Vlad Drac el príncipe nacionalista

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Drácula, príncipe rumano, y enemigo de los turcos.

José Ramón Llanos

Hay personajes que son más conocidos por las deformaciones de sus vidas y acciones que por hechos reales de su biografía. Tal sucede con la vida del príncipe rumano Vlad Țepeș o Vlad Draculea quien gobernara en el siglo XV. En occidente fue conocido primero por la novela del inglés Bram Stocker, titulada Drácula, quien con base en algunas leyendas alemanas y rusas, lo presenta como un hombre-vampiro que para prolongar su vida necesitaba alimentarse de sangre humana joven.

Sin embargo, la historia real es la de un príncipe rumano nacido en la ciudad de Sighisoara, en los Cárpatos de Transilvania, en el año 1431, hijo de Vlad II. En el idioma rumano la expresión drac, significa demonio. Por ejemplo existe la expresión ¡Dute drac! Que significa ¡Vete al demonio! El apodo sin lugar a dudas tiene como fundamento algunas prácticas del príncipe durante su ejercicio gubernamental, por ejemplo se sabe que combatía represivamente la deshonestidad, llegando a castigar hasta con la muerte el latrocinio. También es cierto que empalaba a los adversarios, sin embargo, la mayor parte de empalados fueron los enemigos turcos, en el momento de la expansión del Imperio Otomano.

En los textos de historia rumana se cuenta de una acción intrépida del ejército rumano dirigido por Vlad Țepeș, cuando mediante espías identificaron el territorio por donde serían invadidos por los otomanos, ocultaron sus hombres en las ramas de los árboles y establecieron la cantidad de enemigos eliminados que contaron las cabezas decapitadas. Algunos cronistas rumanos dicen que en una carta de Vlad Țepeș dirigida al magiar Matías Corvino, escribió: “Hemos eliminado a 23.884 otomanos y búlgaros, sin contar aquellos que quemamos en sus casas.”

Recientemente se encontró en los archivos del Vaticano una carta dirigida por el obispo Niccolo de Modrussa, al Papa Pío II, en donde presenta a Vlad Țepeș, como un valiente luchador cristiano contra los infieles otomanos. Los historiadores rumanos como Vasiel Lupasc, consideran que esos documentos vaticanos cuando sean totalmente traducidos y publicados, permitirán tener otra caracterización más ceñida a la verdadera personalidad del príncipe rumano medieval Vlad Țepeș.

Vlad Drac III, con su muerte demostró que es cierto que a quien mata a hierro, a hierro muere. En una emboscada de los turcos murió y lo decapitaron. Su cabeza fue exhibida en Estambul. Finalmente fue sepultado en los linderos del lago Snagov, en Rumania.

Durante el gobierno socialista de Nicolae Ceaucescu fue reconocido como un héroe nacional.

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