Venezuela: la mala hora del golpismo

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Mercenarios golpistas capturados en Aragua, Venezuela.

Finalmente se destapó el plan armado de la oposición venezolana. Con el apoyo de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, el sector que lidera Juan Guaidó quiere desatar una guerra civil en el país latinoamericano. Por el momento, el plan golpista se encuentra desactivado

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

Venezuela es un país que sobrevive a una crisis inducida. Las sanciones de los Estados Unidos asfixian su economía impidiendo el desarrollo; los problemas macroeconómicos como la hiperinflación, el desabastecimiento y la dolarización, son confrontados con las acciones de un golpeado Estado interventor y la puesta en marcha de un asistencialismo de emergencia; la crisis del petróleo, que no es nueva, les afecta como país rentista, como también les afecta que todo el vecindario los identifique como un enemigo; y el problema migratorio, que se extiende por todo el continente, globaliza el conflicto doméstico a una crisis humanitaria imposible de ocultar.

Gracias a esa crisis, y a la campaña mediática que a diario ataca el proceso revolucionario, la Revista Forbes, en un artículo del 27 de enero del presente año, ubicó a Venezuela, junto a Somalia, Guinea Ecuatorial y Corea del Norte, como uno de los países peor preparados para enfrentar el Covid-19. (Ver artículo).

Tres meses después de la publicación, y con el mundo padeciendo las consecuencias de la pandemia, Venezuela es uno de los países latinoamericanos que mejor ha enfrentado la emergencia sanitaria con una considerable baja tasa de infectados (381 casos), de fallecidos (10 personas), alta recuperación de la enfermedad (185 casos) y una política de prevención con más de 400 mil pruebas de Covid-19, que significan 15 mil pruebas por un millón de habitantes; resultados positivos gracias a la “Misión Barrio Adentro”, política social extraída del modelo cubano. (Ver último informe del Ministerio del Poder Popular para la Salud ante la Organización Mundial de la Salud).

Agudizar la crisis

A pesar de los buenos resultados de Venezuela en medio de la incertidumbre global, tanto el gobierno de los Estados Unidos, como la oposición venezolana, se han encargado de agudizar la crisis económica y política.

Al espectáculo mediático orquestado por Norteamérica de intensificar el bloqueo económico, denunciar el “régimen narcotraficante” de Venezuela y movilizar al Comando Sur a las costas del Caribe, se le agregan los acontecimientos de las últimas semanas que pusieron a las autoridades revolucionarias en alerta máxima.

El 23 de marzo, es decomisada en Colombia una poderosa carga de armamento con destino a La Guajira, lugar de entrenamiento de militares prófugos de Venezuela y mercenarios norteamericanos. Cliver Alcalá, desertor de las Fuerzas Militares venezolanas, se hace responsable. Mientras que el 30 de marzo, el buque crucero Resolute embiste una nave de la guardia costera venezolana, acción que pone en evidencia la intención de la embarcación “turística” de sembrar mercenarios en las playas de Venezuela.

Operación Gedeón

En días recientes se destapó finalmente el plan armado para desatar una guerra civil en Venezuela. En la madrugada del domingo 3 de mayo, un destacamento militar intenta ingresar al país por las costas del estado La Guaira. Enfrentados con las Fuerzas Militares venezolanas, son capturados varios desertores, y es dado de baja Robert Colina “Pantera”, quien en días pasados había viralizado un video insurreccional por redes sociales.

En la noche del mismo día, se reveló un video del capitán retirado Javier Nieto Quintero y Justin Goudreau, mercenario norteamericano, donde afirman que el desembarco en La Guaira hace parte de la Operación Gedeón.

De igual forma, la periodista opositora y residente en Miami, Patricia Poleo, mostró un audio comprometedor junto con un contrato firmado entre el mercenario norteamericano y Juan Guaidó, con firmas adjuntas del diputado opositor Sergio Vergara y el polémico asesor en comunicación Juan José Rendon.

Dicho contrato contradecía la versión del autoproclamado presidente de Venezuela, quien catalogaba los hechos de La Guaira como una “nueva olla de la dictadura”.

Al siguiente día, pero en el municipio Chuao, estado Aragua, es interceptado un nuevo grupo que intenta ingresar al país. Son en total ocho capturados, entre ellos, Gustavo Adolfo Hernández y Antonio Sequea, militares desertores que habían participado en el intento de golpe de Estado del 30 de abril de 2019; Adolfo Baduel, hijo del general retirado Raúl Baduel, y dos mercenarios norteamericanos.

De la acción, que fue detectada, denunciada y confrontada por milicias bolivarianas de pescadores, se decomisaron 10 fusiles, una pistola, dos ametralladoras, cartuchos cargados, seis camionetas adecuadas, una lancha rápida, folios con información de la operación, teléfonos satelitales, identificaciones y uniformes.

Los positivos resultados alcanzados por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB, se dieron gracias a la operación “Negro Primero”. El 5 de mayo en el pueblo de Cepe, estado de Aragua, se entregó voluntariamente Rosmel Méndez, el conductor de las embarcaciones que salieron de La Guajira colombiana hasta las costas venezolanas. De igual forma, el miércoles 6 de mayo se capturan tres mercenarios en la carretera Junquito-Carayaca.

Este importante despliegue militar se combina con la reciente información que ha salido a la luz pública. La entrevista de CNN a Juan José Rendón donde acepta la autenticidad del contrato, las confesiones de los mercenarios norteamericanos, y las declaraciones de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia que niegan cualquier participación con la intento golpista, calientan el panorama geopolítico de la región.

Reflexiones

Los siguientes días serán claves para el futuro de Venezuela pues la Operación Gedeón no ha sido desactivada. Sin embargo, el convulsionado momento político que se vive en la patria de Bolívar permite una serie de reflexiones.

La primera es la responsabilidad de Estados Unidos y de Colombia en esta nueva intentona golpista. A los fracasos del Grupo de Lima, del “cerco diplomático” y de las estrategias de aislar, tanto económica como políticamente al país hermano, se le agrega este nuevo capítulo donde se usa suelo colombiano para desestabilizar la región. Está comprobado que desde el departamento de La Guajira se planificó y ejecutó la Operación Gedeón.

La segunda conclusión es la bancarrota de la oposición venezolana. Desde que Chávez llegó al poder en 1998, han optado por el golpe de Estado y la violencia como su única política. Este sector ha demostrado solo fracasos: la caricatura de la ‘presidencia encargada’, el show mediático del concierto en la frontera, la batalla de los puentes, el fracasado golpe de Estado frente a la base aérea de La Carlota, y ahora este nuevo episodio, así lo demuestran.

Si la oposición quiere tener un lugar en el juego democrático de Venezuela, no solo debe alejarse del libreto norteamericano del golpismo y la violencia como única vía, sino que debe reconocer al chavismo como un adversario político válido con el que se puede llegar a construir consensos. Esta alternativa está cada vez más lejana, sobre todo cuando la poderosa financiación de Estados Unidos determina la política opositora.

Finalmente, el mayor fortalecido de todo este escenario es el chavismo. Paradójicamente, el fenómeno Guaidó ha consolidado la presidencia de Maduro. Frente a una figura débil, el conductor de bus demuestra con facilidad ser un estadista.

Gracias a la aventura desquiciada de la oposición, el chavismo ha logrado reconfigurar los equilibrios nacionales y regionales a partir de una reedición exitosa de la alianza cívico-militar, mientras gobierna sin dificultad a pesar de la crisis económica, o por lo menos eso demuestran los buenos resultados en medio de la pandemia.

Anécdota

Caminando por el Parque de los Caobos en el municipio Libertador de Caracas, escucho el relato de Alexander, joven politólogo de la Universidad Bolivariana de Venezuela, militante chavista y rapero aficionado. Como si evocara épocas de guerra, me comenta que el 2016 y 2017 fueron los años más difíciles para la revolución.

Con la puesta en marcha de las sanciones del presidente Obama, la violencia de las “guarimbas” y el desabastecimiento, la situación era delicada. Para ejemplificarlo, saca su Carnet de la Patria, aquel documento que tiene un código QR y que fue la solución ante la crisis alimentaria, y me muestra la foto.

El contraste fue instantáneo. El hombre corpulento que estaba a mi lado, no se parece al hombre flaco de la fotografía. Me cuenta que pasaron literalmente hambre, pues muchas veces comían solo una vez al día.

–¿Cómo coño aguantaron tanto? –pregunté impactado.

-Es sencillo– contestó–. Chávez y la revolución me dieron la casa donde vive mi familia, me dieron educación gratuita desde que tengo uso de razón. ¡Leales siempre, traidores nunca!

Desde entonces entendí que, a pesar de todas las dificultades que uno pueda imaginar, la revolución bolivariana seguirá vivita y coleando por un largo rato.

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