Nacional y lograr articularlas con el proceso de movilización que ha venido impulsando la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) alrededor de la ley alternativa de educación superior. ¡Por ello, el jueves 21 de marzo hay que volver a colmar las calles con alegría, creatividad y entusiasmo porque una educación gratuita y de calidad sí es posible!