Vamos por el cambio, el pueblo lo exige

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Movilización en Bogotá. Foto Sophie Martínez

El gobierno de Iván Duque está llevando al país a la peor crisis social de la historia. Esta semana, aunque hubo un aumento de la violencia en los territorios, 10 masacres en lo corrido del 2021, según Indepaz, y 723 asesinatos en el periodo de gobierno, las soluciones que ofrece están distantes de ser efectivas. Ahora para manipular los datos sobre la violación de los derechos humanos, las muertes, masacres, desplazamientos forzados, imponen a la Fiscalía como la única entidad del Estado habilitada para el manejo del sistema de medición de protección a los derechos humanos en el país.

Bajo el argumento mentiroso de unificar los datos, se le quita a la Defensoría del Pueblo poder para denunciar los casos de violencia en los territorios, y busca desconocer el trabajo que desarrollan las organizaciones de derechos humanos en la labor de denuncia y búsqueda de la verdad y la justicia. Es un golpe a estos organismos y el fortalecimiento del autoritarismo. Es un claro intento de proteger a los violadores de los derechos humanos.

Es claro que el uribismo tiene la necesidad de continuar en el Gobierno, como única posibilidad que tienen de cooptar el sistema judicial para evitar que Álvaro Uribe y muchos de los militantes y amigos suyos vayan a la cárcel a pagar largas condenas por su apoyo a los paramilitares y sus cómplices.

Además, mientras conserven el poder, el empresariado que financió y apoyó a los paramilitares para que desplazaran a los campesinos y despojarlos de sus tierras fértiles, al no haber reforma rural integral, seguirán usufructuando las tierras robadas.

Lo que preocupa es que algunos sectores liberales y de Cambio Radical, que apoyaron el acuerdo de paz con las FARC-EP, al parecer han sido cooptados de manera politiquera por el uribismo, con el objetivo de construir una alianza con sectores más allá de la derecha, que gira alrededor del continuismo de la guerra, sin tocar al sistema y pretender recoger una mayoría ciudadana que les permita ganar en primera vuelta y así, imponer un gobierno excluyente, en dirección al autoritarismo fascista y recrudecer más la violencia. Colombia debe entender la gravedad de la situación de esta perspectiva, el uribismo representa el principal obstáculo para alcanzar la democracia y la paz anhelada por el país.

Este panorama tan preocupante y la perspectiva que empeore, exige una salida política, popular y democrática que en parte se definirá junto a la lucha social y la unidad, en las elecciones del próximo año al Congreso y a la Presidencia de la República. Pero hay que tener en cuenta que la unidad y la lucha por la democracia no se dan fácilmente, se requiere una voluntad de lucha, un programa que oriente esa lucha y los individuos, las clases sociales que estén dispuestas a apoyar esas lides.

Muy a pesar de los obstáculos y los ataques permanentes existen condiciones para materializar una gran convergencia social y política en la que coincidan además de las fuerzas partidistas alternativas, las dinámicas del movimiento social, la intelectualidad progresista y todas y todos aquellos que se identifiquen con la necesidad de procurar un cambio que tenga como objetivo prioritario implantar un gobierno realmente democrático, soberano, que  haga de la inclusión social,  la equidad, el rescate de la soberanía y el cumplimiento de los Acuerdos de paz un asunto prioritario.

Para ello se necesita claridad en los principios, definiciones programáticas claras, y un método de construcción que supere las prácticas tradicionales que apelan con cualquier pretexto al sectarismo, los caudillismos o los vetos.

Apoyamos las definiciones trazadas por el VII Congreso de la UP a favor de esa gran convergencia, la elección mediante consulta popular de un candidato único presidencial, para lo cual respaldamos el nombre de Gustavo Petro, y la conformación democrática de listas unitarias y de coalición al Senado y a la Cámara de Representantes. Como en otros lugares del continente, llegó la hora de derrotar en la calle y en las urnas el continuismo guerrerista y neoliberal de las derechas.

Para romper el camino del continuismo, debemos valorar los diferentes procesos de movilización e indignación que se han manifestado en todo el territorio nacional, y también, la importancia de manifestar dicha indignación en las urnas, el trabajo de unidad está ligado en lo electoral, pero debemos trabajarlo más allá, es preciso articular los esfuerzos en la construcción de un movimiento con vocación de poder popular, que defienda la conquista del nuevo gobierno y avance en elementos de mayor alcance y fuerza hacia la renovación, el cambio y la democracia. En estos objetivos estará la esencia del llamado bloque histórico.

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