Yopal, la sacra farsa tropical

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Calarcá.

José Ramón Llanos

– ¿Te enteraste Pedro, de lo sucedido en Yopal?

–  ¿Qué fue, señor? Una alcaldesa que mediante decreto municipal ordenó que le entregaran las llaves de la ciudad a mi hijo. No entiendo, Pedro, qué clase de obispos tenemos allá en ese país, que ni siquiera le han enseñado a los feligreses que en este mundo quien entrega llaves y demás instrumento para abrir puertas y corazones, soy yo. Cómo dicen en la Tierra ese monopolio lo tengo yo y nunca lo cederé a nadie. Me sentiría inútil, desplazado, utilizando la jerga de por allá.

Señor, lo que sucede es que en ese continente todo es confuso y oscuro por algo se llama África.

¡Horror de los horrores! ¿Acaso es que en mis territorios se ha infiltrado algún demonio, por favor Pedro, es que te está atacando el alemán, hablando en plata blanca, Alzheimer? Pedro, Yopal pertenece a Colombia. Ya olvidaste que en los años cincuenta un presidente de apellido Gómez, que apodaban el Monstruo consagró ese país al Sagrado Corazón de mi hijo. Después hizo tantas cosas repudiadas por nuestros principios, que permití que lo derrocaran.

Señor, ese fue el político, que al contrario de Álvaro Uribe, cuando lo entrevistaron los periodistas en el extranjero, en Madrid e intentaron que hablara contra los que lo habían derrocado. Dijo: “Caballeros, la ropa sucia se lava en casa”.

A propósito, ¿Señor que vas a hacer para resolver ese entuerto?

-Pedro, cómo comprenderás, no voy a hacer el ridículo desplazándome a esa región para que me manoseen y me organicen esos ritos salvajes que llaman coleo, mediante los cuales torturan a caballos y otras criaturas que yo creé antes que al hombre, mi gran equivocación al permitir que la evolución culminara con ese ser tan vanidoso, que pretende competir en poder conmigo, con esa actividad que llaman jactanciosamente Ciencia.

-Señor aprovechemos que en septiembre va en visita pastoral el Papa Pacho y propiciamos algunos cambios en las jerarquías católicas de ese país. Que por cierto un tal Echandía, lo llamó país de cafres, razón tenía.

-Pedro, es la última vez que te llamo la atención sobre esa manera non sancta de llamar a nuestro máximo agente en la tierra. Olvidas, acaso que ya hasta las más íntimas comunicaciones y pensamientos nos los han hackeado. Cómo vamos a exigir trato respetuoso para nuestros agentes en la Tierra, si los hackers publican ese trato irrespetuoso que Nos le damos en las esferas celestiales.

Pedro, el gran error fue mío, he debido detener la evolución en las gallináceas, esas criaturas son tan agradecidas que incluso después de tomar agua elevan su pico hacia el cielo para agradecerme. Ah Pedro, entre nos, que esto no lo sepa nadie, hasta tu dios se equivocó.

-¿Señor, no castigarás a esa tal Luz Marina, impía? Además, manipulo los contenidos sacros de la Biblia para justificar su osadía.

Pedro, el castigo lo merecen obispos, pastores y otros agentes nuestros en la Tierra que han convertido la recepción de limosnas y diezmos en su actividad fundamental para adquirir objetos que “el orín y la herrumbre destruyen y ladrones roban” y abandonaron sus acciones pastorales. ¡Otro diluvio es lo que merecen!

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