Visita no grata

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Editorial del Semanario Voz

La semana pasada estuvo en Bogotá María Corina Machado, encargada internacional de la derecha venezolana y de la campaña de Henrique Capriles, con la misión de promover el desconocimiento de las elecciones legítimas y democráticas en la República Bolivariana de Venezuela. A la Machado no le fue bien en su periplo. En los países de América del Sur la recibió la peor caverna del continente, la extrema derecha, ligada a los golpes militares y conspiraciones contra procesos democráticos y ningún mandatario.

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En Colombia ni siquiera la recibió el presidente Juan Manuel Santos, interesado en tener buenas relaciones con el gobierno bolivariano “a pesar de las diferencias” con Nicolás Maduro. Estuvo en el Congreso de la República, recibida por pintorescos personajes, escandalizados por las acusaciones que el presidente Maduro le hizo al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, que no son nuevas, porque en el pasado el comandante Hugo Rafael Chávez Frías le dijo lo mismo. También los tinterillos que asesoran a Uribe Vélez acusaron entonces con llevar las demandas a los estrados internacionales y recabar medidas cautelares en la CIDH, sin ningún éxito, como lo hacen ahora.

En las acusaciones a Uribe Vélez, hechas de tiempo atrás, desde el vecino país, pesan argumentos fuertes, como quiera que hubo irrupciones de paramilitares desde el territorio colombiano, el DAS y agentes encubiertos actuaron en abierta violación de la soberanía nacional como cuando secuestraron en Caracas a Rodrigo Granda y fueron evidentes las actuaciones de José Obdulio Gaviria y de funcionarios diplomáticos colombianos en Venezuela en favor de la oposición. Son temas que no han sido explicados por el ex presidente, como las reuniones secretas en Colombia con Capriles y otros opositores.

La “gran prensa” entrevistó con generosidad a María Corina Machado. Le abrió micrófonos, cámaras y largas sábanas en los diarios, para que despotricara de la democracia venezolana. Aunque se cuidaron de preguntarle por los muertos en los disturbios que protagonizaron los desadaptados amigos de Capriles, que trataron también de violentar la residencia de la presidenta del Tribunal Supremo Electoral y las instalaciones de Telesur y de Venezolana de Televisión. Si la misma asonada hubiera ocurrido en Colombia, los muertos serían del pueblo por los disparos del Esmad y del Ejército. Con la explicación de siempre: “Estamos defendiendo la democracia, maestro”.

Prensa sin ética y sin principios. Los que aún siguen a Caracol Radio quedaron estupefactos cuando al aire María Corina Machado le dijo a Darío Arizmendi que ella no olvidaba el compromiso del almuerzo convenido con grandes amigos. Todas las preguntas de Arizmendi y de los periodistas en el máster fueron para inducir respuestas, el objetivo es demostrar que el malo es Maduro y no el burguesito Capriles que estimula la violencia y el desconocimiento democrático de las elecciones.

Es la idea que tienen del tamaño de la democracia. Ella vale pero cuando favorece a sus intereses. Son las lecciones de la historia. Recordar a Guatemala, Chile y Venezuela. Esta última, en la actualidad, en el ojo del huracán de los golpistas de todos los pelambres y países.

La República Bolivariana es víctima de una agresión de la derecha internacional, orquestada desde Washington. El Departamento de Estado no es ajeno a la causa de Capriles y María Corina, los dos son sus títeres contra la revolución bolivariana. Detrás está la mano de los gringos, que también promueven la integración de los países del eje del Pacífico, liderados por Juan Manuel Santos, un enclave derechista en Unasur que pretende su fractura.

Las fuerzas populares y democráticas colombianas son internacionalistas. Lo demostraron en el pasado con Vietnam y Chile, entre otros casos, como años atrás cuando la dictadura militar decidió enviar el Batallón Colombia a Corea, el mismo que perpetró la masacre de los estudiantes de los días 8 y 9 de junio de 1954, Así que el desafío de la actualidad es la solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela, cuya estabilidad, significa, entre otras cosas, su apoyo a la paz de Colombia.

Los uribistas y los militaristas buscan socavar la democracia en Venezuela, porque saben que así tendrán aliados para prolongar la guerra en Colombia y endurecer el sistema autoritario y de depredación de los derechos humanos.