Viraje al neoliberalismo en Uruguay

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Lacalle Pou.

Las autoridades electorales admitieron la existencia de un ‘empate técnico’, suspendieron los escrutinios e iniciaron un reconteo de votos, que podría terminar el jueves o viernes de la presente semana

El pasado domingo 24 de noviembre se llevó a cabo la segunda vuelta electoral en Uruguay, para la escogencia de nuevo presidente de la nación. La consulta en las urnas se llevó a cabo en un escenario de polarización política, en una disputa cerrada entre una coalición de partidos de derecha, que respaldaron al candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou y el candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez.

De acuerdo a datos suministrados por la Corte Electoral del Paraguay, a la media noche del domingo, contabilizados el 92.45 por ciento de los votos, el candidato de la derecha se imponía por un estrecho margen sobre el candidato de la izquierda democrática. Lacalle obtenía el 48.89 por ciento de los votos, y Martínez el 47.34 por ciento.

En estas condiciones, las autoridades electorales admitieron la existencia de un ‘empate técnico’, suspendieron los escrutinios e iniciaron un reconteo de votos, que podría terminar el jueves o viernes de la presente semana. Se especulaba con el hecho de si los uruguayos, de tradición civilista, mantendrán la calma o se lanzarán a las calles, a reclamar, cada bando, el triunfo electoral.

Retroceso

De confirmarse la ventaja del candidato del Partido Nacional, el hecho significaría la pérdida de conquistas laborales, populares y sociales, adquiridas por los trabajadores y el pueblo a lo largo de tres periodos presidenciales del Frente Amplio, y la sociedad daría un viraje hacia el neoliberalismo y la derecha.

Obedecería ese triunfo a la conformación de una coalición de partidos de derecha y de extrema derecha, algunos de tinte fascista, que se coaligaron para evitar la continuidad de gobiernos de izquierda y retrotraer el proceso de cambios sociales en marcha.

Este bloque no es otra cosa que una conjunción de sectores oligárquicos con el neoliberalismo de los Chicago boys, han dicho algunos analistas de ese país. Y una ultraderecha de fuerte arraigo militarista. La derecha de nuevo se alía con sectores filo fascistas.

La derecha hizo todo el esfuerzo por cerrarle el paso al Frente Amplio. Pero a esta coalición de izquierda le corresponden responsabilidades en el resultado de las urnas. Estuvo tres periodos en la presidencia, contó con mayoría parlamentaria suficiente y, pudiendo llevar adelante su agenda, no consiguió unos resultados electorales holgados. Hay un descontento social por múltiples factores, que deberá ser valorado una vez se resuelva el destino de los uruguayos.

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