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20 años de fama del reggaetón

El 19 de agosto del 2003 fue lanzado el álbum “Diva”, de la artista puertorriqueña Ivy Queen, uno de los grandes éxitos del género urbano a nivel mundial que surgió en el escenario popular y se masificó iniciando el siglo. Este ha sido el recorrido del “perreo” y la polémica alrededor de su crecimiento

Anna Margoliner
@marxoliner

Aunque el reggaetón empezó a tomar forma en la década de los noventa como un movimiento underground con influencia del reggae, el dancehall y el hip-hop, fue hasta la primera década del siglo XXI que se haría famoso en Latinoamérica y Estados Unidos.

Durante estas dos décadas de expansión ha dado mucha tela para cortar, desde los puristas musicales que lo descalifican fríamente hasta los padres de familia que, escandalizados, veían cómo sus hijos adolescentes se escapaban para “perrear” en las minitecas clandestinas.

Cuando en la radio sonaron los álbumes que hicieron historia pocos creyeron que el reggaetón llegaba para quedarse y marcar, así, la historia de la música, llevando el flow latino alrededor del mundo, con artistas reconocidos a nivel mundial. Pero ¿en qué radica su éxito?, ¿en lo pegajoso de su dembow?, ¿en las letras insinuantes?, ¿o más bien en una industria musical que lo puso a sonar en todos lados?

Un fenómeno inesperado

El legado que dejó el rap en español que en Puerto Rico fue impulsado por el artista Vico C y del cual el reggaetón tomó su estética y sus letras, cuyas temáticas giraban en torno a la opresión, delincuencia, drogadicción, crítica sobre política y problemas sociales, fue desplazado prácticamente en su totalidad por letras con temática sexual explícita y relaciones amorosas de índole actual.

Si bien Tego Calderón fue uno de los pioneros, convirtiéndose en un referente del género en Puerto Rico, las producciones que catapultaron a la fama a este género boricua son inconfundibles para los fanáticos: A la Reconquista de Héctor y Tito, The Last Don de Don Omar, Barrio Fino de Daddy Yankee, Pa’l mundo de Wisin y Yandel y, por supuesto, Diva de Ivy Queen. La mayoría lanzados en 2003.

Hablar de Ivy Queen implica recordar que fue la primera mujer que destacó en la industria musical de reggaetón, género que, como muchos otros, tiene una cargada fuerza machista. Con canciones que evocan el empoderamiento femenino, la reina del reggaetón empezó a colarse en las fiestas de los jóvenes en toda Latinoamérica.

En su segundo álbum, el que la inmortalizaría como el referente femenino para la industria, está el sencillo Yo quiero bailar cuya letra se ha convertido en un himno que todas las mujeres cantan en la discoteca: “yo quiero bailar/tú quieres sudar/y pegarte a mi/el cuerpo rozar/yo te digo: ‘si, tú me puedes provocar’/ eso no quiere decir que pa’ la cama voy”, señalando que las mujeres también tienen derecho a disfrutar de su cuerpo, de la sensualidad y el erotismo que produce el baile, sin perder la autonomía de decidir sobre el ejercicio de su sexualidad plenamente.

La estética del reggaetón

No todo son rosas. A pesar de escuchar en las letras del reggaetón situaciones que pueden pasarle a cualquier joven en un escenario de fiesta, los vídeos y el estilo de vida que relatan van más allá.

Según About Español, “los artistas de reggaetón, sean hombres o mujeres, promueven una imagen de poder. Con excepciones (Tego Calderón y Calle 13), la mayoría se declara rey, reina, patrón, príncipe, etc., del género. Los nombres son bilingües o aparecen en siglas. Los autos, las motos, las joyas, las gafas oscuras y una pista de baile repleta son parte del contenido visual”.

Podría decirse, incluso, que cuando el reggaetón tomó fuerza en Medellín la estética se convirtió en una prolongación de la narcocultura que se dio en Colombia durante la década de los ochenta. En el caso de las mujeres los patrones estéticos hegemónicos han variado en los últimos años, pero no desaparece del todo la constante de un cuerpo diseñado con cirugías, ropa de marca para demostrar su status, sonrisa diseñada y, sobre todo, nunca es ella quien elige, sino que suele ser la “mujer trofeo” del cantante.

Así llegó a Colombia

DJ Semáforo y el Gurú del Sabor, ambos locutores y programadores de la emisora Rumba Estéreo en Medellín, tienen su propia versión de los hechos y se atribuyen individualmente el acierto de colocar por primera vez reggaetón en la programación crossover en el 2001.

El hecho indiscutible es que un lunes a las 10 de la mañana sonó Un latigazo de Daddy Yankee y, según lo señala El Tiempo: “El impacto del reguetón en el público paisa fue tan grande que para diciembre de 2002, El Gurú del Sabor y DJ Semáforo tomaron la decisión de mezclar los clásicos navideños y de fin de año con éxitos de reguetón. Los medellinenses escucharon El ausente de Pastor López, después de Felina de Héctor & Tito; luego seguía Cariñito de Rodolfo Aicardi, y la tanda remataba con Salgo filoteao, donde se unían las voces de Divino y Wisin & Yandel. La emisora fue la más escuchada en esa temporada y para enero de 2003 decidieron convertir Rumba en una estación ciento por ciento de reguetón”.

A partir de allí, se consolidó la industria en la capital antioqueña. DJ Pope asegura que el aporte del estilo paisa al género facilitó su apertura al mundo, al simplificar el lenguaje y las letras. Así concluye El Tiempo acorde a esta declaración “ese estilo depurado fue el que posicionó a Medellín como un nuevo centro del reguetón: allí estaban los productores, los mánager, los estilistas, los productores de video, las oficinas de prensa y los contactos para hacer grandes conciertos”. Muchos cantantes y productores se trasladaron a esta ciudad, de donde salieron artistas hoy mundialmente conocidos como J Balvin y Karol G.

Esto no se trata de “limpiar” o no al reggaetón. Más allá de los prejuicios que existen alrededor del género, es imposible para cualquiera negar la influencia que ha tenido en los jóvenes de las últimas generaciones, quienes han crecido escuchándolo.

La cuestión finalmente no está en decir si es música o no, ni en juzgar como buenas o malas sus letras de acuerdo a un canon moral que se impone con respecto a la sexualidad y cómo se experimenta, sino de analizar cómo la industria mainstream del género ha perpetuado dinámicas capitalistas, alejándose de la crítica social que proponía en su momento, prolongando estructuras machistas donde el cuerpo de la mujer es un mero objeto sexual.

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