Walt Whitman: 200 años de un coloso

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Walt Whitman.

Su obra trató de abarcar todo lo que el poeta sufrió y disfrutó en una sociedad en plena expansión y con ambiciones de grandeza. Influyó en la literatura de todo el orbe. En América Latina marcó a poetas tan diversos como Rubén Darío, José Martí, Vicente Huidobro, Borges, Pablo Neruda y Jorge Zalamea, entre otros

Leonidas Arango

El 31 de mayo de 1819, hace doscientos años, nació en West Hills, cerca de Nueva York, el poeta de mayor trascendencia que ha dado Estados Unidos, Walt Whitman. Fue el segundo de los nueve hijos de una familia de escasos recursos económicos. Después de una primaria incompleta se empleó como maestro itinerante y más tarde en una imprenta donde se aficionó al periodismo. Trabajó en un diario de Brooklyn en 1846, pero no soportó la línea pro esclavista del periódico.

En 1848 emprendió un viaje al Sur donde conoció la realidad oculta del tráfico de seres humanos. Cuando regresó a Nueva York, meses después, se entregó por completo a escribir rodeado por una sociedad puritana inmersa en rígidas convenciones sociales. Whitman buscó nuevas formas expresivas que rompieron la tradición literaria, rechazando la métrica y la rima a través de un lenguaje sencillo y callejero cercano a la prosa.

En 1855 vio la luz su obra más significativa, Hojas de hierba, en edición costeada por él mismo. Vendió algunos ejemplares y regaló la mayoría, uno de ellos al filósofo y escritor Ralph Waldo Emerson, que lo criticó de manera positiva y lo animó a seguir escribiendo, a pesar de su ruinosa situación económica y de la ínfima difusión del libro. Al año siguiente apareció la segunda edición y cuatro años más tarde la tercera, que amplió con nuevos poemas.

El anciano hermoso como la niebla

Hojas de hierba fue una epopeya experimental, una propuesta individualista de exaltación de la democracia como un valor universal. Buscó la comunión entre el ser humano y la naturaleza, siempre en tono profético y desmesurado. Por todo esto, y especialmente por su revolucionario tratamiento del erotismo, fue incomprendido y calificado de obsceno porque ensalzaba el cuerpo humano y el goce de los sentidos.

La parte fundamental de Hojas de hierba es el extenso poema Canto de mí mismo. La traducción de Jorge Luis Borges comienza: «Yo me celebro y yo me canto, / y todo cuanto es mío también es tuyo, / porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca. Indolente y ocioso, convido a mi alma, / me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.» Es una proclama de autosuficiencia individual y colectiva, un llamado al igualitarismo cuando la esclavitud era un tema candente que acabaría llevando a la guerra de Secesión, en la que Whitman trabajó de voluntario ayudando a soldados heridos.

Su obra trató de abarcar todo lo que el poeta sufrió y disfrutó en una sociedad en plena expansión y con ambiciones de grandeza. Dos décadas después de la aparición de Hojas de hierba, la obra del «anciano hermoso como la niebla y con la barba llena de mariposas» –como dijo García Lorca– había trascendido los límites de su tierra y de su época.

 

Una sensación deleitosa de convalecencia

Whitman permaneció por años en Washington como funcionario estatal publicando ensayos políticos en defensa de las ideas liberales y haciendo nuevas ediciones ampliadas de Hojas de hierba. En 1873, con achaques y medio paralizado, se trasladó a Camden, en Nueva Jersey. Murió de neumonía el 26 de marzo de 1892.

Whitman influyó en la literatura de todo el orbe. En América Latina marcó a poetas tan diversos como Rubén Darío, José Martí, Vicente Huidobro, Borges o Pablo Neruda y entre nosotros a Jorge Zalamea. En la Oda elemental que le dedicó, Neruda recuerda que «durante mi juventud toda me acompañó esa mano, ese rocío, su firmeza de pino patriarca, su extensión de pradera, y su misión de paz circulatoria. […] Tu pueblo blanco y negro, pueblo de pobres, pueblo simple como todos los pueblos, no olvida tu campana…»

José Martí presentó la obra de Whitman al mundo de habla española en 1887. Comentó que la poesía del norteamericano, «aunque al principio causa asombro, deja en el alma, atormentada por el empequeñecimiento universal, una sensación deleitosa de convalecencia.» El prócer cubano reprochaba que los ciudadanos de Estados Unidos estuvieran «dejando correr, sin los honores eminentes que le corresponden, la vejez de vuestro colosal Walt Whitman.»

Y reprodujo una frase que lo identificaba con el autor de Hojas de hierba: «Ese que limpia suciedades de vuestra casa, ese es mi hermano». Doscientos años después de arribar al planeta, Whitman nos convoca: «Si quieres encontrarte conmigo, búscame bajo la suela de tus zapatos […] Si no me encuentras al principio no te descorazones, / si no estoy en un lugar me hallarás en otro, / en alguna parte te espero.»

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